* * *
Todo mi cuerpo temblaba, me costaba respirar, y sí, eso se debía a Fabricio Montalvo. El pecado que no debía cometer y sin embargo me moría por pecar, por probar de sus labios tan varoniles, por volverme a sentir extasiada y a la vez ansiosa en sus brazos.
En el momento en que nos separamos no pude evitar mirar como sus fuertes brazos se tensaban, como su mirada se oscurecía y como su cuerpo no deseaba separarse de mí.
Después de ese momento todo fue más difícil, un simple roce de su parte me encendía, una mirada aceleraba mi corazón, y es que no sabía que me pasaba, o tal vez sí, pero no quería reconocerlo. ¡Imposible que me volviera loca el hermano de Amy! Si apenas lo conocía de tres días.
Mis pensamientos se ven interrumpidos por la susodicha.
—¡Nena! —exclama—. Sabes, me di cuenta cuando Nathaniel estaba bailando con Lorena, la forma en como ella lo veía —susurra para que nadie la escuche—, o tal vez sean ideas mías. Recuerda lo que hablamos con respecto a mis hermanos. Aunque pensándolo bien Nathaniel no es como Fabricio ni Alejandro. Pero igual no me gustaría verla sufrir por algún Montalvo, la conozco desde que estaba en pañales.
Amy no puede saber el enamoramiento de Lorena con Nathaniel, es un secreto que a la vista de todos es muy notorio, hago lo que mejor sé hacer en estos casos, desviar conversaciones.
—Am no seas así —digo reprendiéndola—. Seguramente viste mal, estas tan empeñada que todas las mujeres del mundo babean por los hermanos Montalvo que vez cosas donde no las hay. Además, por lo poco que he hablado con ella, se ha criado entre ustedes, lo más probable es que les tenga un afecto fraternal.
—¿Tú crees? —me pregunta enarcando esa ceja izquierda, no muy segura.
Su expresión me hace saber que oculta algo. Cuando eso sucede hay que tener por nuestras vidas. Si Camila estuviese aquí estoy segurísima que sabría que planea su hermana.
—Si nena, tranquila. Como pintas a tus hermanos, pareciera que fuesen unos sinvergüenzas rompecorazones.
—Por cierto, ni creas que me perdí como Fabricio te devoraba con la mirada —sonríe malvada—. A este ritmo la semana que viene morirá por un severo caso de bolas azules.
Ambas soltamos carcajadas. No la entiendo, ella trata en lo posible de alejarme de su hermano, pero a la primera que pudo hizo que fuese mi pareja de baile.
En definitiva, algo trama y tengo la sospecha que quiere hacer sufrir a su hermano a través de mí.
* * *
Sus labios recorren mi clavícula, bajando lentamente a mi seno izquierdo, sus manos aguantan las mías sobre mi cabeza haciéndome sentir expuesta.
Muerdo mis labios tratando de contener los gemidos para que no nos encuentren en esta tesitura.
Sus ojos tan negros como la noche me hacen hervir la sangre, sus labios me llaman, me incitan a tomar de lo prohibido, y su olor tan masculino me teletransporta
Le deseo y mi cuerpo puede dar fe de ello.
Suelto un quejido al notar que se aleja de mí, dejándome la sensación de vacío en el cuerpo, no me gusta, no me gusta nada. No quiero tenerlo lejos, quiero sentirlo lo más cerca posible. Lo quiero sentir en todo mi cuerpo, en toda mi alma.
Voy por él para que no escape, lo acorralo en la pared del establo.
Quito su camisa con rapidez dándome una magnífica visión de todo su pecho, su abdomen bien definido, sus trabajados brazos.
Suspiro.
Maldición, está para comérselo. Cómo una rica tableta de Tobleron.
Caí... Caí estrepitosamente por Fabricio Montalvo.
Él lo sabe y yo lo sé.
En su mirada solo puedo hallar una cosa, y ese es el más ardiente deseo que me han demostrado, un deseo arrollador que promete quemarnos a ambos y convertirnos en cenizas.
Sus manos van a mi pelo, deshaciéndose de mi moñera, me despeina con una mano y con la otra acaricia el lóbulo de mi oreja, baja por mi cuello y los lleva a mi clavícula.
Poco a poco se van acercando a mis labios, los entreabro, sino me hace suya ya moriré. Le dejo introducir un dedo en mi boca.
Escucho como gruñe cuando succiono su dedo, lo retira y acerca sus labios a los míos. Por fin voy a probar de ellos, por fin voy tener el placer de saborearlos, devorarlos y tomarlos a mi antojo.
Cuando va a tomar mi labio inferior entre los suyos la imagen se desvanece.
