Dániel.
Supe en el momento exacto que el haber aceptado ser solo amigo de la mujer que me encanta desde hace años había sido un completo error.
Pero mirándole el lado positivo pues voy a poder estar a su lado valiéndome del estatus de amigo.
Puras patrañas, Sara para mí es el deseo más grande que me ha sucedido en mi vida.
Y no puedo negar al decir que quizás pronto se convierta en el amor de mi vida, la mujer que amo.
Así que haré todo lo que esté en mi mano para que esa mujer termine siendo mi esposa, y una vez logrado eso no la dejaré ir jamás.
Suspiro mientras miro mi agenda full de trabajo.
Joder con el tiempo que apenas tengo tiempo para supuestamente ser amigo de Sara Spears.
Mi teléfono suena y yo sin mirar atiendo:
__Con Dániel Scott, ¿quien habla?
—Vaya vaya querido, ¿me has borrado de tus contactos? Eres realmente malo conmigo Dán, yo te extraño —Pronuncia la voz divertida de una mujer que hace que el Moreno tense la mandíbula.
Maldita sea, ¿es que esta mujer no aprende?
Nora Barkley es el peor error que pude cometer.
Puesto que ella pensó que yo sentía algo más aparte de mantener relaciones sexuales ocasionalmente.
—Nora, creo que fui muy claro al decirte que no quería saber más de ti a menos que se trate de negocios contigo o mejor con tu padre, así que déjame en paz — Digo con fastidio.
Porque sí, tengo negocios con el padre de ella, Néstor Barkley, quien es un buen hombre con una hija algo desquiciada
__Ooh por favor Dán, no seas así...Ambos la pasábamos muy bien. No me digas que ahora le vas a mendigar el amor de la ex de tu hermano —Acusa Nora irritada sentándose en el mueble de su sala.
—Si mendigo o no el amor de Sara, es mi asunto Nora...Por ella soy capaz de todo e incluso de rogar. Que pases un buen día —Suelto tajante para colgar la llamada.
Mi buen humor se fue al recibir esta inoportuna de esa mujer. Sé bien que ella no se dará por vencida y lo cierto es que no le voy a permitir dañar cualquier avance con Sara.
Me obligo a concentrarme aquí, y en medio hora termino de hacer mi trabajo.
Me levanto detrás del escritorio en la oficina que me han asignado frente a la de la mujer de mis anhelos.
Salgo de aquí al tiempo que Sara sale también.
Le sonrió y ella me sonríe tímida, cosa que me parece adorable.
—¿Almorzamos juntos? —Pregunto afable, ella me mira mordiéndose su labio inferior.
Y eso me provoca las ganas de morderselo yo a ella.
Tenso la mandíbula tratando de disimular mi atracción por ella, y lo que me consuela es que Sara está igual por mí.
—Eeh, si claro —Accede la Pelirroja con voz suave.
Y sin decir nada más nos encaminamos fuera del bufete y ambos ignoramos que los demás nos veían con curiosidad.
Panda de chismosos.
Creo que Sara les mira con seriedad y que ellos vuelven a sus obligaciones.
El restaurante que entramos queda cerca del bufete, y al estar sentados en una mesa inmediatamente nos llega un mesero.
Los dos pedimos dos hamburguesas, lo cierto es que no pensé que ella sería capaz de comerse casi dos hamburguesas.
Me agrada que tenga apetito.
—¿Qué? ¿Me he ensuciado? —Indaga la Ojiverde apenada limpiando con una servilleta su boca.
—No es esa Sara, es que me agrada verte comer sin asco para engordar. Algunas mujeres viven en una dieta extrema—Alego con diversión.
Ella me sonríe y asiente.
__Bueno, amo comer...Y si me deprimo como más aún. Pero, hago ejercicios todos los fines de semana en la mañana —Explica Sara sonriendo volviendo a darle una mordida a su hamburguesa.
—Pues yo soy igual, como exactamente todo lo que quemo al ejercitarme —Corroboro sereno, notando que ella me mira de arriba abajo y carraspea.
Yo disimulo una sonrisa porque sé bien que le atraigo.
No duraremos mucho tiempo siendo solo amigos, en especial cuando sabemos que nosotros Somos Fuego.
Terminamos de comer y yo me adelanto a pagar la comida ganando un berrinche de la Pelirroja que me causa risa.
Claro que el que me haya reído solo aumentó su rabia.
Ya cansado de su berrinche antes de llegar al bufete la acorralo contra la pared y mi cuerpo.
Ella suelta un jadeo.
__Si me sigues haciendo berrinche te besaré, tú decides que quieres Pelirrojiza —Le susurro ronco al oído, ella se estremece y traga seco.
Nos miramos a los ojos y juro que casi que mando todo a la mierda ante la mirada llena de deseo que estaba dando.
Dios esta mujer será mi perdición.
Yo me alejo para dejarle su espacio rumbo al bufete y sonrío porque voy a seguir creando momentos así con ella.
Y no pararé hasta que ella se quiera quemar conmigo...
Sara.
Sabía perfectamente que aceptar ser solo amiga de ese Dios griego iba a ser contraproducente para mí, pero ilusamente creí que podría manejarlo.
Y no fue así.
Ese hombre es el combustible para mí fuego interno y no se cuanto tiempo podré seguir aguantando.
Si él no se hubiera apartado yo lo habría besado a él con todas mis ganas acumuladas desde que lo volví a ver, Joder estoy frita.
Me da rabia conmigo misma al no poder lidiar como una mujer empoderada cuando se trata de ese hombre.
Dániel Scott es la muerte para mí.
Lo único bueno del día es que ya es hora de irme a casa.
Yo me escabullo rápido al estacionamiento para subirme a mi auto y huyendo por hoy de encontrarme con ese pecado andante.
Mientras manejo rumbo a mi casa no puedo evitar remomerar su cercanía, y el calor de su cuerpo junto con ese perfume tan exquisito que siempre usa, y le queda muy bien.
Estaciono mi auto en la cochera y al cerrar todo me dirijo a mi casa.
E iba abrir con mis llaves, solo que la puerta estaba ya abierta. Yo me tenso para entrar con sigilo tomando mi teléfono para llamar a emergencias.
También tomo el perchero como arma alzando lo sobre mi cabeza al tiempo que prendo la luz.
Justo ví una silueta que grita tomando con sus manos el perchero.
—Aah, ¡ya para!...Soy yo tu primo Bastián, ¡joder aay! —Chilla la voz masculina con dolor.
—¿Cómo? ¿Bastián te has vuelto loco? Creí que eras un ladrón.
—Y pobre ladrón que trate de robarte aquí...Ooh ven acá, te extrañé. Por eso te vine a ver —Dice la voz jocosa de Bastián.
—Eres mal primo —Murmuro aliviada correspondiendo a su abrazo.
Supe que él había tomado la llave de repuesto que dejé escondida en la alfombra.
Creo que cambiaré de lugar.
Ahora pienso ¿qué querrá mi primo aquí?
Lo único certero es que él me traerá más líos....