Capítulo 18: El umbral de la verdad
El eco de la explosión aún resonaba en los túneles cuando Ariadna, jadeante, guio la cápsula criogénica de su madre por el estrecho corredor. A su lado, Cloe temblaba, pero no decía una palabra. Las luces de emergencia parpadeaban en rojo, y el suelo vibraba con los pasos lejanos de algo que se movía... algo que los buscaba.
Detrás de ellas, el túnel se desplomó parcialmente, sepultando la entrada por la que habían huido. No había marcha atrás.
—Tenemos que seguir… —dijo Ariadna, apretando los dientes, arrastrando la cápsula sobre los rieles de evacuación.
Una compuerta oxidada marcaba el final del túnel. La palabra **“RESTRICTED”** estaba pintada en rojo con letras desgastadas. Junto a ella, un lector de retina.
Ariadna se acercó con el corazón palpitando. Su padre debió pasar por allí. No había otra explicación. Se quitó el guante y acercó su ojo al escáner.
Un pitido.
Luego, el sonido del metal cediendo.
La puerta se abrió con un chirrido prolongado.
El interior estaba a oscuras… salvo por el resplandor verdoso de una sala gigantesca, oculta bajo la tierra.
**Un segundo laboratorio.**
Las paredes eran de acero, las columnas estaban reforzadas, y en el centro se elevaba un núcleo de energía custodiado por vitrinas con cápsulas… y cuerpos.
Ariadna se acercó a una de ellas.
Dentro, un cuerpo humano… ¿o lo que quedaba de él? Los ojos abiertos, negros, la piel corroída, y los brazos conectados a cables como marionetas de un titiritero macabro. Una etiqueta titilaba sobre el cristal:
> **Sujeto: Gama-7.
> Estado: Fusión incompleta.
> Origen: Voluntario militar.
> Resultado: hostil.**
—Dios mío… —susurró Ariadna.
Entonces, una puerta lateral se abrió lentamente, y una figura emergió de la sombra. La linterna de Ariadna tembló cuando apuntó hacia él.
Era un hombre delgado, de rostro demacrado… con ojos intensos y hundidos. Llevaba un uniforme gastado. Y algo en él le resultó dolorosamente familiar.
—Ariadna… —susurró la voz.
—¿Papá?
Cloe dio un paso atrás.
El coronel César Vega estaba vivo. Pero no era el mismo hombre de las fotos. Había algo roto en él… una frialdad distante, como si la humanidad se le hubiese escapado por las venas.
—No debiste venir aquí —dijo él—. No aún.
Ariadna lo miró con rabia y alivio mezclados.
—¿Qué es este lugar? ¿Qué hiciste?
El coronel la observó con una mezcla de culpa y resolución.
—La humanidad está condenada. Yo intenté salvarla. Intenté salvarlas a ustedes. Pero nadie entendió el precio. Este laboratorio… es lo que queda del Proyecto Prometeo. Lo escondí porque era demasiado peligroso. Incluso para el gobierno.
—Experimentaste con personas —espetó Ariadna—. ¡Con mi madre!
—Tu madre era voluntaria —dijo él—. Nos ayudó… hasta que todo se descontroló.
—¡La encerraste en criostasis!
—Para salvarla. El virus la estaba corrompiendo. Si no lo hacía, habría muerto… o algo peor.
Las palabras quedaron suspendidas, hasta que un temblor hizo vibrar el suelo.
Una alarma se encendió.
> **“Sujeto Omega activo. Contención comprometida.”**
El coronel palideció.
—No… no puede ser… ¡aún no!
Un rugido, profundo y visceral, resonó en el subsuelo. Las cápsulas temblaron. Algunas comenzaron a agrietarse. Y entonces, del núcleo del laboratorio, surgió **ÉL**.
Una criatura de casi tres metros, humanoide, con placas óseas deformes, ojos múltiples y brazos que parecían cuchillas vivas. Era una fusión de varios cuerpos. Un experimento final.
> **Sujeto Omega.
> Estado: Instinto puro.
> Capacidad: Asimilación biológica.
> Peligro: Extremo.**
Cloe gritó.
—¡Atrás! —ordenó Vega, sacando una vieja pistola de energía.
Disparó una, dos veces, pero la criatura apenas se estremeció. Ariadna tomó a Cloe de la mano y corrió hacia los pasillos traseros, mientras el coronel intentaba distraer al monstruo.
Ariadna gritó:
—¡Ven con nosotras!
—¡No! ¡Llévense a Camila! ¡Yo lo detendré!
—¡No puedes solo!
—¡VÁYANSE!
Ariadna obedeció, corriendo por el corredor oscuro mientras el rugido del sujeto Omega crecía como una pesadilla viva. El horror se sentía en cada paso.
Encontró una sala de evacuación. Allí, una cápsula de transporte subterráneo. Ariadna colocó a su madre dentro. Cloe lloraba. Ariadna la abrazó fuerte.
—Tenemos que sobrevivir. Por papá… por mamá.
Activó el sistema.
Justo cuando la cápsula se cerraba, el techo retumbó. A lo lejos, un estruendo indicó que la criatura había alcanzado a Vega.
Pero antes de que el portón se cerrara por completo… una figura se arrastró al interior.
Un mutado.
**Uno de los primeros sujetos.**
Se lanzó hacia ellas con un chillido agudo. Ariadna forcejeó, tomó una barra metálica y lo golpeó. Pero no se detenía.
Entonces, algo inesperado ocurrió.
Cloe, con lágrimas en los ojos, extendió su mano hacia la criatura… y esta se congeló por completo, como si una fuerza invisible la hubiera paralizado.
Ariadna miró a su hermana.
—¿Qué hiciste?
Cloe bajó la mano, temblando.
—No lo sé… solo quería que parara…
Silencio.
La cápsula descendió en picada por los raíles subterráneos, alejándolas de todo… o quizás, llevándolas directo al infierno, nada esta escrito aún pero algo si era cierto y es el miedo tangente que llega toda esa situación extrema para unas simples prácticamente niñas que a duras penas están haciendo por sobrevivir por sus propios medios mientras que cada vez se dan cuenta que su padre esta implicado en lo mas mínimo, y de cierta forma endurece el corazón de Ariadna que no se a su padre de la misma manera después de lo que ha tenido que vivir los últimos días.
Su corazón golea con fuerza su pecho con ganas de querer salir de allí y los nervios la consume lentamente solo espera ser tan buena para proteger a su pequeña hermana de las cosas que se aproximan, el principio del fin...