Capítulo 7. Juego peligroso

1954 Words
Rubí se despertó en su habitación, sintiendo una extraña sensación de soledad que la invadió al instante. Miró a su alrededor, pero la figura de Sergei no estaba a su lado una vez más. Un suspiro escapó de sus labios mientras el anhelo de su presencia la envolvía como una sombra persistente que parecía no querer abandonarla jamás. La Changer chupasangre se sentía hambrienta, pero no era cualquier tipo de hambre claro. Anhelaba la sangre caliente de Sergei, no solo por su delicioso sabor, sino también por la conexión profunda que compartían pese a su sistemático rechazo. El deseo era tan intenso que sentía una especie de dolor agudo en su pecho, como si un puñal invisible se retorciera en su interior y se revolviera sin darle descanso. Decidió levantarse luego de mirar el techo un largo rato y se dirigió al baño, donde se sumergió en una ducha caliente. El agua caía sobre su piel pálida, llevándose consigo la tensión y parte del anhelo. Rubí disfrutaba de esos momentos, donde podía cuidar de su apariencia con dedicación. Siempre había sido muy femenina y añoraba tener una dama de compañía que la asistiera en esos momentos, como antaño. Pero ya no era una princesa, aunque verdaderamente “la princesa” no se había ido de Rubí. Posiblemente era más fácil sacar a la muchacha del palacio que a la princesa que habitaba en ella sopesó. Después de salir de la ducha, envuelta en una suave y mullida toalla, la muchacha se acercó al espejo. Sus ojos carmesí, los que le dieron el nombre de Rubí en norteamérica, como dos piedras preciosas se reflejaron en él, revelando una mezcla de melancolía y deseo añejo. Decidió continuar y comenzó su ritual de belleza, cuidando cada detalle de su aspecto. Se cepilló el largo cabello blanco, aplicó suaves toques de maquillaje que resaltaban sus rasgos de una belleza casi sobrenatural y eligió un atuendo elegante de vestido color crema al cuerpo por la mitad de los muslos drapeado y simple con dos tiras, que realzaba su figura esbelta y femenina, y combinaría con unos tacos altísimos como le gustaban a ella en color nude. Afortunadamente, su sueldo le permitía darse esa clase de gustos pues Sergei no le pagaba mal. Aunque Rubí siempre había sido así, disfrutaba de la libertad que le daba ese lugar para poder elegir vestirse y ser como realmente quería. La elegancia y el cuidado personal eran aspectos que había mantenido con esmero a lo largo de su vida, pero fue allí en los Estados Unidos donde realmente pudo empezar a ser ella misma y eso implicaba vestirse como le diera la jodida gana y expresarse como realmente deseaba, sin tener que cuidar las normas y el decoro ni mucho menos el protocolo. Con movimientos elegantes y precisos, Rubí se terminó de aplicar su maquillaje, realzando cada detalle de su belleza única. Un toque de rubor, un delineado perfecto y un labial rojo intenso que contrastaba con su piel pálida, completaron su impecable look. Cuando finalizó su proceso de embellecimiento, se sintió lista para enfrentar la dura realidad que le esperaba hasta la llegada de la noche. Aunque claro, había padecido tiempos peores los que hacían que ese agobiante letargo fuera un adorable paseo por un parque de diversiones en comparación. Finalmente, lista, dejó el baño y se dirigió a la cocina, saliendo de la habitación. El aroma de la noche anterior aún flotaba en el aire, pero lo que realmente ansiaba era la presencia y la sangre de Sergei. De hecho, mientras descendía las escaleras, su corazón latía con una anticipación que solo él podía provocar. Al llegar a la cocina, se detuvo un momento, esperando encontrarlo allí, pero la habitación completamente estaba vacía y un suspiro pesaroso escapó de sus labios. Sin nada más para hacer y sin siquiera el ama de llaves a la vista, abrió el refrigerador resignada, observó la variedad de sangres disponibles en las correspondientes bolsitas, aunque ninguna satisfacía completamente su apetito. Mordió su labio inferior con frustración mientras consideraba sus opciones. Luego de evaluarlo, preparó una copa de sangre con una bolsita que había en el refrigerador con un tipo de sangre que la complacía, aunque sabía que ninguna otra colmaría su anhelo y su sed como la que realmente quería y no había encontrado allí. Así que tomó la pequeña copa y la llenó con esa sangre humana, intentando calmar la punzante necesidad que sentía. Las bolsas de la sangre de Sergei se habían acabado y el infeliz no las había repuesto, así que ni siquiera podía conformarse con aquello y aquel vacío persistía, y la ausencia de Sergei se volvía más palpable con cada sorbo que daba como recordándole que esa no era la sangre que su cuerpo quería. "Por qué de entre todas las especies con las que podría querer emparejarse debió elegir su ADN o el destino no sabía bien qué, una hiena, que lo único que parecía hacer era reírse en su cara una y otra y otra vez" pensó dramática. Si no hubiera tenido la vida cargada de privilegios que tuvo antes de que todo se fuera al demonio posiblemente se hubiera dedicado a la actuación, pensó por un momento mientras se relamía la sangre que había mojado sus labios. Fue en ese preciso momento que Sergei, como si hubiera leído sus anteriores pensamientos cosa claramente imposible, entró por la puerta principal. La joven, emocionada, dejó la copa de sangre a un lado y corrió hacia él con una sonrisa en los labios. Sin embargo, antes de que pudiera abrazarlo, Sergei la detuvo con gesto serio y una