Capítulo 1

388 Words
*** 8 de diciembre, 2016 Hola... ¿Debería saludar? No importa. Reposo sobre mi pecho, el césped del patio de la casa que solía ser de la abuela está mojado y frío, y un cartel con la leyenda En venta, pintado con rojo, es lo único que resalta sobre la grama verde oscuro. Oscuridad. Sara Tomlinson falleció el 6 de diciembre, a las 3:00 de la tarde bajo la sombra de un viejo árbol rodeado de zetas. A ella le gustaba salir, respirar el aire fresco y observar el cielo, ya que desde su silla de ruedas no había mucho que ella pudiese hacer. Ella era dulce. Era tenaz. Ella me amaba. Era mi abuela. Los doctores dijeron que fue la vejez. Que fue un infarto. Que su corazón se detuvo, que dejó de latir, así, sin más. Supongo que a sus setenta y un años, su labor en este mundo se había terminado. El cielo aún permanece nublado y gris. Es como si éste lamentara profundamente la pérdida de un ser humano que valdría incluso más de mil vidas, arropando sus inmaculadas nubes de luto. Mi abuela era de acero inoxidable. Y las nubes lloran. El cielo permanece oscuro y triste. Las gotas aterrizan sobre mi cabeza, mojandome para mantenerme despierta. Y aunque es un hermoso paisaje, es el ambiente perfecto para un funeral. Te extrañaré mucho, abue. No debiste irte, no debiste dejarme. Tú no. Hay treinta personas en total dentro de la casa. Treinta personas de las cuales, sólo logro identificar a mis padres. ¿Está mal que los vea sólo como hipócritas, cuando ninguno estuvo cerca de Sara ni un minuto cuando cayó en cama? Por eso decidí escapar un momento, y así fue como te encontré... O recordé que te tenía. Tú fuiste un obsequio de la abuela, en mi cumpleaños número 10. Ella me aseguró que tú serias mi mejor amiga, que podría confiarte mis secretos y que jamás me juzgarías, en ese momento me pareció tanto... Como desearía que ella te hubiese dejado en mis manos otra vez. No sé a qué quería llegar, pero ahora que ella no está, agradezco tenerte conmigo. Es todo, supongo, me espera un largo camino de lágrimas de nunca acabar, bordado con tristeza y soledad. Me acostumbraré. No tengo de otra. Para siempre tuya... Romina
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