El plan era dejarles cachondos y humillados por mí, pero la realidad era que, una vez que comenzaban a tocarme yo no podía decir que no, y dejaba que pasara, que me tocaran como quisieran, me llevaban a algún motel y ahí me desnudaban, y ahí dejaba que amaran mi cuerpo. Para mí eso era mejor que seguir siendo la tonta que se encerraba en casa a llorar día y noche, solo porque el novio la había engañado. No, ya no más. Prefería sentirme querida, que al menos se apetecieran de mi cuerpo, que estar sufriendo una vez más por amor. Pero aún luego de haberme encamado con casi todos sus amigos, yo seguía sufriendo por dentro. Leo me había engañado y yo le había creído cuando dijo que me amaba. Un día, mucho tiempo después, cuando iba de salida del trabajo, me lo encontré por la calle. —¿V? –

