Capítulo 7 – Un lugar especial

2181 Words
Los siguientes días no hablé con él al parecer el que me dijera que yo era su hermanita me afectó, aunque aun no entiendo de qué modo, solo sabía que su presencia dolía, verlo dolía, no soportaba estar cerca de él sin tener ganas de llorar y gritar. No entendía nada, jamás había tenido una sensación similar. Los días pasaron algo rápidos, aunque muy aburridos, también me distancie de Sergio no era justo para él, pero creo fue lo mejor porque si no lo hacía y seguía con él sin importar lo que pase lo lastimaría y más porque estaba confundida. Y no era justo para él, no lo merecía, para mí siempre fue alguien increíblemente lindo, aunque la opinión difería cuando le preguntabas a otras personas, pero lo que importaba era lo que él había demostrado conmigo... Bueno a veces pesaba mucho que los demás me dijeran "te engaña". En la tarde Miguel fue por mí al trabajo y no puedo negarlo me emocioné, aunque no se lo dejé saber, aún estaba molesta por lo de Katerina... sé que no debo estar molesta por eso, pero la verdad me afecta aun no entiendo bien porque, pero me afecta y mucho... Estuve sería a pesar de la emoción que me daba verlo ahí. –¿Seguirás con la ley del hielo? – Dijo iniciando la plática, volteando a verme un poco y luego viendo hacia la carretera, por un momento pensé que él quería tomarme de la mano, pero una vez que vi que se acercó a mí quite mi mano del asiento y la puse sobre mi pierna. –No es ley del hielo, sólo no sé de qué hablar. – eso era cierto desde lo de Katherina las palabras simplemente no me salían cuando estaba con él, se me hacía un nodo en la garganta y no podía decir nada más. –Está bien no hablemos, pero entonces yo decido que hacer toda la tarde. – ¿Toda la tarde? No entendí, pero no conteste, creí que era una de sus tontas bromas para hacerme hablar o reír, pero me di cuenta de que hablaba enserio cuando no llegamos a casa. Mi pánico se presentó cuando vi que nos alejamos de la ciudad y no sabía a donde íbamos. –¿A dónde vamos? – pregunté al fin porque no soportaba no saber dónde estoy y por qué odiaba que la gente hiciera lo que quisiera con mi tiempo. Y en esta situación lo odiaba a él por quitarme tiempo, que no sabía en qué emplear, pero definitivamente no quería compartirlo con él. –Por fin la princesita se decidió a hablar. – dijo soltando una pequeña sonrisa, intento tomar mi mano de nuevo, que estaba recargada en el asiento, no solía ser buena recordando cosas y ponerla en el asiento ya era una costumbre, pero la quité en ese mismo momento. –Te hice una pregunta contesta. – Dije notoriamente enojada, no iba a dejar que sus típicas palabras lindas me alegrarán como solía pasar muchas veces antes. –Tranquila, es una sorpresa. – dijo riendo y viendo fijamente el camino. Crucé los brazos y me volteé a la ventana. El camino fue como de una hora y media con hermosos paisajes y a la vez escalofriantes si los imaginabas en la noche, eran muchos árboles que parecían pinos, aunque no sé bien si lo eran, se veía en partes mucho pasto y en otras parecía estar todo seco. –Llegamos princesita. – dijo con su estúpida sonrisa, su linda pero estúpida sonrisa... A quien engañaba por dentro moría por esa sonrisa. –Por fin. – dije con seriedad y un poco molesta, Bajé y lo único que vi fue una casa en medio de un lago. – ¿Qué hacemos aquí? – estaba algo alarmada. Parecía un lugar lejos de la ciudad y de la casa, por ir pensando en él y Katherina olvidé ver el camino. –Bueno este es mi lugar privado y especial, ¿Recuerdas cuando éramos niños y tu decías que tenías un lugar especial en el parque?, pues yo compré mi lugar especial. – Me asombró su respuesta por dos razones, una era increíble