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19 de marzo, 2017
Querida Moon...
Te escribo desde una cafetería situada cerca del instituto y lejos de casa. He venido con Tadaline quien, amablemente, pidió batidos de chocolate y galletas de mantequilla para ambas, y luego se metió al baño para nunca más volver...
Es broma, sigue ahí.
De hecho, ya lleva mucho rato ahí y he comenzado a debatir si acercarme, tocar y preguntar si se siente bien, o sólo quedarme en mi lugar y comerme su batido, el mío ya se acabó.
No creo que le moleste.
Y pues aprovechando que estoy aquí sola, te voy a relatar los acontecimientos de la mañana.
Bastante... pintorescos.
Y lo principal es que las clases en el instituto fueron suspendidas.
¿El motivo?
Pues el cadáver de una de las estudiantes fue hallado en una de las duchas del vestidor de chicas. Según lo que escuché estuvo ahí toda la noche.
Aterrador. Lo sé.
También escuché a alguien contar lo grotesca que resultaba la situación por la forma en la que habían encontrado a la chica.
Y eso no es todo, esa chica era la misma que me había dado el recorrido por las instalación el día que llegué al instituto.
Luego de mi primer ingreso, no volvimos a cruzar palabra, aunque coincidimos en más de una ocasión, pero ella sólo miraba detrás de mí, nunca a mis ojos. Y yo hacía lo mismo, éramos inexistentes para la otra. Y su tour improvisado del primer día no significó nada.
Me alegro de no haberla tratado lo suficiente y no sé por qué.
El cuerpo de Stephani (ese era su nombre) tenía múltiples puñaladas en su cabeza y abdomen. Sus labios fueron cocidos y sus ojos extraídos.
Me estremeció sólo imaginarlo. Alguien le había hecho eso.
O al menos eso relató el chico que según la había hallado a primera hora. Todo lo que dijo en medio de ese tumulto de personas que se reunieron a su alrededor como si fuese el mismo mesías, podría ser cierto o podría ser falso, o simplemente intentaba obtener la atención alterando la realidad.
Aunque algo muy dentro de mí sí creía lo que el chico había dicho.
Él era casi tan alto como un poste de luz y llevaba unos anteojos en lo alto de su cabeza. Contó que estaba castigado y debía hacer limpieza. Por esa razón estaba tan temprano en el instituto y había sido él quien la había encontrado.
Me pregunté por qué no lo había hecho el conserje. Él llega antes que nadie, incluso debió haberlo hecho antes que ese chico.
Quizá él lo había visto, pero esperó a que alguien más hablara por miedo a ser acusado.
Todo es posible.
Pero en cuanto a esa chica, quién sabe por qué la escogieron para llevar a cabo tal atrocidad. O quién sabe si quizá ella lo merecía.
Si el karma vino por ella.
Stephani era una chica hermosa, de rizos perfectos, voz melodiosa, de cuerpo esbelto y de deslumbrantes ojos verdes también. Ojos que se le fueron arrebatados. Quizá luego de ser asesinada o tal vez antes de quitarle la vida para hacer que sufriera. Jamás lo sabremos, Moon.
Tanta belleza y perfección que ya no le sirven de nada. Ahora su cuerpo es alimento de gusanos.
Quién podría imaginarlo.
La vida es polvo y puede esparcirse en un momento.
Cuando llegué (el camino fue una ardua batalla en autobús) el lugar estaba repleto de personas, y un rato después, llegó la policía.
Un oficial con la escritura Rochester en su placa amablemente me pidió que volviera a casa, tenía el cabello amarillo y lucía cansado. Él se adentró directamente en la escena, seguramente para ver con sus propios ojos lo mismo que el muchacho tan alto como un poste de luz le había contado también.
Yo, por mi parte, decidí obedecer. Aunque muy en el fondo tenía el deseo de escabullirme dentro y ver por mi misma la escena.
Claro que tuve que descartar la idea.
Así que sin más me marché.
Además de que sería un día sin clases después de todo, tenía que aprovecharlo.
Y pensé que podría iniciar con la búsqueda de mi empleo. Pero claro, eso no sucedió.
Y he aquí, el segundo acontecimiento.
Recorrí el estacionamiento, con el mismo ánimo con el que intentaría subirme a algún avión.
Si, les tengo fobia.
Y ahí estaba ella. O al menos su auto. Era el único en color azul gastado. Me acerqué con cuidado y al mirar por su ventana pude verla. Tenía un cigarrillo entre los labios y llevaba su largo cabello n***o empapado. Tenía la mirada en un punto fijo entre la multitud que seguía acudiendo a la escena del crimen.
Nunca supe que veía realmente.
—Hey —la llamé golpeando el vidrio del copiloto con los nudillos.
Ella pareció confundida de verme, luego suspiró y retiró el seguro para dejarme abordar.
—Hey —me sonrió, con su característica miraba casi afligida, y se limitó a expulsar el humo por la ventana—. ¿Qué haces aquí? —cuestionó.
La miré con la cabeza ladeada, vestía de n***o como si acabase de salir de un funeral. Lo usual, claro, pero no me explicaba sus cabello mojado y era seguro que no había pasado un peine sobre él. Los hombros estaban húmedos.
