Capítulo 12 - Húida hacia Kappa
El chirrido de la puerta automatizada retumbó en el corazón del laboratorio, y con él, el eco de la alarma invadió los pasillos como un rugido de advertencia. Ariadna sujetó con fuerza la mano de Cloe mientras Ferrer, con su rostro tenso, apuntaba al pasillo con su arma.
—Nos encontraron. Ya vienen.
—Debemos salir. Ya —dijo Ariadna, apretando los dientes.
Guiados por el mapa digital que había emergido en el terminal del laboratorio, tomaron una salida lateral, un pasillo de mantenimiento que descendía en espiral. Las luces de emergencia parpadeaban en rojo, lanzando sombras danzantes sobre los rostros sudorosos y decididos.
Detrás, un chillido inhumano perforó el aire. Las criaturas mutadas ya estaban en movimiento.
Los pasos resonaban sobre el metal viejo. Cloe jadeaba, pero no soltaba a Ariadna. Ferrer se detuvo un segundo para cerrar una compuerta tras ellos, bloqueando el acceso inmediato, pero no sería suficiente para detenerlos por mucho tiempo.
El pasillo desembocó en una sala de control secundaria, iluminada por pantallas rotas y cables colgantes. En una de las consolas, titilaba un mensaje:
> **"ACCESO A NODO KAPPA: Activar tren de emergencia. Autorización: Nivel 4"**
Ferrer maldijo. —No tengo ese nivel.
Ariadna miró el pendrive que colgaba de su cuello. Lo conectó al panel. La pantalla tembló, y tras unos segundos de tensión, el sistema aceptó la autorización.
> **"Tren de emergencia en ruta. Estación Kappa en 12 minutos."**
—Vamos —dijo ella, empujando a Cloe al interior de un vínculo de carga que llevaba directo a los rieles subterrameos.
El tren era un modelo militar, corto, blindado, sin ventanas. Se cerró automáticamente tras ellos. Cuando arrancó, el rugido metálico del motor apenas logró cubrir los golpes que las criaturas daban contra la puerta que habían dejado atrás.
Durante los primeros minutos, el silencio se apoderó de todos. Ferrer revisaba su munición. Ariadna envolvía a Cloe en su chaqueta. El tren avanzaba veloz por las entrañas de la tierra.
—¿Y si esto también es una trampa? —murmuró Ferrer.
—Ya no hay marcha atrás —dijo Ariadna, con la voz firme—. Nodo Kappa es la última pista de mi padre. Y tenemos que saber qué hizo realmente.
Cloe, con la cabeza recostada sobre el regazo de su hermana, susurró:
—Tengo miedo.
—Yo también, pequeña —dijo Ariadna acariciándola—. Pero papá nos espera. Lo sé.
La luz del panel de control cambió de color. Una voz automatizada anunció:
> "Estación Kappa en 60 segundos. Prepararse para desembarco."
El corazón de Ariadna palpitaba con fuerza. Al fondo del vagón, una pantalla se encendió sola, mostrando una grabación.
Allí estaba él. Su padre. Más viejo, con el rostro cansado.
—Si estás viendo esto, Ariadna, significa que sobreviviste... y que estás cerca de descubrir toda la verdad.
La grabación se cortó justo cuando el tren se detuvo con un chirrido. Las puertas se abrieron ante un túnel oscuro e inmóvil. Y la promesa de respuestas... o muerte.
El túnel era angosto, húmedo y apenas iluminado por la linterna que Ariadna sujetaba con firmeza. El eco de sus pasos, junto al de Cloe y Lucien, rebotaba en las paredes como una constante amenaza. El mensaje de su padre, distorsionado y entrecortado, todavía resonaba en su mente.
> "Estación Kappa... no confíes en nadie... el Proyecto Prometeo..."
Ariadna sentía que cada palabra escondía una advertencia más grave de lo que su padre alcanzó a decir.
Lucien iba al frente, con el fusil listo. Habían dejado atrás el laboratorio destruido, pero el recuerdo de los mutados no se borraba fácilmente. Esas criaturas no eran zombis comunes; eran una aberración, el producto de algo más oscuro que un simple virus. Algo que se estaba saliendo de control.
