Belkan
¡Dios, Dios, Dios!
Es perfecta. Baja por mi cuerpo y se traga todo de mi. Me engulle entero y sus paredes me aprietan tanto que muerdo su boca hasta que grita y pruebo su sangre. Esta mujer es adicción pura, voy a perdeme en ella. Y nunca me volveré a encontrar.
La acerco hasta que nuestros cuerpos chocan y toda la electricidad se desata entre los dos. La beso de nuevo. La estrecho aún con más fuerza. Mi cuerpo clama por ella. Entro y salgo a un ritmo descontrolado. Ella me pone así, ella me domina de esta forma absurda en la que soy suyo, no me contengo. Ni tampoco me tengo.
Joder, nada de lo que he sentido en toda mi vida es comparable a nadie. Necesito un puto segundo. Recuperar el control.
Sin dejar de mirarla, le quito del todo la camisa... despacio. Sus ojos siguen ávidos mis manos, sin perder detalle. La deslizo por sus hombros y la dejo caer al suelo. Sus ojos verdes, más expresivos que nunca, recorren mi torso y se pierden en él.
Yo sonrío, y ese leve gesto la hace salir de su ensoñación y apartar la mirada avergonzada, lo que hace que mi sonrisa se ensanche.
—Ven aquí, dame esa boca. Me perteneces, Jade y te voy a hacer tan mía que nunca te recuperes de lo nuestro. Dime que sí, que queires eso —le ordeno suavemente.
Ella me mira y, sin dudarlo, asiente. Ahora mismo me siento extrañamente sereno, como en el ojo de un huracán. La tengo en mis piernas, clavada en mi polla, dispuesta a dejarse llevar, a darme todo lo que le pida, y eso me hace sentir tan poderoso que ha conseguido que nada, salvo ella, yo y este puñado de ganas existan.
—Confía en mí —susurro antes de besarla despacio, calmando cualquier ansiedad.
Por primera vez quiero que cada letra de esa frase se cumpla. Aunque sé que no debe hacerlo. No soy de fiar.
Nuestras respiraciones se aceleran y sus suaves gemidos inundan todo el aire.
Tomándome mi tiempo, bajo mis ojos por su cuerpo. Me pierdo en su cuello, en sus pechos, en su estómago. Ella se revuelve bajo mi cuerpo y, poco a poco, va perdiendo el control. Verla correrse va a ser el mejor espectáculo del mundo. Aceleró mi ritmo, castigo su clítoris entre mis dedos y la veo jadear. Joder, que delicia de espectáculo.
Quiero que pierda el control. Quiero que el deseo y el placer y la excitación lo arrollen todo dentro de ella.
Ya la tengo desnuda , exactamente como quería, y pienso disfrutarlo.
Entreabro los labios y marco el ritmo acariciando su pezones que me fascinan, me enloquecen, me encienden más todavía. Le beso lento, despacio, dejando que mi lengua la encienda, la soliviante.
Sus gemidos se van trasformando en jadeos. Su respiración se acelera cada vez más. La mía también. Siento que voy a morir.
—¡Dios! —grita.
Yo sonrío orgulloso y, aprovechando esta punzada de placer, le inmovilizo las caderas con el brazo.
Acelero el ritmo y tiene un eco directo en su respiración. Su cuerpo se tensa. Está a punto de correrse, pero yo decido torturarla y, cuando está a un solo beso de llegar al orgasmo, me separo.
Ella gime frustrada. Yo sonrío encantado y, tras unos segundos, vuelvo a acariciarla, a chuparla.
Sus caderas luchan por alzarse. Está a punto de nuevo. Su cuerpo comienza a temblar, pero, cuando está aún más cerca que antes, vuelvo a detenerme.
Ella otra vez, gime fuerte, frustrada, con la respiración hecha un caos, y se lleva las manos a la cara. Yo sonrío de nuevo y, antes de que pueda decir nada, la beso con fuerza, profundo, cálido, llevando mis dedos justo a su sexo.
