Belkan
Salgo de su lado tab rápido como llegué. Como si me quemara la piel quedarme, como si no pudier huir lo bastabte rapido, como si uisira quedarme tanto como irme. Hay coss que no sé explicar. No quiero preguntas ni respuestas. No quiero remordimientos tampoco.
Ha sido un momento increíble e inesperado. No pensaba lanzarme a por ella pero no he podido detenerme. Ha sido más fuerte que yo.
Me ha dado la razón perfecta para ir a por ese tipo que se atrevió a agredirme por ella. Ahora es mía y quiero que quede constancia de ello con mi más enérgica postura.
—Dime que ya tenemos dirección —ordeno.
Rand me pasa un post-it. Ladeo el rostro cuando veo que no es una dirección exactamente, es como una especie de cita. Como si me estuvieran esperando y eso me crea intriga. ¿Acaso sabe él que voy a buscarle?
—Es un desafío, señor —musita mi hombre.
—Saca los todotereenos y manda la artillería pesada detrás. Nos vamos a la guerra.
—Sus hermanos están yendo hacia allí —asiento —. ¿La chica...?
—Jade se queda aquí. La moverás cuando esté mejor y la llevas a mi casa. Yo iré cuando pueda.
—¿No voy con usted?
—Te quedas a cuidar de ella. Solo en ti confío.
No doy espacio a la discusión. Él sabe que ella es prioritaria ahora y que mis órdenes son irrompibles.
Para cuando tengo todo lo que necesito me subo al coche con la otra parte de mis hombres y me voy directo al sitio donde me encontraré con quien sea que busca a la que será mi mujer.
—Señor, los hombres han sido desaparecidos ya —me infoma Joel mientras conduce —. Estamos haciendo entrevistas para nuevo personal de seguridad para el club.
—Ocúpate de eso tu mismo pero cuando tengas la selección me muestras los nuevos y los que desechaste también. Quiero ver quien se quiere unir a mis filas —añado.
Después de lo que pasó en mi club no quiero más errores.
Doblamos por un callejón y el chófer desacelera. Miro a la pantalla de mi móvil y tengo un mensaje:
*Soy Colin, ven a verme a la fábrica abandonada de Western Most. Te daré tus repuestas y pediré las mías *
No respondo. Aprieto los puños molesto. Este imbécile va a morir, y va a morir bajo terribles consecuencias.
Llamo a Rand.
—Dime por qué tiene mi número de teléfono el tal Colin. Y cuidala, tengo un mal presentimiento.
Rechazo todas las llamadas de mis hermanos y sigo mi camino dándole a Joel la dirección nueva.
—Avisa a dos coches —le ordeno —, los demás que se queden en la frontera.
El sitio donde me ha citado aquel imbécil es el límite entre mi suelo y el de los Palau. Algo me dice que están aliados y que este tío no es de esta zona. Yo lo sabría. Conozco a toda la gente con la que trabajo y ninguno se atreve a ir contra mi y mucho menos en mi club con mi gente dentro.
Todavía tengo que averiguar quien es esta chica pero primero lo primero.
Cuando entramos en el parque abandonado mis tres coches se detienen delante del paseo del medio del lugar. Bajo, me quito la chaqueta y me doblo la camisa negra hasta los codos, hace calor. Saco mi arma de mi espalda, compruebo la balas y comienzo a andar con mis hombres. Los del primer coche llegaron antes, están desperdigados por los techos, con rifles de asalto de francotirador.
—Señor, es arriesgado.
Joel va detrás de mí cuidando mi espalda. No tengo miedo. Tengo curiosidad y apuro. Me urge irme a verla a ella, tomar la información que su pequeña boca tenga para mi. Tengo que ir a enterarme de todo.
Yo soy Belkan Mancusso, a mi nadie me amenaza y se va de rositas.
Hay un banco de mármol blanco bajo una farola en mitad del parque abandonado. Esto da la sensación de ser más un cementerio que otra cosa.
Me siento con la parsimonia que me parece y le indico a mi hombre que le diga al tal Colin que venga él, no pienso moverme.
Mi territorio, mi país, mi afrenta... mis normas.
Abro la piernas y estiro hasta que mis talones tocan el suelo con mis botas, prendo un cigarrillo y cuando doy la segunda calada veo a dos de mis hombres armarse, cinco de los suyos rodearle y los otros míos venir detrás mientras el ex de mi chica se para frente a mi.
Su expresión de enfado me suda la polla. Sigo fumando.
Le miro. Ladeo el rostro y chasqueo la lengua dando el tiempo de sacarlo de quicio y ver que pasa. Pero resulta que lo que pasa es que se me acaba la diversión antes de tiempo porque carraspea y masculla:
—Devuélvemela y todo acaba aquí. Sin sangre, sin memoria. Lo dejamos todo donde está —me mira a los ojos —. No vale la pena iniciar una guerra por una mujer. Hay muchas.
—¡Tic tac, tic tac, tic tac! —digo y doy otra calada —. Mientras el tiempo corre ella se vuelve más mía de lo que nunca fue tuya. Tic tac... siguen pasando segundos y no me dices que quieres antes de morir. No voy a dártela.
—Puedo pagarte por ella —insiste.
Le miro. Doy otra calada. Otra más, y entonces apago el cigarrillo en el suelo en el mismo instante en que entiendo un punto importante: El poder es solo una herramienta. Y yo tengo mucho de el. Si sabes usarlo puedes tenerlo todo. Yo ya tengo todo, pero puedo quitarle el suyo. Él mismo me lo ha puesto fácil.
—Tienez razón en algo —miento y veo como sonrie creyéndose victorioso —, ella puede damre mas de lo que esperaba. Vas a pagar por la chica, por la afrenta y los intereses —asiente dispuesto y culmino diciendo —. Vete de mi país, de mi ciudad y de mi mundo y vive... quedate y haré que ella te mate. Tú eliges.
—Está claro que elijo pagar —responde enseguida y sonrío, me pongo de pie —. Pon la cifra.
—La cifra son los hombres que me enviaste —le explico —. Vas a entregarme a los que huyeron y te daré a la chica. A media noche, aquí mismo.
El cara a cara acaba cuando me levanto y salgo andando. No quiero ver un segundo más su rostro o perderé la concentración y todavía tengo algo que hacer.
Mientras subo a mi coche y Joel arranca llamo a Rand, le pido que prepare a la chica que voy a buscarla. Le explico el plan pero por supuesto le ordeno que no le.diga nada a ella.
Las calles parecen más que cuando fui a la dirección, siento que no llego nunca y mientras avanzo pienso en lo verde que son sus ojos, en los exquisita que tiene esa boca y las ganas que tengo de follarmela hasta que se le salten las lágrimas.
—¡¿Señor... ve eso?!
Miro desde mi asiento hacia donde me señala Joel y me hierve la sangre en las venas. Por medio del camino, en mitad de la nada va ella... corriendo desnuda, su cuerpo me enciende y la rabia le enerva.
¿Qué demonios ha pasado aquí?
Si alguno de mis hombres le ha puesto un dedo encima habrá un masacre porque mataré a cada maldito que haya probado lo que es mío.
—Espera aquí... dame tu arma.
Salto del coche y ella me mira, nerviosa... asustada y exquisitamente desnuda. Tengo la polla tiesa y los labios entre mis dientes. Esta mujer será mía... ahora..., y siempre. Joder.