Ally (Jade)
Por más que quiera quedarme aquí quieta y esperando, me es imposible. Soy incapaz de hacerlo, nevssito irme, rescatar a mis chicas, saber al menos que pasa. Donde estamos. Y si él está bien
Es inexplicable lo que me hace sentir pero no puedo quedarme aquí perdiendo el tiempo.
Antes he oído que me dejaba con el mejor de sus hombres, eso quiere decir que no podré irme si no trazo un plan.
Lo único que se me ocurre es desnudarme. Me quito toda la ropa y cuando salgo al pasillo me tropiezo con el guardia de Belkan que se cubre los ojos lo más rápido que puede.
—¡Señorita, vístase por favor!
—No tengo ropa —finjo vergüenza y me cubro como puedo con mis manos —. Buscame una bata o algo.
Él me mira con cierto asombro, como si no se creyera nad de lo que digo. O tal vez sospechando que esto sea lo que es... una argucia.
—Espere aquí.
Le veo alejarse y decido que es mi momento. Es la hora. Salgo corriendo por la puerta, no analizó si estaba abierta o yo la forcé, no lo sé. El caso es que salgo fuer y corro y corro. No tengo idea de quw hacer pero de repente me doy cuenta de que me persiguen, sus hombres han salido detrás mío y me estoy pinchando los pies en el césped. Soy una estúpida.
—¡¿Dónde vas, querida Jade?!
Su voz me frena, de repente tropiezo con su torso, sus manos haciéndose con mi cuerpo y poniéndome su propia camisa por encima.
Dios, que cuerpo tiene.
Creo que soy más capaz de perder la cabeza por él que gracias a él. Es Tremendamente guapo y estoy desnuda entre sus brazos.
—Suéltame, por favor —suplico.
Miro a nuestro alrededor y estamos cercados por sus hombres, los que venían con él y aquellos de los que acabo de huir en su propio desnuido. Algo en la mirada de Belkan me dice que está enfadado con su gente, les mira furioso pero de pronto se centra en mi y responde.
—Tu eres mía, Jade.
—Ally —rectifico.
No sé por qué pero siento que necesito que él me llame por mi nombre.
Desde la primera vez que nos vimos, desde que me tocó y me besó sentí que algo en mi cuero reconoció al suyo. Y sí, puede sonar a cliché de libros de romance pero es la verdad, sentí que su piel se metía debajo de la mía, adueñándose de mi.
—Aquí eres Jade —decreta guiándome hasta su coche, me rexuesta contra un costado y se pone sobre mi, sus hombres se Dan la vuelta y mantienen las manos en la espalda, pero no se van. Es como si estuviera metida en medio de una coreografía.
—¿Por qué? No lo entiendo.
—Porque hay normas, eres parte de esas normas —explica displicente.
—¿Mis amigas?
Soy incapaz de hacer una frase por entero. Mis pezones se dibujan bajo su camisa y los dos lo sentimos, aunque solo él los mira y los toca. Yo me limito a morderme un gemido.
—Tienen sus propias reglas.
—Por favor llévame allí —jadeo cuando sus manos abren l camisa, llegan a mis pechos y sus pulgares castigan mis pezons, me vuelve loca y le atrapo las caderas entre mis piernas, es como un instinto natural, algo salvaje —. Belkan...
—No puedo —se agacha y pasa su lengua por uno de ellos, me caigo hacia atras y él sube por mi cuello, llega a mi boca y susurra mordiendo mis labios —. Si un día eres Ally, no tendrás mi protección a menos que seas mi esposa, y eso nunca pasará.
—Soy Jade, la amanate —reconozco en voz alta sintiendo cómo me olfatea entre la piernas, me está volviendo loca encima de su coche en mitad de la nada con sus hombres rodeandonos dando os la espalda.
—Eres mi Jade, a ti no te toca ni Dios. Créeme que es lo mejor.
–No te creo, Belkan. Si yo soy Jade para ti, ¿Quién eres tu para mi?
—Yo siempre seré Belkan.
Pasa la lengua por mi sexo humillantemente húmedo y me muerdo una mano para no gritar frente a tantos hombres.
—Y yo nunca podré entenderte —gimo cuando hunde dos dedos dentro de mí, dos dedos que se resbalan mientras él sonríe satisfecho.
—Quizás —dice viniendo a mi boca, a besarme —. Bájate, tengo que tenerte ahora mismo.
No debería dejarle hacerme esto. No debería sentirme tan bien con un desconocido pero mi cuerpo tiene vida propia y se ha entregado a él, a l pasión que provoca en mi. Soy incapaz de detenerlo.
Me mete en su coche, también entra y me sienta a horcajadas sobre sus piernas, mi humedad abierta a él, diciéndole cuanto me provoca.
—Eres oscuro y turbio... no voy a terminar bien si me dejo llevar por ti. Es forma de hablar tan queda que tienes, el brillo en tus ojos cuando me miras como si fueras una pantera de caza... ni siquiera me has tocado y me siento en riesgo. Tu...
—Yo soy tu amo, Jade —Saca un condon y cuando veo su m*****o delante de mi sé lo que va a pasar, sé que no me voy a negar y que me va a volver loca —... tu mi pasión y juntos seremos más de lo que crees, deja de analizar todo cuando ni siquiera conoces la mitad de la historia. Y si vas a negarte que sea ahora... tengo que hacerte mía. Ya, no puedo esperar. No hacer lo que haré sin haberte tenido.
—¿Cuando la sabré? —pregunto.
—Cuando confíe en ti —responde y me alza encima de su prolongación ciando está listo, esperando que tome la decisión yo. Sorprendiéndome.
—¿Algún día lo harás ?—pregunto.
—Buena pregunta.
Y me dejo caer. Por Dios que me encajo a mi misma en su polla dura por mi porque soy incapaz de no hacerlo.
Voy a irme. Sé que tengo que rescatar a las chicas y largarnos de aquí. Pero he sido incapaz de no hacerme suya. Quiero ser de él. Quiero perderme en este hombre peligroso y llevarme ese recuerdo, y que confíe en que me tiene en sus manos al menos hasta que me pierda entre sus propios dedos.