El olor de botas de goma nuevas y el golpe de suelas de gran tamaño en el asfalto en el patio de recreo hicieron que Ella parada allí se sintiera segura. Le recordó los días en que ella misma jugaba los clásicos, y lo único que le preocupaba era si entraría en el equipo rojo o verde el Día del Deporte. Nadie quería estar de amarillo o azul.
— Señorita, señorita... Billy tomó mi pelota que rebota—.
Ella suspiró y se volvió para lidiar con el primer drama del día. Sonrió a la niña de seis años con el pelo rojizo y unas pecas dispersas en el puente de la nariz. A Rosie Garnett le encantaba contar historias sobre su madre. Ella miró a Billy, cuya expresión hosca la obligó a esconder apenas una sonrisa.
— Vamos, Billy, dale la pelota. Rosie, estoy segura de que solo quería jugar contigo, ¿no es así, Billy? —
Billy extendió su manita regordeta. Escondida en su puño cerrado había una pequeña bola verde brillante. Abrió los dedos y se lo entregó a Rosie, quien le sonrió con tanta dulzura que Ella hizo una mueca, un gesto de amabilidad.
Seguidamente Rosie corrió tras la pelota que rebotaba que acababa de lanzar a través de la cancha mientras Billy esperaba que la regañaran. Pero Ella le acarició la cabeza, si todas las estudiantes fueran así dónde estaríamos.
De repente hubo un grito agudo que la congeló hasta la médula. Había sucedido algo muy malo y tenía miedo de darse la vuelta y mirar. Pero el instinto se hizo cargo, tenía que hacerlo porque estaba rodeada de niños, se dio la vuelta y enseguida corrió en la dirección del grito.
Un largo grito con una nota alta, como el estridente aullido de una alarma de incendio, así parecido era el sonido, un sonido que llegó desde el cementerio adyacente a la escuela. Ella, acompañada por la señorita Smith quienes estaban más cerca, corrió hacia la puerta que conducía a los terrenos de la iglesia y vio a Rosie parada con la boca abierta y haciendo un ruido terrible, señalando lo que para ella era un cuerpo de alguien acostado allí.
Ella corrió hacia el lugar para ver qué pasaba, la niña no parecía herida, para pensar que esa persona le pudiera haber hecho daño. Ella agarró a Rosie y la sacudió suavemente para detenerla. Rosie la miró fijamente, levantó un dedo meñique y señaló ese cuerpo que aparecía allí acostado.
Ella miró de cerca y sintió que su corazón se saltaba un latido. Una mujer desnuda yacía en una de las tumbas. Sus ojos sin vida le dijeron todo a Ella, y atrajo a Rosie hacia ella, la abrazó,, tratando de ocultarle sus ojos y que no viera más el c*****r, y suavemente se alejó de la terrible vista. Tomando a su pupila en sus brazos, la llevó hasta la señorita Smith, que estaba de pie con la mano sobre la boca. No se atrevió a salir por la puerta. Sentía que podía desmayarse en cualquier momento.
—Lleva a los niños a la escuela hasta sus salones y llama enseguida a la policía—. La señorita Smith asintió con la cabeza y, quitándole a la niña, empezó a hacer sonar el silbato, dejando claro que se acabó el tiempo de los juegos y debía regresar a sus aulas, recogiendo a todos los niños que por allí se encontraban.
Ella se quedó bloqueando la puerta para que nadie pudiera mirar adentro hasta que todos estuvieran reunidos y se dirigieran de regreso a la escuela.
Cuando el último niño entró al edificio y asegurándose de que nadie había quedado por allí, se dio la vuelta y se acercó a la mujer acostada. Tenía que comprobar si tenía pulso, y aunque Ella nunca había visto c*******s más que en la televisión, estaba bastante segura de que era uno de ellos. Su estilo así lo daba a conocer, ya estaba pálida, su rostro indicaba un fin a su vida.
Se acercó cautelosamente a la tumba, tratando de no pisotear nada, ni tocar mucho que pudiera servir como prueba. Ella había leído suficientes thrillers sobre crímenes y comprendió lo importante que es tener cuidado en la escena del crimen, tenía que ser muy cautelosa.
