Olvidé por completo a Erick y me sumergía en el dolor. No podía olvidarme así como así de Leo, estaba ahí, en mi mente, aunque yo no lo quisiera. A veces pensaba que iba a llamarme para darme explicaciones, pero simplemente no lo hacía. A los dos días Rita me contó la maravillosa noche que había pasado con Erick, y yo me sorprendí que Erick cumpliera su palabra. Me alegré por mi amiga. Quería que al menos ella fuera feliz. —Aunque estaba más que todo callado. Se portó como todo un caballero y no quiso tocarme… —me confesó ella. Rita creía que no se había equivocado, que Erick era de los pocos hombres que valían la pena. Erick vino a verme unas horas más tarde. Rita estaba, como siempre, en la planta de arriba, acomodando los vitrales. Esa mañana había llegado una nueva tanda de peluche