Ella grita. Pasea las manos por el vinilo del coche intentando sin ningún éxito encontrar algo a lo que aferrarse. Tira de mí pelo. Grito, la beso. Ella me muerde y sigue saltando encima de mi que no puedo más. Vuelvo a besarla, mis dedos se pasean hábiles por cada rincón .
Tiembla de nuevo.
Grita.
Y, cuando está a punto, le acaricio aún con más fuerza en el punto exacto y, sin que pueda controlarlo, un orgasmo la recorre entera, haciéndola vibrar entre mis manos y mi boca, haciendo que el placer la llene por completo, le haga sentir, la arrolle.
Joder, el mejor espectáculo del mundo.
Poco a poco voy ralentizando el ritmo de mis besos.
Ella sonríe tímida y yo la beso una vez más. Tengo la sensación de que nunca voy a cansarme de hacerlo. Quiero ir despacio, darle su tiempo, pero no puedo aguantar. Necesito acabar dentro de ella.
. Ella se deja llevar mientras yo lucho contra todos mis instintos para no embestirla con fuerza hasta partirla en dos. Queoro ser salvaje, ella me impone eso pero no es el momento ni el lugar. No tengo el tiempo ni las herramientas.
Su olor me envuelve. Me marea. No puedo pensar. Alzo las caderas y entro otra ve, implantando un rirmo frenético con un solo movimiento.
Ella grita y un gruñido atraviesa mi garganta y se escapa de mis labios.
Joder, es una puta locura.
Su cuerpo se revuelve sobre el mío y su respiración se acelera desbocada.
—Dios —gime sobrepasada con los ojos cerrados.
Y ahora mismo me siento invencible.
—Jade, mírame —le ordeno suavemente con la voz llena de placer y excitación.
Haciendo un esfuerzo inmenso, ella abre los ojos.
Suspira y esas dos únicas palabras parecen tener un efecto directo en ella.
—Belkan, no sabes —lloriquea algo que no entiendo y tiro de su pelo havia atrás con fuerza, me.clavo en ella como un animal que no puede más y se corre junto conmigo esta vez, jadendo —, no sabes como me gusta.
—Créeme —jadeo, no puedo ni hablar —, lo sé.
Bajo del coche y tomo la ropa que Rand tiene para ella. Ni siquiera Le pregunto como se le pudo escapar no quiero saber nada. Solo quiero aclarar con esto.
Todos vuelven a girarse hacia mí y la simpatía y la condescendencia con la que me miraban hace apenas unos segundos se transforma en recelo, pero también en respeto. Mis hombres saben que no tienen que desobedecer mis órdenes.
—Señor, ya es la hora —me informa Rand y asiento.
No quiero ver a nadie, solo quiero perderme en ella pero un trato re un trato.
Le paso un vestido y botas y quiero que lo use sin bragas, por eso renuncio a ellas. Mientras se viste nos ponemos en camino y aunque ella no sabe hacia dond vamos, yo sí.
—¿Dónde estamos?
Su voz dulce mira a nuestro alrededor cuando llegamos al sitio donde Colin nos espera, mi gente le la puerta y yo me bajo por la mía son responder a mi pregunta.
Ella en cambio es lista. Enseguida lo ve, enseguida entiende qué estamos haciendo aquí y me reclama entre sollozos t lágrimas que ya escapan de ella:
—Me has engañado. Es una trampa y fuiste tan miserable de follarme antes. He sido tan estúpida que doy asco.
No digo nada, simplemente tomo mi arma, la toma de la muñeca a ella y la pongo delante de él que sonríe viendo que tiene lo que quería, aunque todavía Jade está presa entre mis dedos que no la sueltan.
—Veo que has cumplido tu parte —murmura él, mirándola.
—Siempre cumplo mi palabra —reconozco.
La vida no suele ser de la manera que esperamos. Y de seguro, nada es como lo planeamos.
Pero a mi me gusta mucho reírme de la vida, y burlarme del destino.