Me confunde, ¿Acaso no quiero?
¿Cómo llegué de los establos a mí habitación?
—¡KIMBERLY REACCIONA! —grita Amy haciéndome saltar de la cama, me llevo una mano al pecho y suspiro con pesadez.
Mi bochorno no acaba allí, los hermanos Montalvo vinieron corriendo por el grito de su hermana, están los cuatro en mi habitación mirándome sin comprender la situación.
—MALDICIÓN AMY —protesto— ¿Estás loca? Casi me haces morir del susto.
Hablo con el pecho acelerado, trato de calmar mi respiración.
—Cariño, pero ¿Qué ha pasado? —pregunta preocupado Don Camilo entrando en mi habitación.
No puedo verme en un espejo, pero estoy segura que debo estar roja como un tomate, todos me ven pidiendo una explicación, y yo... yo no sé qué decir. En un momento estaba con Fabricio y en el otro estaba siendo atacada a gritos por su hermana.
Mierda.
Caigo en cuenta que estaba soñando y que sueño estaba teniendo.
—Papá no te preocupes, ya pasó el susto —habla tan natural que casi quiero matarla—. Toqué la puerta de Kim y no contestaba, entré y estaba roja la llamé varias veces y no reaccionaba, su respiración se estaba acelerando y cada vez poniéndose más roja como si eso fuese posible, solo me quedó gritar a ver si reaccionaba.
La mirada de los cuatro hermanos está puesta en mis pechos, bajo la vista y veo el por qué.
Tierra trágame y escúpeme en Margarita.
Quiero morirme en seguida, llena de vergüenza agarro la almohada y me tapo. No es que estuviese desnuda, pero la camisa de tiros no deja nada a la imaginación, y mis pezones se pueden ver claramente.
Dirijo mi mirada solo a uno de ellos, y sí, su mirada parece fuego, su mandíbula está tensa. Puedo sentir su respiración irregular, o tal vez yo quería imaginarme eso.
Me ve con hambre, como en el sueño y no puedo creer que miente haya creado todo eso. Se sintió tan real, pero tan real que creí morir de placer.
Ahora más que nunca debo mantenerme alejada de él, pero hay algo que no me permite hacerlo, quiero estar con él. Quiero comprobar si es tan apasionante como en mi sueño, tal vez me lleve un fiasco, pero sin duda no me quiero quedar con la incertidumbre.
Es momento de tomar una decisión que pondrá en jaque mi amistad con Amy.
—Vamos todos al comedor y démosle chance a nuestra invitada de arreglarse para que desayune con nosotros, y por favor quiten esa mirada de babosos los cuatro —sentenció Don Camilo.
Me siento enrojecer más de lo que ha de estarlo.
Todos se retiran y veo con mala cara a mi amiga.
—¿Qué coño pasa contigo? —gruño sin poder dejar mi molestia de lado.
—Ay nena —susurra avergonzada—. Lo siento de verdad, pero es que me asustaste. Estabas toda colorada, además, hacías ruidos inentendibles. Me preocupé mucho.
—Claro, te preocupaste tanto para gritar —digo al borde del colapso—. Ahora todos en esta casa me han visto las tetas. ¿Cómo crees que voy a verles las caras sin avergonzarme? ¿Cómo?
Paseo de un lado a otro, necesito calmarme o la voy a montar. Necesito calmarme. Necesito calmarme.
Inhalo y exhalo varias veces.
Me acerco a mi ventana, y descorro las cortinas, afuera todo está en movimiento; me quedo un rato embelesida en la naturaleza, en las miles de hectáreas verdes.
Poco a poco mi cuerpo se va llenando de tranquilidad.
Abro la ventana, me asomo y respiro. Que rico es respirar aire limpio.
A lo lejos veo a los trabadores yéndose a cumplir con su labor.
—Kim, ¿Estás más calmada? —cuestiona—. De verdad discúlpame amiga, pero no sabía qué hacer.
Me volteo y la veo.
Su cara está surcada por el arrepentimiento.
—Está bien, nena —digo—. Te perdono, pero por lo que más quieras no me hagas pasar más vergüenza.
—Te adoro —dice mientras me abraza, y me dejo abrazar por ella. En estos momentos necesito reconfortarme en sus brazos—. Arréglate y bajamos. Hoy tenemos que ir a buscar a Camila.
—¿Llega al mediodía? —cuestiono en dirección a mi baño.
—Sí —responde—. A las nueve y media debe estar embarcando en la lancha, debería estar llegando para las once y media. En lancha es una hora y media menos porque como no lleva carga pesada llegan más rápido.