—Porque todo está en la naturaleza, por tanto todo es legítimo, todo se puede representar. Se trata solamente de encontrar el tono justo, eso es. He descubierto el secreto —y dándole un codazo, repitió varias veces—: he descubierto el secreto, ¿lo ve? Así, por ejemplo, fíjese en esa mujercita con peinado de esfinge que baila con un postillón ruso, está claro, rotundo, decidido, todo en claroscuros y en tonos crudos: violeta bajo los ojos, una capa de cinabrio en la mejilla, moreno en las sienes; ¡pif! ¡paf! —y con el pulgar daba como pinceladas en el aire—. Mientras que aquella gorda —continuó señalando a una pescadera, vestida de color cereza con una cruz de oro al cuello y una toquilla de batista fina anudada a la espalda—, nada más que curvas; las aletas de la nariz se aplastan con las