mano en alto. — Rubí, cálmate. Necesitamos hablar —dijo Sergei, apartándose con suavidad y dejando su chaqueta a medida colgada del perchero aledaño a la puerta principal. Ella hizo un mohín con sus labios y lo miró con un gesto travieso. — ¿Qué sucede, Sergei? ¿Por qué estás tan serio hoy? — susurró con voz sensual y risueña a la vez. Él la observó con severidad. — No es momento para esto, Rubí. Necesito que te tomes, por una vez en tu vida, esto en serio. Ella acercó su rostro al de él, jugueteando con un mechón de su largo cabello blanco. — ¿Puedo hacer algo para que te sientas mejor, acaso? —preguntó con picardía y miró su entrepierna a la vez. Sergei se alejó de ella, manteniendo distancia de esa manera mientras no dejaba de sentir la dureza creciente en su v***a. — Debemos hablar seriamente, Rubí. Esto no puede seguir así… Ella le miró con una expresión de confusión y diversión a la vez, como desentendiéndose del tema. — ¿A qué te refieres, Sergei? ¿Y por qué siempre tan solemne? — le recriminó en tono juguetón mordiendo su labio inferior, lo que él no pudo dejar de mirar por un momento pese a cualquier intento inútil de alejar su mirada de allí. Finalmente, luego de unos instantes, él volvió sus ojos hacia los de ella, con mayor determinación esta vez. — Estos “juegos” tienen que terminar. Si no puedes tomar lo que digo y por ende a mí en serio, tal vez sea mejor que encuentres trabajo y alojamiento en otro lugar — dijo él alzando la barbilla de modo desafiante. Ella sonrió maliciosamente, pero luego su expresión cambió a una más seria viendo que él no se inmutaba. — ¿Estás hablando de verdad? — inquirió ella frunciendo su entrecejo. Sergei asintió. — Así es. Esto, entre nosotros, tiene que acabar… La expresión en el rostro de Rubí cambió a una de total y absoluta incredulidad. — No sé con quién crees que estás hablando, Sergei. Pero esto ni siquiera ha comenzado — siseó claramente molesta, LO QUE LE FALTABA, pensó ella. Sergei la miró fijamente, sin ceder ante su encanto. — No juegues conmigo, Rubí. Estoy hablando en serio. Necesito que todo vuelva a la “normalidad” Ella le observó un momento, evaluando sus palabras, y luego soltó una risa cargada de sarcasmo. — ¿Normalidad? ¿De qué normalidad me hablas??? ¿Y si quiero seguir jugando? ¿Acaso vas a castigarme por ser una chica mala? — inquirió provocadora lamiendo sus labios y pasando la lengua por sus dientes caninos superiores muy afilados de un modo que a él no se le escapó y que hizo que tragara saliva mientras su v***a se endurecía cada vez más. Sergei negó con la cabeza. — No puedes seguir así. Esto está afectando nuestra relación y el funcionamiento del club. Esto no debe seguir, y VA a acabar. PUNTO — declaró él determinante. Rubí se acercó al ruso con paso lento y su mirada intensa y cargada de erotismo, algo que no escapó a la hiena. — No sé de qué estás hablando, Sergei. YO no estoy jugando. Esto entre nosotros es REAL, y no lo dejaré ir. Así que nada VA a acabar… bueno quizá tal vez tú, dentro mío, varias veces…— murmuró ella pasando sus manos de modo sensual sobre sus curvas apenas cubiertas por ese vestido mini en color claro, de modo que él no pudo evitar seguir el movimiento mientras se ponía colorado y ella reía en voz alta satisfecha. Él la miró con mayor seriedad, casi enfadado. — Carajo Rubí, esto tiene que terminar de una vez por todas. Basta de tus juegos, de todo… “esto” — dijo él y los señaló a ambos —. Necesitas…Necesito — dijo y se agarró la cabeza, la que tenía sobre el cuello por supuesto —, que te tomes lo que te digo con seriedad sino realmente deberás buscar otro lugar donde vivir y ya … Rubí, por un momento, dejó de sonreír. La realidad de la situación se reflejó en su rostro, pero su mirada desafiante no titubeó. — Así que así están las cosas — dijo ella e inclinó su cabeza de un modo claramente más Changer y animal, que humano. Sergei se alejó todavía más de ella, su expresión más imperturbable con cada paso que daba. Una parte de él quería sacudirla para que entendiera, pero a la vez quería evitar de cualquier modo, su cercanía y contacto. Y otra parte de él… bueno mejor no pensar en lo que quería hacerle. — Sí, así están las cosas. Así que no juegues más conmigo, Rubí. Esto debe acabar aquí y ahora. No hay más margen para tus jueguitos. ¿Se entendió? Por un momento, el aire entre ellos se volvió pesado, cargado de tensión s****l y electricidad. Rubí, después de un instante, cambió nuevamente su expresión. Cualquier atisbo de sensualidad desapareció, y su mirada se volvió más intensa y desafiante que antes. Él estaba completamente demente si pensaba que ella iba a detenerse o abandonar esa casa. — Realmente no sabes con quién estás hablando —dijo Rubí, su voz gélida como el invierno de sus tierras —. Esto ni siquiera ha comenzado…— completó ella en tono amenazante y con esas palabras, se alejó moviendo sus caderas, dejando a Sergei solo en la sala. La tensión en el aire todavía se palpaba y el aire olía a ella. "Mierda, las cosas no habían salido como él esperaba…" Sergei sopesó lo que acababa de suceder, pero no estaba arrepentido de nada. Sabía que ambos estaban jugando un juego peligroso y que algo tenía que cambiar entre ambos. Y no quería ni podía darse el lujo de lastimarla. Ahora, el destino de su relación estaba pendiendo de un delicado equilibrio, y el juego entre la atracción y el rechazo sistemático de él se intensificaba con cada paso que daban.
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