Cuando volteó a verme pude notar las ojeras bajo sus ojos.
— ¿Supiste lo que pasó? —me atreví a preguntar e hice girar la manija de la ventana para abrirla un poco y poder respirar. Sentía que el humo me estaba ahogando a pesar de que la ventana de su lado estaba abierta.
Ella me miró con gracia, como si recordara algún chiste privado del que yo aún no era partícipe, y una sonrisa que se me antojo involuntaria se deslizó en sus labios, como si esta se hubiese dibujado a la fuerza. Pero rápidamente se transformó en una mueca amarga.
—No será extrañada, créeme —musitó en voz baja y le dio una última calada a su cigarrillo antes de echarlo por la ventana.
No dije nada al respecto.
— ¿La conocías? —pregunté.
—No —respondió de inmediato, con más brusquedad de la que hubiese deseado presionando el volante con fuerza—. ¿Te parece si nos largamos de aquí? —pidió transcurridos unos minutos.
Su voz era irritada, molesta, y noté de inmediato, temblorosa.
—No debería, yo... —comencé pero me interrumpió su mano en el hombro. Una sonrisa ladeada se extendió, y por primera vez noté todos sus dientes y lo derechos que estaban.
—No voy a hacerte nada —bufó—. Además, quedé de verme más tarde con Adrien. podrías acompañarme si quieres.
Dejé de cuestionar, la mención de su nombre hizo que una extraña sensación me recorriera entera. Recordé lo de sus problemas familiares y quería saber por qué se había ausentado.
Quería preguntarle yo personalmente. Aunque él es alguien no de muchas palabras, y nuestras conversaciones suelen ser muy breves.
Pero, pensé que eso quizá podría cambiar.
Y algo dentro de mí quería verle.
Pero Adrien nunca llegó. Sus problemas familiares no se lo permitieron.
Pero volvamos a donde estábamos.
Accedí sin más, quería ver a Adrien y no quería volver a casa. Cuando salí mamá estaba despierta y sobria, eso es peor que tener que remover las manchas de vodka de la alfombra.
—No habrá clases así que está bien, ¿no? —mi voz fue un leve balbuceo, pero Tada no le tomó importancia y se precipitó a colocar su auto en marcha.
—Exacto.
Y cambió su velocidad con increíble soltura para salir del aparcamiento. Quise advertirle que fuera despacio, había policías cerca, pero qué más daba. Una chica loca manejando fuera de la velocidad permitida no era más importante que una muerta a quien le habían sacado los ojos.
Así que me mordí la lengua y sonreí al sentir la brisa en mi rostro.
Me dediqué a disfrutar.
Y por primera vez conversamos tanto que sentí la garganta seca.
Me sentía... Libre.
Y me obligué a no pensar en qué me esperaría al volver a casa.
Distraerme un poco fue bueno. Distraerme un poco fue bueno.
Simplemente me limité a disfrutar las canciones de la radio y la compañía de una persona agradable.
Y claro, de vez en cuando dejábamos de lado nuestra perorata para escuchar una que otra canción, que hasta ahora desconozco nombres y desde luego, en ese momento desconocía letras.
Lo único que alguna vez llegué a escuchar fue Michael Jackson.
Le gustaba a quien solía ser mi único mejor amigo.
Con quien disfrutaba cada segundo, pero a quien siento que no abracé lo suficiente.
Su nombre era Peter.
Pero luego te hablaré de él, y de quién fue en mi vida.
Lo prometo.
Pero ahora sólo te diré que nosotras no éramos más que sólo dos chicas comiendo ruffles y contando chistes que se alejaban de la ciudad a la velocidad de la luz.
Y nada pudo sentirse más reconfortante.
Ella era buena contando chistes, aunque no es algo que ella suele hacer a menudo. De hecho, cuando se fue al baño hace ya varios minutos parecía desolada. Recibió una llamada que bajó sus ánimos. Pude notarlo por la forma tan abrupta en la que borró su sonrisa.
Eso me hizo pensar. ¿Por qué era ella tan cerrada y apática? O, ¿por qué odiaba a todo el mundo? ¿Ella era infeliz tal vez?
Sí, lo era, o al menos, lo fue.
Pero vayamos en orden.
Y sabes, Moon, pasar tiempo con Tadaline fuera del instituto fue interesante.
Hablamos de cosas sin sentido y olvidamos simplemente que alguien fue asesinado en nuestro lugar de estudio.
Tada nos llevó a una especie de bosque alejado de la ciudad pero aún así cerca de la civilización. Me dijo que iba ahí cuando se sentía mal y necesitaba estar sola.
Nos adentramos en el bosque y llegamos a lo que parecía un lago, no conozco mucho de mi nueva ciudad, pero creo que ese lago era uno de los más visitados en época de vacaciones.
El agua resplandecía al contraste con la luz solar. Era hermoso.
Tomamos asiento junto a la orilla y nos deshicimos de nuestros zapatos para mojar nuestros pies en el agua.
Estaba fría.
Era idílica
Era refrescante.
Y estaban mojando las cicatrices en los pies de Tadaline.
