Annie se despertó con el olor a tocino frito, su estómago retumbó y supo que se estaba muriendo de hambre. Echó hacia atrás las mantas, bajó las piernas de la cama y se sentó en el borde en caso de que tuviera una resaca. Se levantó y se sintió bien, sin golpes en la cabeza, sin retorcer el estómago, un cero a favor de Annie. Se vistió y fue al baño a refrescarse, una ducha caliente le serviría.
Su cabello se veía mucho mejor, ahora le ha vuelto a crecer hasta los hombros. Así que definitivamente se veía más linda que la cabeza a medio afeitar que lucía el año pasado. Humedeciéndose los dedos, corrió y se peinó el cabello, luego apretó pasta de dientes en su dedo y se frotó los dientes. Al menos no olerá a recién levantada. Ahora está lista para reunirse con Will y hacer las paces, eso creía. La noche anterior fue la primera de tantas que pasaron separados desde que ella se mudó con él.
Bajando a la cocina, se encontró con un alegre y alegre Alex, que estaba haciendo sándwiches con tocino y huevos y al lado una taza de café recién colado. Jake no estaba a la vista.
—El hombretón yace en la cama, no puede mover la cabeza y estuvo enfermo toda la noche. Claramente no le gusta el tequila tanto como pensaba, pero tú, querida, te ves increíble. Así que puedes regodearse con él todo el día si quieres—.
—Bastante tentador, pero lo pospondré hasta que venga de trabajar. Me encantaría comerme un sándwich si no te importa, se ven demasiado buenos, y luego iré a ver a Will. Creo que tendré que suplicar un poco, ya me hace mucha falta—.
—Bueno, simplemente no pidas demasiado perdón y recuerda que él también tiene la culpa, así que déjalo que suplique también—. Alex le entregó un sándwich hecho con dos gruesas rebanadas de pan recién horneado y su gran taza de café.
—Gracias, Alex, sabes cuidar a una chica, se puede notar—. Lo recibió riéndose un poco.
Él se echó a reír. —Sí, claro—. Alex miró hacia las escaleras. Annie se puso de puntillas y lo besó en la mejilla. Cuando se dio la vuelta para irse, él la llamó, en su mano sostuvo su teléfono que ella no sabía dónde lo había dejado.
— ¿Dónde lo encontraste? —. Replicó Annie.
—Debajo de uno de los taburetes de la barra, debe haberse caído de tu bolsillo, así que lo atrapé—.
Ella le dio las gracias con una gran sonrisa y salió de la casa para subirse al coche e ir a buscar al hombre de sus sueños, al amor de su vida.
Seguidamente y camino a buscar a Will, Annie se hacía miles de preguntas tratando de entender lo que había pasado con Will y por qué sucedían y pasaban esas cosas así. Luego de andar unos kilómetros llegó a la casa de Will y aparcó en el mismo lugar de siempre.
A ella le gusta el lugar donde viven, definitivamente era un sueño hecho realidad, es tan hermoso, un lugar cálido y muy tranquilo. Siempre le había seducido la idea de vivir en una casa de campo con una veranda cubierta de rosas rojas perfumada y madreselva alrededor de la puerta, y su casa lo tenía todo, tal cual lo había soñado en algún momento.
La ilusión de volver cada día a esa casa la hacía regresar más rápido con Will.
Por eso Annie esperaba que Will todavía estuviera en la cama para poder trepar hasta él y demostrarle cuánto lo sentía, lo mucho que se sentía de arrepentida y quería solucionar las cosas, que todo el mal entendido quedara atrás. Quería abrazarlo y besarlo hasta que se pudieran arreglar las cosas entre ambos.
Así que corrió por el camino de grava y sacó una llave de su bolsillo, ella suele tener la llave siempre a la mano. Pero notó que la puerta estaba medio abierta, lo que no se parece en nada a Will, él no la dejaría así por ningún motivo, por muy policía que fuera siempre estaba atento a cerrar muy bien la casa.
Su frase de la corona en la puerta es: "Cierra la puerta de la casa o la perderás", el lema de la policía para combatir los robos, se dicen entre ellos una clave que solo ellos entendían. Siguió y terminó de abrir la puerta y entró.