Inclinándose, presionó dos dedos en el cuello de la mujer para controlar su pulso. Su piel estaba helada y Ella se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo desde la última vez que respiró. Por lo menos una noche debió haber pasado el c*****r allí. Ella no pudo hacer nada por la chica allí acostada, lamentaba ese incidente, no podía creer tal hecho y el lugar dónde se había encontrado.
El verde brillante de la pelota que rebotaba de Rosie contrastaba fuertemente con la piel jaspeada azul y blanca de la mujer. Descansó en el hueco de su brazo doblado. Ella dudaba que Rosie pudiera volver a mirar la pelota de goma. Reflexionando con tristeza sobre quién podría ser esta mujer, regresó a la pequeña puerta negra de hierro fundido para esperar a la policía y, a juzgar por el aullido de la sirena, estarían aquí muy pronto, los oficiales de la zona eran responsables y llegaba siempre a tiempo ante un llamado.
El Sr. Michaels, el director, irrumpió por la puerta estrecha que conducía al pasillo, donde había una multitud de niños, y se enredó en una red de manos y cuerdas para saltar. Al verlo a través de las grandes puertas de cristal del patio, Ella tuvo que darse la vuelta para que él no viera la sonrisa en su rostro. Era completamente inapropiado, pero este hombre era increíblemente molesto para ella. Al verla caminó hacia ella. Con voz preocupante dijo:
— ¿Estás segura de que la mujer está muerta y no es solo una vagabunda sin hogar drogada que se acostó a dormir en la iglesia por la noche? Debemos estar completamente seguros antes de decir cualquier otra cosa—. Las habitantes de por ahí estaban acostumbrados a ver ese tipo de personas cuando caminaban deambulando por las calles sin zapatos y muchas veces drogadas, por lo que casi siempre se conseguía uno que otro de ese estilo.
Ella trató de no poner los ojos en blanco y negó con la cabeza, ese comentario había sido tan fuera de lugar. Trato de no prestarle mucha atención, pero continuó.
—Bueno, no soy un especialista, Sr. Michaels, pero si la mira por sí mismo, verá que ha estado muerta durante mucho tiempo, o un largo rato diría yo. Aunque no sé si debería ir usted allí, es un poco peligroso—.
Él la ignoró lo que Ella había dicho y pasó caminando. Ella miró y se preguntó si él iba a pisotear la escena del crimen, como le gustaba pisotear los sentimientos de otras personas, pero no debería haberse preocupado. Miró la tumba y el color se desvaneció de su rostro. El Sr. Michaels no era el mismo, tal vez su rostro transmitía dolor o miedo.
— Dios mío, ¿cómo sucedió esto, e incluso en la iglesia? Hasta dónde ha llegado esta sociedad de hacer semejante locura—. Quien podría pensar que aparecería en una iglesia como si hubiese sido a propósito de alguien que quería jugar una broma o tal vez de algún loco desalmado.
Ella se encogió de hombros, no tenía respuestas a tan larga pregunta. Solo un sentimiento de tristeza desesperada por esta mujer, quienquiera que fuera, en exhibición, era mujer como ella y eso la hacía sentir un poco torpe y triste a la vez. Ella exhaló un suspiro de alivio cuando dos policías irrumpieron en el pasillo y se acercaron a donde ella estaba parada.
Ella señaló la tumba y se alegró de ver al Sr. Michaels regresar al sitio con una cara en llamas. Parecía un chico al que pillaron espiando a chicas en el vestuario. Y eso que ella le había dicho con anterioridad que no era buena idea que fuera hasta allí.
El primer policía hizo un sonido ahogado con la garganta, y les pareció a todos que decía "Laura", el segundo entró por la verja y, llevándose la mano a la boca, murmuró: —Dios mío ¿Qué es esto? No puede ser—. Los dos estaban anonadados por lo que acaban de ver. No lo podían creer. Sus rostros cambiaron a un tono pálido casi transparentes.
Por lo que acaba de ver Ella, se dio cuenta de que esta mujer era alguien que ambos conocían, sus expresiones así lo demostraban. Le temblaban las piernas, tenía la cabeza nublada, parpadeó varias veces, tratando de aclarar sus pensamientos, pero debería haberse sentado antes de perder el conocimiento.
Apoyando la espalda contra la áspera pared de ladrillos rojos, sintió que comenzaba a deslizarse hacia abajo, su nueva chaqueta de punto se aferraba a todos los ladrillos ásperos hasta que estuvo en el suelo.