Sus uñas iban perfectamente pintadas de un n***o rutilante y unos centímetros más abajo empezaban las marcas que adornaban la piel clara de sus pies.
Me quedé mirando con descaro, y me fue casi imposible intentar contener las ganas de preguntar qué había sucedido, parecía indiscreto.
Aunque fuesen inquietantes.
Iniciaban donde acababan sus dedos y casi se escabullen por debajo de su ceñido pantalón, en un ángulo que seguía un patrón perpendicular y disperso al mismo tiempo. Eran rosa pálido, como si estuviesen desde hacía muchísimo tiempo allí.
¿Cómo llegaron ahí? ¿Por qué son tantas? ¿Se las hizo alguien? ¿Fue ella? Miles de preguntas embargaron mi cabeza en ese instante...
Pero mi diatriba mental fue interrumpida por la serenidad de su voz.
—Son muchas, ¿no?.
Ella miraba sus pies—: Oh perdón, yo... No quería...
Sentí que las mejillas se me volvían fuego.
—Descuida —espetó suavemente—. Todos cargamos con nuestra propia mierda, con cicatrices que son parte del aprendizaje, del crecimiento, de la vida, de nosotros —sus ojos conectaron con los míos, y permanecieron allí por extenuados segundos.
¿A qué se refería? No lo sé aún. Algunas veces, intentar entender a Tadaline, es como querer levantar un escudo de acero con la sola fuerza de tus uñas.
Se rompen en algún momento.
—Lo siento —mascullé.
Debí haberla incomodado. Pensé.
Pero ella sólo sonrió.
—No lo sientas, no es tu culpa —y acto seguido se dejó caer sobre su espalda y luego me hizo una seña para que también hiciera lo mismo. Y terminé acostada a su lado—. ¿Alguna vez has odiado a alguien con todo tu ser, Romina?
Su pregunta, aunque me tomó desprevenida y me hizo fruncir el ceño, me ha hecho indagar demasiado desde que las palabras abandonaron sus labios.
Pero en ese momento estoy consciente de haber dudado.
Me moví y quedé sobre mi costado, ella hizo lo mismo y permanecimos frente a frente.
Me hice la misma pregunta una y otra vez.
¿Alguna vez he odiado a alguien con todo mi ser?
Y sentí que la respuesta correcta era sí... Pero no estaba segura de querer decirlo en voz alta.
—No —respondí, después de un rato, sin estar segura de mi respuesta.
Nuestros ojos conectaron fijamente.
Me pregunté si me hizo la pregunta porque ella también odiaba a alguien.
Pero no abrí la boca para preguntar.
—Entonces has tenido una vida feliz.
Dijo y sonrió con tristeza.
Y yo la imité.
Mi vida ha sido todo menos feliz. Pensé, pero no lo dije.
Tal vez si he odiado, pero no lo he dicho aún es voz alta.
Es así por alguna razón, aunque nunca alcancé a entender la mayoría de ellas.
Sostuve su mirada tan gris como el acero, y por un momento sentí que pude ver a través de ella, de sus ojos, de su alma.
He imaginé a una niña de cabello largo y ojos negros siendo lastimada a lo largo de su vida, creciendo sin amor. Creando barreras para que nadie pudiese tocarla jamás. Me quedé contemplándola y me pregunté en silencio...
¿Alguien le ha hecho daño alguna vez?
¿Le hacen daño aín?
¿Tan parecidas somos?
Y por primera vez, la vi sonreír, pero no de boca cerrada, de manera falsa o forzada. Sonreía de verdad, y su sonrisa era realmente hermosa.
Ella era hermosa.
—Eres muy bella —susurró aún mirándome, su mano tocó la mía, sentí el roce delicado de sus dedos trazando círculos y no la aparté, disfruté su toque, de algún modo se sintió reconfortante.
Sus manos se sintieron suaves, cálidas. Me pregunté ¿Por qué se sintió tan bien su cercanía?
¿Por qué quería permanecer con ella en aquel lugar por siempre?
Lejos del mundo real y su maldad.
Sintiendo el roce de sus dedos y el calor de su alma. Ella era como yo.
Y quería abrazarla.
Y lo hice, no me detuve a reparar, sólo me acerqué a ella y con sumo cuidado rodeé su cuerpo.
Ella hizo los mismo.
Se sentía bien sentir la calidez y la electricidad de un abrazo humano.
Y por un momento quise llorar. Desahogarme en sus brazos, gritar.
Pero no lo hice, sólo disfruté el momento.
No nos dijimos nada más después de eso y permanecimos envueltas en un agradable silencio. Mirando en lago de soslayo hasta que finalmente fue hora de marcharnos.
Disfruté de igual modo el camino, nos mantuvimos en silencio, no uno incómodo, sino uno bien compartido.
¿Qué sucedió? No tengo idea.
Pero sentí que nos unía un hilo invisible.
Tada se acerca, Moon. Y tiene los ojos hinchados.
Quizá deba volver a abrazarla.
Hasta luego, y prometo volver a trazar tus delicadas hojas en algún momento. Quizá más pronto de lo que espero.
Para siempre tuya...
Romina