Pudo sentir al entrar que la casa estaba muy extraña, algo notaba que la hacía tener esa corazonada de que algo andaba mal. Al haber notado lo de la puerta la hacía pensar de inmediato que eso no estaba bien qué no era normal. Llegó a pensar que de repente se habían metido ladrones a la casa por lo que tendría que estar precavida de algún movimiento rápido. Por lo que veía con cautela todo el lugar y cada cosa de la casa.
Lo que sí pudo notar al instante es que había olor a cerveza rancia en el aire, de eso no cabía la menor duda, de que Will cuando tomaba todo el tiempo olía así su casa, de repente, la mirada de Annie se posó en la mesa de la entrada, y en la fotografía boca abajo de ella y Will, le parecía un poco extraño, pero podía entender que estaba molesto y por eso pudo haber hecho eso. Aunque no había sentido nada parecido desde que dejó a Mike, ese sentir que la caracterizaba cuando algo no andaba bien, algo le decía y sabía que andaba mal.
Llámenlo intuición femenina o instinto policial, cualquiera de las dos opciones pueden servir, pero de que pasaba algo extraño, pasaba. Las mujeres de por sí suelen tener ese palpito en su corazón que muy poco se equivocan. Así que de repente, hubo un fuerte ronquido en la sala de estar, y Annie se obligó a seguir ese camino del sonido tan fuerte, no podía creer que Will roncara tan fuerte, pero como había tomado tanto de repente sí que podía ser él. Normalmente los hombres cuando toman demasiado y duermen boca arriba roncan de tal manera que pudieran despertar a todo un vecindario.
No estaba segura de lo que esperaba ver, pero definitivamente no, Will durmiendo junto a Laura casi desnuda, sus ojos se agrandaron como un bombillo al encender, Laura quien colocó su mano sobre el pecho de su hombre y envolvió sus piernas alrededor de él, se podía ver que estaban muy cómodos acostados el uno al lado del otro. Por un segundo el dolor que atravesó el corazón de Annie la hizo jadear con fuerza, se le hizo un nudo en la garganta que podía hasta vomitar, los nervios no los pudo controlar quería caerles encima y se imaginó la peor de las escenas que podía haber hecho durante toda su vida.
En el fondo de su corazón, lo que más temía era que la relación que tanto quería terminara de esta manera, no lo podía creer. Ella logró olvidarse de su reputación de mujeriego porque Will ha cambiado desde que se enamoró de ella, pero encontrarlo así no la hacía pensar en otra cosa mejor.
En cuestión de segundo las lágrimas brotaron de sus ojos, y por más que quisiera agarrar a la esbelta rubia Laura por el pelo, sacarla del sofá y ponerla desnuda en la calle, no podía hacerlo. Will le susurró algo al oído a Laura, y Annie se dio la vuelta para salir corriendo de la casa y desaparecer de su vida para siempre, pero tropezó con sus zapatos sueltos y se golpeó contra la pared. Los ojos de Will se abrieron de golpe y miró en su dirección un poco confundido. Annie lo miró, ordenando sus pensamientos con muchas lágrimas en sus ojos, luego se devolvió y se fue, cerrando la puerta, no podía estar allí más ni un segundo, no podía seguir viendo tan terrible escena.
Mientras tanto Will sintió un calor corporal junto a él y se volteó, sorprendió pego un salto al ver a Laura al lado de él casi desnuda. —No, ¿Qué es esto?, Laura por Dios, ¿qué haces aquí? —.
La apartó lanzándole un gran golpe y Laura rodó del sofá sobre la suave alfombra. Will luchó por ponerse de pie, mareado y su cabeza dando punzadas una tras otra. Su estómago se apretó y su boca se llenó de bilis. No obstante, corrió hacia la puerta principal, notando un marco de imagen que había derribado anoche y estaba demasiado borracho para molestarse en levantarlo.