—¿Cuánto falta para llegar? —preguntó Cloe en un susurro, cansada y temblando.
—No mucho más —respondió Lucien—. Estos túneles se extienden por debajo de toda la montaña. La estación debería estar al final del ramal este.
Caminaron en silencio por casi una hora. Al fondo, comenzaron a aparecer señales pintadas con espray fluorescente: flechas, códigos numéricos, y una palabra repetida varias veces: **Kappa**.
Finalmente, encontraron una compuerta metálica con una consola empotrada a un costado. Lucien rebuscó en su mochila y sacó un dispositivo que conectó al panel.
—Esto debería abrirla… si es que aún hay energía.
El zumbido del sistema activándose los puso en alerta. Segundos después, la compuerta se abrió con un chirrido seco, revelando un pasillo de luz tenue.
La Estación Kappa estaba intacta.
Pasaron por corredores limpios, aunque fríos y desiertos. Las luces parpadeaban intermitentemente, y el aire olía a ozono y químicos. Pronto llegaron a una sala de observación con monitores encendidos, grabaciones en bucle y carpetas digitales abiertas.
Ariadna se acercó a uno de los monitores. En él, se veían registros de sujetos: humanos conectados a máquinas, probetas con órganos mutados, y células regenerándose a velocidades antinaturales.
—¿Qué… qué es esto? —susurró Ariadna.
Lucien encontró un terminal con una clave maestra y comenzó a acceder a los archivos del Proyecto Prometeo. La información revelaba que Cold Spring no fue solo un refugio militar: fue un centro de pruebas para modificar genéticamente el virus.
> "Objetivo: crear híbridos funcionales. Soldados inmunes. Control de infección."
—Experimentaron con humanos —murmuró Lucien, con los ojos clavados en los datos—. Por eso los mutados eran diferentes… eran el resultado de estas pruebas.
En otra terminal, Ariadna encontró algo más.
Un registro con su apellido.
> **"Sujeto observado: Ariadna Vega. Inmunidad potencial detectada. Rastro genético coincidente con el sujeto Alfa (C. Vega)."**
Sus manos temblaron. Su padre… ¿estuvo involucrado en esto?
De pronto, las luces parpadearon con violencia. Una alarma silenciosa se encendió. En las cámaras de seguridad, varias figuras comenzaban a moverse dentro de los túneles de acceso.
—Nos encontraron —dijo Lucien, alzando su arma.
Ariadna tomó a Cloe en brazos.
—Tenemos que salir de aquí. ¡Ahora!
Salieron de la sala y corrieron por el corredor contrario. A lo lejos, las compuertas se cerraban automáticamente, pero Lucien logró mantener una abierta a tiempo para que pasaran. Se internaron en una sección secundaria del búnker, más deteriorada y sin luz. El aire se volvió espeso, con olor a moho y óxido.
Encontraron una escalera de mantenimiento que descendía aún más, hacia una cámara olvidada en los planos. Allí, Ariadna vio algo que la dejó sin aliento:
Una cápsula criogénica, con un cuerpo dentro.
Lucien se acercó al panel.
—Está viva…
Ariadna miró la placa.
> **Nombre: Vega, Camila. Estado: Criostasis.**
—Es… es mi madre —murmuró, sintiendo que el mundo se detenía.
Antes de que pudieran reaccionar, un nuevo sonido los sacudió: los mutados habían llegado. No había salida. No por arriba.
Lucien localizó un túnel de escape de emergencia, sellado, pero accesible con una carga explosiva mínima que llevaba consigo.
—Tienen que llevarla —dijo, preparando la carga.
—¿Qué harás tú? —preguntó Ariadna.
—Ganarles tiempo. No discutas. Tu hermana y tú deben sobrevivir. Y ahora… también ella.
Con lágrimas, Ariadna asintió. Tomó a Cloe y activó el sistema de transporte de la cápsula. Cuando la explosión retumbó, el túnel se abrió y comenzaron a escapar, arrastrando a su madre congelada con ellas, hacia lo desconocido.
Fin del capítulo.