su lugar especial y dos no podía creer que lo recuerde aún. *** – ¿Me dejas ir a tu lugar especial? –No, es sólo mío –Pero yo soy tu hermano debemos compartir las cosas –aun así, es mío. – saqué la lengua y salí corriendo *** –Yo nunca te mostré mi lugar especial. ¿Por qué tú me traes al tuyo? – siempre dije que solo era mío, cuando quería ir lo acusaba de algo para que no lo dejarán seguirme. –Fácil y sencillo, eres la única persona con la que compartiría algo así. – Sentí algo, aunque aún no sé qué fue, pero era entre nervios, emoción y de nuevo querer besarlo. Cuando tuve esa emoción me aterré un poco ¿Como podía sentir eso? Vino a mi mente la idea de las mariposas en el estómago, lo que sentía podría ser eso. –Gracias que lindo. – Dije casi susurrando. No quería que él lo escuchará, pero era obvio que lo haría, solo éramos él, yo y un bosque a nuestro alrededor. Era hermoso, no podía negar que su lugar especial era muy especial y era mejor que el mío. –Bien como estamos aquí solos y a hora y media de civilización quiero que me digas ¿Por qué me evitas? – me sorprendió que dijera eso no creí que lo notará. O bueno él era mejor ocultando cosas al parecer. Sentí algo extraño cuando me tomo de las muñecas para acercarme a él. –No te evitó. – mentí si lo hacía, no quería que viera que estaba mal por él, más porque ni yo sabía porque estaba mal. La sensación en mi cuerpo permanecía, no sabía que sentir en ese momento. –Si lo haces. – me acerco aún más a su cuerpo y su cara se inclinó hacia mí mientras me miraba a los ojos, quería que dejara de decir eso y me besará. –Bueno sí, pero es porque no quiero que tengas problemas con tu prometida. – terminé por aceptar que así eran las cosas porque era obvio que lo hacía. Me soltó y se dio la vuelta tallándose la cara con una mano con evidente frustración. –¿Katherina?, Mariana ella ya no es mi prometida– estaba desesperado se notaba en su forma de peinar su cabello hacia atrás. – no sé ni que pretende en la casa o metiéndote ideas, pero ya no es mi prometida grábate eso. – se acercó de nuevo a mí y me tomo el rostro entre las manos y me miró fijamente mientras me lo decía, eso me hacía sentir más segura de que no mentía; por un momento lo vi a los labios y sé que el veía hacia los míos, y contra mis deseos de besarlo di un paso atrás. –Qué bueno, es media rara, me gusta cómo se viste, pero sus cambios de humor muchas veces daban miedo. – Miguel se soltó a las risas, no era tan gracioso para mí, pero le seguí la corriente. Era obvio que a él también le sorprendió lo que estaba a punto de pasar si no me apartaba. –Pues deja de preocuparte por ella, no me interesa en lo más mínimo. – todo lo que decía ya me sonaba bien y creíble; extrañaba esa sensación a su lado. –Está bien. – dije y di unos cuantos pasos a su lado, nos sentamos un momento entre las hojas secas y el pasto. –Más te vale que corras– Escuchar eso me aterró, sentí como se me erizaba la piel –O te voy a atrapar– Me levanté y salí corriendo a las risas, recordé el juego de cuando éramos niños... él corría tratando de alcanzarme una vez que me alcanzaba me tiraba a la piscina, aquí él tiene la ventaja de que estamos en un lago y la casa está rodeada por agua. Corrí todo lo que pude, pero como era de esperarse me alcanzó. –¡Te tengo! – Gritó y me abrazó por la cintura tirándose al agua conmigo. Una vez en el agua noté que él no tenía camisa, vi sus músculos marcados, pero no exagerados. Lo vi y lo abracé. Pude darme cuenta de que él se sorprendió, pero no me importó, ni a él ya que también me abrazó, sentí algo más que un cariño como hermanos hacia él y al abrazarlo era mi modo de aferrarme a eso aunque él no lo supiera, ya que sabía yo que tenía que