Qué vergüenza, se sentía como una idiota, pero luego miró a los dos policías y no se veían mucho mejor. Hubo muchos gritos en las radios unidas a la armadura de cuerpo amarillo brillante que llevaban. Ella cerró los ojos. A través de su entumecimiento, escuchó las palabras —ambulancia, investigación criminal, foxtrot—, pero las últimas palabras pronunciadas por el grande de los dos hombres la perseguirán para siempre mientras duerma.
—Esta es nuestra Laura, me refiero a la detective de policía Laura—. Sin muchas palabras de aliento ella podía entender todo lo que ellos querían decir. Lamentaba tan trágica muerte de la chica. Sin duda alguna que era un gran impacto para ambos. Todos los que hablaban por la radio se escuchaban de igual forma, una desesperanza y molestia a la vez se podía escuchar entre sus compañeros.
Dudaba que de ahora en adelante ese episodio se le borrara tan fácil de su mente. Es más, tendría que buscar ayuda profesional para poder dormir tranquila. Sus noches no iban a hacer igual. El rostro y lo que acaba de vivir era un episodio traumático.
¿Por qué una chica oficial tendría que aparecer así de esa manera? Era otra pregunta que se hacía Ella.
Recordó un episodio en su vida en la que por donde ella vivía encontraron a alguien así, pero no era en una iglesia ni un cementerio pero si por una zona montañosa. Encontraron a un hombre muerto, sin muchos rasgos de crueldad. Ese momento lograron encontrar al culpable, ella esperaba que en este caso lo pudieran hacer de igual forma.
No era justo que pasaran este tipo de cosas en un lugar tan tranquilo, cerca de una escuela, donde los niños salen a jugar en el patio y cuando ven algo raro su curiosidad los hace hacer locuras.
Comenzaron a llegar ambulancias, carros de oficiales uno tras otro, sin duda que era alguien muy conocida por muchos en esa estación. Unos llegaban llorando, otros corriendo hasta el lugar no podían creer lo que estaban viendo.
Era un escenario cruel, lleno de incertidumbre, el viento comenzó a sonar como si se avecinara una tormenta o algo así. De repente comenzó a agruparse una gran nube gris en el cielo, todo era muy raro.
Cuando los oficiales le colocaron la sábana blanca encima de la chica un trueno se produjo, comenzaron a caer algunas gotas de lluvia y todos comenzaron a correr ante lo que se aproximaba que era una fuerte lluvia.
Los niños dentro de la escuela comenzaron a gritar, los docentes tenían que pensar en hacer algo que los calmara. Todo se tornó muy extraño.
Cuando de repente a lo lejos de la iglesia se cayó un gran árbol como en cámara lenta. De la nada comenzó a caer hasta que se desplomó. ¿Tendría que ver eso con la muerte de la chica? ¿Habrá alguien cerca que está haciendo esas maldades?
Bueno, nadie en ese momento tenía esas respuestas que Ella se hacía. Debía esperar a ver hasta que hicieran todo el protocolo del levantamiento del c*****r que lograra saber más al respecto. Una vez pasó un poco la lluvia Ella se fue caminando hacía la escuela.
Allí adentro había un desorden total con el bullicio de los pequeños, los maestros preocupados y preguntando que debían hacer ante tanta locura. Ya todo había quedado bajo las autoridades y ellos se dispondrían a resolver todo. Por su parte Ella tenía que comenzar a ordenar la escuela.
Con la cantidad de niños presentes se iba a llevar un buen rato poder organizar todo el escandalo armado. Comenzó por llamar a parte a los docentes, explicarles un poco lo que había sucedido, y lo que debían hacer de ahora en adelante.
Ya las horas del recreo en el patio no podían ser las mismas, y los docentes tenían que estar más pendientes de sus alumnos en ese momento de recreación. Una vez dio las instrucciones los docentes comenzaron a tranquilizar a sus alumnos. La tormenta estaba más cerca y debían calmarlos antes de que eso sucediera.
Algunos padres y representantes comenzaron a llegar a medida que los rumores comenzaron a llegar por todo el lugar. Temían que sucediera otra cosa extraña y temían por tener a sus niños muy cerca del lugar donde ocurrió tal hecho. No podían dar nada por sentado así que comenzaron a retirar a sus hijos.