Una camiseta de hombre, una crema protectora y un sombrero de paja para proteger su rostro del sol. Eso era lo que él maldito bastardo puso en sus manos. Lo que había conseguido a cambio del beso, al menos era un hombre de palabra EN ESO. Y bueno, algo era algo pensó. — Aquí tienes lo que querías, porque lo prometido es deuda — dijo él. Sin dejar de mirarle los labios mientras pronunciaba esas palabras. Aún recordaba su dulce saber, todavía él podía sentirlo en su lengua. Tenía ganas de ir más allá, se moría de ganas de meter su lengua en el agujero entre sus piernas y probar si era igual de dulce. Giuliana captó algo pues se removió incómoda. Estaban en la puerta de su dormitorio. — Bueno, ¿no tienes nada mejor que hacer? — finalmente le dijo, cuando observó que él no pensaba moverse y

