Capítulo 15: Ecos de Olimpo

1002 Words
Capítulo 15 – Ecos de Olimpo La tormenta eléctrica rugía en el exterior, iluminando con destellos fantasmales la entrada oxidada del complejo “Olimpo”. Ariadna se detuvo un instante, con Cloe dormida entre sus brazos y la cápsula donde yacía Camila avanzando sobre su plataforma motorizada. Lucien no estaba. Las palabras que le dejó antes de sacrificarse aún ardían en su memoria. El umbral del búnker se abría como la boca de una bestia dormida, imponente y silenciosa. —Adelante —susurró Ariadna, más para sí que para su madre—. Ya estamos aquí. Dentro, el aire era más seco que en Kappa. Las paredes estaban reforzadas con una aleación metálica distinta, brillante, casi nueva. Había luz de emergencia, un generador en funcionamiento… y algo más. Cámaras activas. Monitoreo en tiempo real. Estaban siendo observadas. Ariadna avanzó con cuidado, sujetando su linterna con firmeza mientras la cápsula avanzaba sobre sus rieles de transporte. El pasillo principal se bifurcaba hacia distintas secciones, cada una marcada con nombres griegos: *Hefesto*, *Hera*, *Atenea*… y *Zeus*, una zona sellada con un bloqueo digital rojo. De pronto, una voz mecánica resonó en los altavoces. > "Bienvenida, Ariadna Vega. Su acceso ha sido aprobado. Activando protocolo de ingreso Alfa." Ella se tensó. —¿Cómo saben mi nombre? Las puertas se abrieron solas con un chirrido hidráulico, revelando una sala redonda, repleta de pantallas gigantes y mesas táctiles. En el centro, una figura la esperaba: una mujer de cabello plateado, bata blanca impecable y una expresión serena pero afilada como un bisturí. —Te pareces a tu madre —dijo la mujer sin moverse—. Aunque eres más temeraria. Ariadna alzó su arma. —¿Quién eres? —Doctora Thalía Mersenne. Supervisora del Proyecto Olimpo… y ex compañera de tu padre. Pero me temo que llegas tarde, Ariadna. Camila Vega fue la clave… pero tú eres el desenlace. Un escalofrío recorrió la espalda de Ariadna. —¿Qué le hicieron a mi madre? Thalía se acercó a la cápsula con un gesto de afecto extraño, casi reverencial. —Camila se ofreció. Fue la única voluntaria verdadera. El virus no la mató. Lo trascendió. Nosotros… lo perfeccionamos con ella. —¿La convirtieron en una de esas criaturas? —No. La convirtimos en lo que vendrá después de ellas. Ariadna sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies. —Eso no es posible… Cloe, despertando de su sueño, se aferró a su hermana. —Ari… tengo frío. —Ya va, pequeña —murmuró Ariadna, intentando contener el miedo. En las pantallas, comenzaron a desplegarse grabaciones del Proyecto Olimpo. Varios sujetos eran mostrados evolucionando más allá del estado mutado: velocidad, fuerza, inteligencia… algunos incluso podían controlar a los infectados menores. —Camila fue el primer sujeto que resistió la fusión completa con el “Vector Ónix”. Sus células generaron anticuerpos… y algo más. Un patrón genético imposible de replicar. Hasta que tú naciste. La doctora la miró directamente. —Tú eres la heredera del umbral. El siguiente paso. Y ahora que estás aquí, podemos comenzar. Ariadna retrocedió, alzando su arma. —No pienso ser parte de esto. Pero antes de que pudiera disparar, las luces se apagaron. Una sirena aguda y grave estalló por los altavoces. > “Falla de contención en Ala Zeus. Sujetos Alfa liberados. Procedan a evacuación inmediata.” Un temblor sacudió el suelo. La doctora no se movió. Sonrió. —Llegaron antes de tiempo. Ariadna, sin pensarlo, tomó la cápsula de su madre y a Cloe, y corrió por el pasillo contrario. Detrás, el rugido de algo inhumano llenó el aire. Las compuertas explotaban una tras otra. Y entonces los vio. No eran mutados comunes. Eran humanos... modificados. Altos, rápidos, ojos negros como el abismo. Híbridos. —¡CORRAN! —gritó, empujando la cápsula hacia un montacargas de mantenimiento. Las luces parpadeaban. Uno de los híbridos saltó por encima del pasillo y cayó frente a ella. Ariadna disparó sin pensarlo. El proyectil atravesó su pecho… pero no cayó. Sonrió con dientes afilados. Cloe gritó. Fue Camila quien los salvó. La cápsula comenzó a vibrar. Alarmas internas se encendieron. El vidrio estalló desde dentro y, por primera vez en años, Camila Vega abrió los ojos. Brillaban como brasas azules. —¡Mamá…! —susurró Ariadna, paralizada. Camila se incorporó. Desnuda, cubierta de fluidos criogénicos, dio un paso adelante. El híbrido se abalanzó sobre ella… pero con un movimiento seco, lo detuvo, clavándole una mano en el pecho. Lo dejó inerte con un gesto. —No les harás daño —dijo Camila. Su voz resonó con un eco extraño, poderoso. Ariadna lloró, incapaz de comprender del todo lo que estaba viendo. —¿Qué… qué eres? Camila la miró con dulzura, y también con tristeza. —Soy tu madre, Ariadna. Pero también soy… lo que no debí haber sido nunca. Detrás de ellas, más híbridos comenzaron a llegar. Camila se volvió. —Llévala, Ariadna. Hay una ruta de escape en el Ala Hermes. Yo los alcanzaré. —No pienso dejarte. Camila la tocó en la frente. —Eres fuerte. Más de lo que yo fui. Sobrevive. Protege a Cloe. Y con eso, se lanzó contra los híbridos que llegaban, desatando un combate sobrehumano en el corredor. Ariadna no tuvo opción. Tomó a Cloe en brazos, empujó la cápsula vacía a un lado, y corrió. Otra vez. Otra huida. Pero ahora… con esperanza, y también con miedo por lo que su madre se había convertido, ella siempre tuvo la certeza de que su padre se involucraba en cosas secretas pero esto habia sobrepasado toda cosa ya y que tuviera a su madre allí eso da mucho que pensar de lo que ahora se ha convertido su progenitor pero solo espera que nada de esto ocasione el fin del mundo por completo porque allí ya dejaría de ser su hija aunque sea moral. Y en su corazón, una sola certeza: la guerra apenas comenzaba. Ella no esta lista para lo que viene...
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