Al día siguiente cuando desperté todo parecía tranquilo. Fui al baño tome una ducha muy larga y relajante hasta que me di cuenta que si me quedaba ahí más tiempo saldría como pasita y llegaría tarde a mi trabajo, salí del baño me puse un vestido algo ligero y encima un suéter también ligero, ya que parecía que no haría frío durante el día y realmente eso era lo que esperaba, odiaba a veces el frío pero por que no sabía con que quitármelo y soy de las personas más frío lentas del mundo. Eres frustrante ver como todos trabajaban tranquilos mientras yo moría de frío.
Antes de salir del cuarto escuché unos pasos y gritos de personas algo molestas, no distinguí ninguna de las voces con claridad así que no puse mucha atención debida y decidí ser feliz cantando “Who Says” de Selena Gómez. Al salir del cuarto seguían los gritos, pero en el cuarto de mi hermano, eso me sorprendió mucho ya que él no grita o al menos yo jamás lo había escuchado gritar no de ese modo, la única vez que lo oí discutir fue porque él tenía la razón y no lo querían a aceptar mis papás... fue algo tonto el pelear esa vez, pero estaba en la adolescencia era de esperarse, después de eso jamás oí que gritara, ni por enojó, ni nada.
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Era de los primeros días de la preparatoria y Miguel ya tenía su primera pelea, por lo general no llaman a los padres en la preparatoria, pero el otro chico levanto algo como una demanda así que mis padres se vieron involucrados y discutían con él casi todo el tiempo, él siempre alegó que él no había iniciado ninguna pelea, pero mis padres decían que sí. Hasta que extrañamente un día apareció un vídeo dónde se veía que el tipo con el que peleó había empezado y no solo eso sino que también los amigos de ese sujeto atacaron a mi hermano, pero como Miguel estaba acostumbrado a pelear no le hicieron mucho y todo lo que él había hecho había sido en defensa propia, fue la única vez que el peleó de ese modo.
Después de un tiempo me enteré que la pelea había sido por mi culpa lo que me hizo sentirme mal por meses hasta que Miguel hizo que entendiera que no había ocasionado nada yo, ellos eran quienes solían decir cosas horribles de las chicas, en especial de mí porque sabían mi relación con Miguel me decían "casa fortunas" debido a que éramos muy unidos y él era rico y yo no... Como si eso me importará...
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Me acerqué a su puerta e iba a tocar, estaba confundida, pero lo iba a hacer, cuando Miguel la abrió y me sorprendió decidida a tocar, inmediatamente cambió su semblante de enojó, le dio risa, me abrazó y dijo que hoy desayunaríamos juntos que lo espera abajo, baje las escaleras y entre a la cocina donde estaba Miriam cocinando junto con Ulises el mayordomo, siempre me gustó esa pareja parecían muy unidos aunque desde que llegué jamás he sabido si son algo, parecían entenderse solo con una mirada, desde lejos podía notarse que entre ellos había una hermosa conexión.
Katherina bajó bastante enojada y me miró con ojos de ira, si las miradas mataran definitivamente hoy sería mi funeral, después bajó Miguel muy alegre y me sorprendí a como podían estar en Estados de ánimo tan diferentes después de estar juntos... posiblemente toda la noche... lo último me hizo sentir celos y un poco de enojo, no tenía derecho a sentir eso... Supongo son los celos de hermana o algo así, ¿Qué otros celos podrían ser?
–Desayunamos... ¿o vas a seguir pensando? – Dijo Miguel en tono burlón, mientras comía cereal, típico de él, solía analizar cada cosa que pasaba y el por qué pasaba.
–Pensar no tiene nada de malo, tal vez eso arreglaría tus problemas con Katherina...– soné más arrogante de lo que esperaba, Miguel me miró un poco molesto, pero no lo expresó así, aunque me sentí incómoda por haber dicho eso cuando ni siquiera sé que pasa entre ellos.
–Con Katherina no hay nada que arreglar. – su respuesta me sorprendió no esperaba que dijera eso. –Aunque quisiera saber ¿por qué había una chica linda parada a fuera de mi cuarto? – su pregunta me hizo sentir apenada un poco, bajé la mirada a mi cereal, ya que él solía convencerme de comer cereal, sentí calor en las mejillas y eso lo detestaba, era mi forma de sentir pena.
