Capítulo 2

928 Words
**** 16 de enero, 2017 Querida Moon... Sí, así me decidí a llamarte, supongo que como mi nueva amiga necesitabas de un nombre. Luego de la muerte de la abuela Sara mi madre decidió que lo mejor sería alejarnos de su ambiente, empezar de cero. Por lo tanto, nos mudamos. La casa fue vendida una semana después de que enterraran su féretro. Mamá la dejó al mejor postor, y eso nos dio los fondos suficientes para transportar nuestras pertenencias. Que la abuela le haya heredado la casa fue algo bueno... Supongo. Pero sólo para ella. Así fue como llegamos a Londres. Y prometí hacer uso de todo el aplomo que no poseo. La nueva casa es mucho más pequeña, es de dos pisos y desde la sala puedes ver parte de la cocina. Es extraño, estaba acostumbrada a los largos corredores de la antigua casa. Al menos sigo teniendo mi propia habitación. La casa está casi vacía, un montón de cajas están esparcidas por todas partes lo cual proporciona un aire lóbrego al ambiente. Llegamos hace sólo una semana y aunque me gustaría poder decir "es genial", "me gusta", "será un nuevo comienzo", siento ganas de vomitar con sólo pensarlo. Y por supuesto debido a la mudanza, mis padres se vieron en la ineludible necesidad (ineludible para mi, genial para ellos) de cambiarme de instituto. Cosa que no fue bien aceptada por mi, pero como siempre, mi opinión es irrelevante. No puedo opinar en la casa. Ni a mis padres. Ni conmigo. Soy como una especie de muñeca de porcelana... Que se ha roto más veces de las que puede contar con los dedos. En fin, Moon. Hoy fue mi primer día en el nuevo instituto. El primer día fue interesante... No, la verdad no. Una chica llamada Stephani -o ese creo que era su nombre- me dio un recorrido por las instalaciones con el mismo entusiasmo de una tortuga muerta. Me recibió la directora, me presentó a la chica y desapareció. Muy protocolario. Y soporífero hasta la muerte. Aunque, podría decir que no fue tan malo. Hice una amiga, o eso creo. Su nombre es Tadaline, y a pesar de que me pareció gracioso, pude deducir gracias a fuentes confiables (me limité a observarla lo suficiente) que no sonríe mucho. Su piel es casi tan pálida como la luna y su cabello tan oscuro como la noche. Sus ojos apagados se ahogan en un intenso color gris y es un poco más alta que yo. Ama vestirse de n***o y que odia el color rosa. Le ofrecí un caramelo, era de fresa, pero ella lo rechazó y tomó el que era verde. La bautice como Tada. Cuando se lo dije sólo se limitó a levantar una ceja acompañado de una sonrisa montesina, pero no objetó nada. Es bastante reservada, callada y un poco inexpresiva. También noté (con bastante disimulo) como diminutos cicatrices, casi como rayones que rozan lo invisible, adornaban meticulosamente sus brazos por debajo de su sudadera. Me agradó y creo que yo también a ella. Y a la chica que me dio el recorrido no volví a verla en todo el día. Me alegré, no me agradó. Papá me llevó a mi nuevo colegio, porque madre lo obligó, prácticamente. Aunque él no quiera admitirlo, muy en el fondo, sé que la detesta. El camino fue silencioso y algo tenso, se le había hecho tarde para ir a su nuevo trabajo como agente ejecutivo. Mamá no tiene empleo, al contrario, creo que está volviendo a gastar dinero en alcohol. Sólo espero estarme equivocando, no quiero volver a pasar por la misma situación asfixiante de hace dos años. La relación de mis padres no está en las mejores condiciones, mi querida Moon. Eso desde hace años, sinceramente. Me pregunto, ¿qué es lo que los mantiene unidos (encadenados) al otro? Sólo sé, que el amor es algo de lo que carecen desde mucho antes de que yo naciera. —Pídele a tu madre a que pase por ti —sugirió sin mirarme cuando estuve fuera del auto. Sonreí con esfuerzo y me despedí. No lo haré, no llamaré a mamá. Viajar con ella es casi tan agradable como tener agua dentro de los pulmones. Con ella los minutos se vuelven años. La relación con mi padre es nueve veces mejor que con la mujer que me trajo al mundo, pero últimamente, no hablamos mucho, él siempre está estresado, cansado, enojado. Y yo intento no acercarme, comprendo que él necesite su espacio. Y también porque soy plenamente consciente de que si explota, arremetería contra cualquiera que esté cerca. No me gustaría ser el blanco de sus frustraciones. He sido el de mi madre por años. Así que aprecié el ofrecimiento de llamar a mi madre. Pero opté por declinar con toda intención. Serían veinte minutos de martirizante trayecto. --Tengo piernas, ¿por qué no usarlas?-- Querida Moon, te escribo desde el patio de mi nuevo colegio, con la única persona con la que he mantenido conversación por una mañana completa a unos centímetros de distancia, cortando delicadamente la piel de sus brazos con sus uñas. Lo hace con tanta gracilidad que da la impresión de que sólo acaricia su piel.. Y estoy casi segura de que cree que no lo he notado. Quizá algún día le pregunte por qué lo hace ... Pero por el momento, dejemos las cosas como están. Ya es hora de volver a casa, Moon. Me espera un largo trayecto y será mejor marcharme ya. El sol será mi acompañante. Para siempre tuya... Romina.
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