dejar eso de lado en algún momento. Quería quedarme así, no soltarlo, jamás sentí nada como lo que sentía al estar entre sus brazos. Pasadas unas horas jugando, hablando y cosas así sugerí que lo mejor era irnos a casa, ya que parecía estar oscuro fuera de la casa y como ahora lo sabía la cabaña estaba alejada. –Vamos a casa ya es tarde. –sugerí tranquila, aunque autoritaria. –¿Por qué no pasamos la noche aquí? – me vio con una sonrisa como si me coqueteara ¿Así que así se veía el coqueteando? Era muy lindo y eso incremento mis ganas de ir a besarlo, aunque sabía que no lo iba a hacer. –Tal vez porque no traigo ropa para cambiarme e ir mañana al trabajo. – Dije sacando la lengua, era lo más peligroso que hacía yo al parecer por que siempre se burlaba de mí. –Tontita mañana es domingo no trabajamos. Vamos nos quedamos hoy, además ya avisé a papá que estaríamos fuera toda la noche. – su voz sonaba a la de un niño cuando quiere que le compren algo y que lo consientan. Me encantaba. –¿Qué tu qué? – no había reaccionado por estar embobada con su voz. -–Si te preguntan fuimos al parque de diversiones nocturnas de la cuidad y después decidimos quedarnos en un hotel para que ninguno manejará tan noche. – Lo aceptó la idea me gustó además me gusta estar con él. Además, que era lo peor que podía pasar por que estuviera una noche a su lado, estaba segura de que podía aguantar todo el tiempo del mundo viendo cómo se paseaba sin camisa por la cabaña. –Está bien, pero debes llevarme un día de estos a ese parque ¿Te parece? – Mostró una gran sonrisa y aceptó, quería ir al parque que dijo, pero si lo cambiaba por otro día como estos yo iba a aceptar sin dudar un segundo. En la noche Miguel sugirió hacer una fogata y quemar malvaviscos, la idea me encantó estuvimos cerca de 3 horas ahí, hablando y bueno yo quemándome como 10 veces por hora por hablar con él, me gustaba voltear a verlo y aún no entendía como él si podía verme mientras asaba malvaviscos y yo no. –Bien vamos a dormir, casi son las 3 de la madrugada y debemos descansar para tratar de llegar temprano mañana, si es que así lo quieres. – no lo quería era perfecto estar a su lado. –No me importaría llegar tarde. – dije con un tono de voz que sugería que algo más pasará, al instante me arrepentí. Jamás fui buena insinuando cosas, me ponían a pensar que me veía mal y después me arrepentía. –¿Segura? – su voz sonó similar a la mía, empecé a creer que no era la única con sentimientos de atracción, pero sabía que no era correcto. –Sí. – decidí contestar cortante, lo que sentía por él no estaba bien y mejor lo dejé aún lado. –Qué niña tan mala. – dijo burlonamente, eso me incitó a pensar en él y yo en la cama. – Vamos a dormir, tenemos que ver cómo nos acomodamos, olvidé que sólo hay una cama, pronto traerán otra para el otro cuarto, pero por el momento solo tenemos una. –Podemos dormir donde mismo, antes lo hacíamos. –añoraba que dijera que sí, aunque eso me hacía sentir mal porque él era mi hermano. –Si, pero eso fue hace años ambos hemos crecido. –¿A caso el pensará como yo? Sí habíamos crecido, pero éramos hermanos ¿no? –Lo sé, pero no me importa compartir la cama contigo. –y así era no me importaba, pero si me daba ansiedad. –Está bien así será. –dijo y se recostó, luego me acosté yo a su lado. Me emocioné de nuevo e inexplicablemente. Nos quedamos dormidos casi al instante y al cabo de unas horas Miguel me abrazó por la espalda mientras dormíamos, me gustó eso, hasta me acomode en sus brazos y así me quedé profundamente dormida; sus brazos me hacían sentir segura, que dicha de quienes podían dormir así, a su lado, sin que pareciera algo incorrecto...
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