–Creí que algo malo pasaba así que pensé que tal vez el que yo estuviera ahí haría que las cosas se aligeraran y me preocupo de que Katherina te matara. – soltó una carcajada, se levantó de su lugar camino unos pasos a mí y me abrazó dándome un beso en la frente... definitivamente me gusta estar en sus brazos... Aunque ese sentimiento me hacía dudar de todo lo demás que sentía.
–Katherina no me hará nada. - me dijo riendo. – Ya no somos nada y aunque lo fuéramos, no podría hacerme nada.
–¡¿Qué?! –Dije casi gritando. – ¿Cómo es que? ¿De qué me perdí? –no encontraba lógica en lo que dijo hace 2 años eran la pareja más feliz... Parecían la pareja a seguir de toda nuestra generación.
Antes de que terminara de decir la oración me interrumpió –Es un cuento largo, te diré en otro momento... ahorita apúrate que te llevaré al trabajo, pero antes quiero pasar a otro lugar. – Me dijo muy decidido, tanto que no me pude negar... Sabía exactamente como hacer que yo no dijera que no.
Desayunamos subimos al coche, salimos y fuimos a la playa... Mi lugar favorito... El mar era lo mejor del mundo, sentir la brisa fresca, respirar el aroma del agua salada, era lo que me encantaba desde que tenía memoria.
–Disfruta tus 30 minutos de playa. – Dijo sacando el celular tomándome una foto sin que lo notará hasta que escuché el ruido de la foto –Me encantó, te vez hermosa. –De algún modo esas palabras me hicieron sentir muy feliz como si en verdad creyera que soy tan hermosa como sus palabras lo habían expresado.
Me llevó al trabajo y dijo que pasaría por mí a la salida, acepté sin negarme a nada, me encantan esos momentos a su lado, era como si nada hubiera pasado, como si nunca se hubiera ido, como si solo existiéramos él y yo... Y eso era perfecto.
Algo así fueron los siguientes días, aunque la visita de Katherina variaba en horario, pero siempre desayunábamos juntos, íbamos media hora a la playa, nos tomábamos fotos, iba a mi trabajo y el pasaba a la salida por mi... Me gustaba mucho esa rutina de vida, con excepción de las visitas de Katherina, era detestable escuchar sus gritos a diferentes horas del día, incluso cuando no la escuchaba y sabía que iba a la casa me molestaba.
...
–Mariana. –Dijo Katherina abrazandome, no hice más que responder el abrazo, aunque sé que mi rostro demostraba sorpresa. - ¿Cómo estás?
–Bien. – dije ciertamente desconcertada por su repentino interés en mí. No niego que en algún momento nos llevamos bien, pero eso había cambiado un mes antes de que se fuera con Miguel.
–Qué bueno. – estaba sonriendo de oreja a oreja como si con Miguel estuviera completamente feliz. Empezaba a creer que algo le había hecho a Miguel debido a su enorme felicidad.
–Iré a ver a Miguel para bajar a desayunar...– conteste cortante y directa, aunque ella interrumpió...
–Si fuera tu no lo haría, está algo cansado por la noche que pasamos juntos... ¿Sí me entiendes verdad? Él y yo...– su cara se mostró muy contenta y se mordió el labio inferior al decir lo último. –Bueno ya sabes, creo que no debo ser tan específica con lo que hacemos tú hermanito y yo...– me guiño el ojo lo cual me molestó aún más.
–Ya me quedó claro. – Dije interrumpiendo, levantando una mano para que se quedará en completo silencio y sin dejar que continuará hablando camine a las escaleras y bajé, algo enojada. El que ella dijera eso me afectó de manera extraña jamás sentí algo similar... mientras desayunaba recibí un mensaje de Sergio
*lamento lo del otro día, espero verte hoy a la salida del trabajo
Besos Sergio*
*claro ¿qué te parece dar una vuelta después del trabajo? * Sí, él iba a ser mi escape de este manicomio
*Perfecto paso por ti a la salida, besos*
Después de eso salí al trabajo, el día se pasó lento pensando en Miguel y Katherina, no entiendo porque no deje de pensar en eso en ningún momento, pero definitivamente estar con Sergio haría que pensará en otras cosas, al menos eso era lo que esperaba.
