-Ah que mal. -dijo Christian como un nene pequeño. - Yo en serio quiero conocer México. -hizo un puchero. James ni siquiera lo vio, estaba en su mundo. - ¿James? ¿Puedo? -le tiró un pedazo de durazno. - ¡Christian! -gritó exaltado. La gente se volteó a verlo. - ¿Qué quieres? - agregó avergonzado por su comportamiento. -Que me lleves a México. -Christian ya basta. -reprochó su novia. - Déjalos en paz, que vallan solos. Ya luego de que se casen, vienen los hijos y todo eso que no te deja tener tiempo a solas con tu pareja. -De todas maneras, por mí no hay problema. -dije al descuido. James volteó a verme. Sonreí. - Es más pueden venir los dos. ¿No James? -Ja, ¿Viste? A _______ no le molesta. - sonrió Christian. - ¿Si vamos? -miró a su novia. Por mi mejor, así no estaría todo el día a s