El fuerte chillido de los frenos cuando el coche de Annie se alejó fue suficiente para tirarlo directamente al suelo. Dejando de vomitar, abrió la puerta para asegurarse de que era el auto de Annie y que no estaba sentada afuera. Ella se fue hace mucho tiempo, y él se paró en el porche y le suplicó mentalmente que regresara, agarrándose la cabeza del dolor tan fuerte que sentía. Se devolvió para entrar y notó que su vecino anciano lo estaba mirando al otro lado de su casa. Will recordó que casi no tenía ropa, su cabello no pintaba muy bien y sus ojos rechinaban con el sol de la mañana. Lo siento, señor Jones. Regresó a la casa y cerró la puerta detrás de él.
Por su parte Laura estaba parada en el pasillo, ya vestida y medio acomodada.
—Tengo que irme, ¿podrías llamarme un taxi? Mi teléfono está muerto, y no conseguí como cargarlo—. Le dijo Laura un poco aturdida.
Will le señaló el teléfono junto a la fotografía al revés. —Llama tú misma. Qué horror es esto, qué hice. ¿Qué estabas pensando? ¿Qué estaba pensando yo? No sé qué pasó—. No se atrevió a responder a sus propias preguntas, estaba demasiado confundido como para poder recordar todo en ese momento.
—No lo sé, no lo recuerdo. Ella sacudió su cabeza—. S ele podía notar el cinismo que tenía al decir esas cosas.
—Llama a un taxi y espera afuera por favor, puedes cerrar la puerta al salir si eres tan amable—. Will fue a la cocina a buscar agua y cuatro tabletas de paracetamol. La resaca a su edad ya no es tan divertida, y simplemente arruinó su vida como un rey. Quería llorar, pero en cambio tomó un rollo de toallas de papel para limpiarse el vómito. Después de ordenar un poco el sofá, subió a dormir. Marcó el número de Annie, pero fue directamente al buzón de voz, todo le había salido muy mal.
Incapaz de hacer otra cosa, Will cerró los ojos y se sumió en un sueño profundo, en el que no rompió el corazón de su amada mujer y no arruinó toda su vida. Su cabeza aún le daba vueltas por tanto alcohol de la noche anterior.
Pero de repente escuchó un ruido, se levantó y miró a su alrededor, pensó en que podría ser Annie que habría regresado o tal vez era Laura que olvidó algo y se regresó a buscarlo. No vió ni escuchó más nada, así que se volvió a acostar y cerró sus ojos tratando de quedarse dormido de nuevo. Tenía que levantarse sin que le doliera la cabeza por lo menos, porque ya el corazón podía sentir que se le había quebrado en dos.
Tuvo un sueño repentino, soñaba que veía a Annie llegar de nuevo a casa en un camión, y que de repente chocaba con la sala dejando un gran hoyo por toda la pared. Veía que Annie se bajaba del camión y comenzaba a lanzarle objetos de su propia casa. No entendía porque ella lo hacía hasta que alguien le gritó muy fuerte, y sobresaltado se levantó de la cama corriendo a la sala para ver si no era un sueño lo que había tenido.
Lo que vivó Will esa mañana no se le iba a olvidar jamás. Ver como Annie salía de su casa hecha un mar de lágrimas no se lo perdonaba. Recordó cada momento vivido con ella, cada situación vivida cada sonrisa, cada lágrima y cada logro que lo hacía pensar mucho más en lo que había hecho. Aunque no recordara muy bien qué era lo que había hecho saber que ella estaba tan triste y llorando pudo analizar que ella se sentía mal.
Tenía que estar muy bien de la cabeza para pensar en qué le diría al volver a verla, él creía que eso sucedería y que Annie lo podría escuchar. Podría entender qué estaba demasiado borracho y no se acordaba de nada absolutamente nada. Tenía que también preguntarle a Laura que era lo que había ocurrido esa noche. Tenía que convencerla de que le dijera la verdad a Annie para que no arruinara su relación con ella.
Will tenía mucho por hacer y decir a Annie, no iba a ser tan fácil hablar con ella en esas circunstancias podía entender lo mal que podía sentirse ella así que se durmió y dejo que su cabeza se recuperara por completo antes de ir a cometer otra locura de la que se pudiera arrepentir, ya tenía suficiente con este golpe bajo.