–Mariana Cariño, te extrañé. – Dijo Sergio abrazandome y dándome un beso tierno, era increíble cómo siempre me recibía de ese modo, hasta cuándo según estaba enojado, él sin dudar era un hombre increíble, tenía esa habilidad de sacar al menos una pequeña sonrisa después de un mal día.
–Sí, ya eran varios días sin vernos. – me limite a contestar, no quería hablara mucho, parecía grosera, lo sé, pero era mejor eso que contarle el porqué de mi actitud.
–¿Qué te parece si vamos al cine? – dijo con su linda sonrisa de siempre. ¿Por qué no me alegra tanto estar con él? Me sentí peor aún por cómo lo trataba.
–Está bien para mí. – Dije casi sin ánimos, Sergio lo había notado pero no dijo nada, él solía esperar a que yo estuviera lista para contarle las cosas. La idea del cine parecía buena idea ya que así no hablaríamos casi.
Toda la película me la pase distraída pensando en Miguel... No sé qué me pasa... fue uno de los pensamientos que más tuve durante dos horas.
–¿Qué te pareció la película? – preguntó mientras caminábamos al auto.
–Bien. – dije esperando a que abriera la puerta de mi lado como siempre lo hacía.
–¿Qué pasa estas muy rara? – ¿Tanto se notaba? Para que el preguntará si tenía que notarse mucho, él no solía preguntar.
–Nada estoy cansada, vamos a casa ¿sí? – no contestó solo abrió la puerta y se fue de su lado.
Nos subimos al coche y ninguno dijo nada más. Llegando a casa le di un beso corto y me bajé del coche, sabía que ahora parecía que tenía prisa, pero de cierto modo si la tenía.
Miguel estaba en la sala hablando con Ulises, cuando me vio me siguió hasta mi cuarto, casi lo golpee con la puerta en la cara, hubiera querido que eso pasará, pero él tenía buenos reflejos, en ese momento odié que tuviera tanto entrenamiento en peleas, y entro sin pedir ningún permiso, me sentía molesta con él, aunque no sabía bien por qué.
–Niña me abandonaste esta mañana. – Dijo sonriendo y eso me molestó, ¿cómo podía actuar de ese modo? Qué demonios lo tenía tan feliz... Oh ya sabía.
–Creí que estabas ocupado con Katherina, me dijo que estabas cansado después de su noche juntos. – Dije bastante molesta y groseramente, tenía que hacer ver mi enojo, aunque no yo entendía bien mi enojo.
–¿Noche juntos? ¿Ella estaba aquí? – sus preguntas fueron extrañas, lo primero que pensé fue que me quería confundir, y no iba a dejar que eso pasará, no le iba a engañar de ese modo.
–Sí, salió de tu cuarto cuando yo me dirigía a él para levantarte y desayunar juntos como los días pasados. – lo dije casi gritando, pero me aguanté sabía que no éramos los únicos en la casa, y sabía que era extraño el que yo reclamará, sentía la necesidad de hacerlo, de gritar y reclamar... Aunque no debía.
–Lo siento, pero yo no estuve con ella, sí estaba cansado, pero no por ella estuve trabajando hasta tarde, pero me hubiera levantado si tú me lo hubieras pedido, después de todo no puedo dejar que mi hermanita ande sola. – me hizo enojar que dijera eso, creo que más que enojarme era dolor, un dolor que no sabía cómo había surgido, ni el por qué.
–Vete de mi cuarto, quiero estar sola. – dije apuntando la puerta muy decidida a que lo que quería era que se fuera.
–Si eso es lo que quieres...– se dio la vuelta y caminó, una vez que salió de mi cuarto empecé a llorar no sabía si contenerme o llorar, pero el dolor me sobrepasaba no podía pensar bien ni en qué me hacía sentir tan mal.
A decir verdad, si lloré hasta quedarme dormida...