* * *
Pasé todo el camino martirizándome con cuál sería el color de su traje de baño, y la boca casi me llega al suelo al ver que es blanco y no deja nada a la imaginación.
La detallo completa en el momento en que se quita el vestidito floreado.
Los testículos se me tensan al seguir sus movimientos.
Maldición.
Las manos me comienzan a sudar y yo solo quiero maldecir, y reírme de lo estúpido que ha de verme.
Fabricio Montalvo nervioso por una mujer, ni en mil sueños se lo hubiese imaginado. Disimuladamente noto la forma en como la ven mis hermanos, me entran unas ganas de darles con la parrillera en la cabeza a los tres.
Mi padre nos dedica a los cuatro una mirada de advertencia que me hace reír, mientras Amanda, Lorena, mi hermana, Mandi y Kimberly siguen los movimientos del mujerón que las está animando.
Trago al notar como se agitan sus voluminosos senos en el agua, me levanto y agarro de la cava una cerveza, la necesito con urgencia o en cualquier momento estallaré en mis pantalones y será vergonzoso.
—Se te cae la baba hermanito —dice Javier sentándose a mi lado.
—Tú no te quedas muy atrás ¿Eh? —reviro con ironía.
Me queda viendo y se echa a reír, cosa que me termina de molestar.
—Pero.... Pero si mi hermanito está celoso de como la vemos—añade con chulería.
—Eso es verdad hermano, te puedo garantizar que si me le acerco me saltas directo a la yugular —comenta Nathaniel acercándose a nosotros.
Veo a todos con mala cara.
—¿De qué hablan mis queridos hijos? —Cuestiona padre—. Los veo muy parlanchines.
—De los celos de Fabricio —responde Alejandro dándome una palmada en la espalda.
En ese momento sí que quiero partirles la cara a los tres traidores.
—No sé de qué hablan padre, yo estoy tranquilo, usted mismo puede verlo —hablo con miles de emociones bullendo por mi cuerpo.
—Fabricio, muchacho ya hemos hablado, no quiero volver hacerlo hijo.
Aquello cae como un balde de agua frío sobre mí.
Respiro profundo.
Ha de recordarme que no estamos en casa y lo que menos quiero es montar un numerito.
Me mentalizo dejarlo pasar, cuando en realidad quiero mandarlos todos a la mierda por su falta de fe en mi, sé que yo mismo los he conllevado aneso, pero igual no deja de molestarme la desconfianza que muestran.
—Mi mujer me llama, voy a ver qué desea mi reina —comenta.
—Salga corriendo detrás de su mujercita padre —se burla Nathaniel.
Mi padre, Don Camilo Montalvo hace el intento de reprenderlo, pero al final termina sonriendo por el comentario de su consentido.
Padre no demuestra más cariño por o por otro, pero todos los hermanos somos conscientes que Camila y Nathaniel son los consentidos por ser los menores.
Mi hermano menor nació con la bendición de siempre salvar el momento en el peor de los casos con su personalidad chispeante y no puedo negar que gracias a él, el sin sabor que cargo de me ha ido apaciguando.
Por los altavoces reconozco la canción de Carnaval del cantante colombiano Maluma; la activista les dice a las chicas que han de bailar en parejas, cuando termino de comprender lo que acaba de decir las cuatro mujeres salen corriendo a secarse y venir por nosotros.
Amy agarra a Alejandro, Amanda a mi padre —como es de esperar—, Nathaniel le pide a Kim bailar juntos, pero ésta se niega y le dice que bailará con Javier, mi hermano se gira y le pido a Lorena bailar juntos, tocándome así bailar con la dulce Mandi.
Me hace reír recordar cuando Amanda era pequeña y para hacerla rabiar la llamábamos así y con el pasar los años se quedó como Mandi.
Me sonríe, se acerca a mi para comenzar a bailar. Me es imposible que la mirada no se me desvíe al cuerpo de la pelinegra, notar cómo mueve esas caderas de infarto hace que mis latidos se aceleren, aquella mujer es capaz de hacer perder la cordura.
Mi sangre empieza a hervir al ver como le sonríe a Javier y él la pega más a su cuerpo. Pongo los ojos en blanco, respiro profundo para no perder el paso, le doy una vuelta a Mandi; a su lado bailan Nathaniel y Lore, la morena lo ve embelesada mientras el tarado de mi hermano ni cuenta se da.
Unas semanas atrás lo noté, pero no quise meterme, ese no era ni es mi problema, solo me queda claro que si Nathaniel hubiese querido tener algo con la chica desde hace rato estaría con ella.
Pensar en las personas de nuestro alrededor me hace tranquilizar y sonreír, la música cambia a una salsa de Marc Anthony, Vivir mi vida.
Amanda sonríe pícara y su maliciosa mirada no me gusta para nada, propone un cambio de parejas, dejándome en brazos de Kimberly, Javier con ella, Lorena con Alejandro y Nathaniel con Amy.
Sentirla me pone, me pone mucho. Con delicadeza poso mis manos en su cintura, y siento el calor que irradia su cuerpo.
En un giro su olor me noquea y la pego más a mi cuerpo haciendo el baile más sensual, se estremece, me con ojitos de cordero degollado.
Cariño si ni siquiera he comenzado y ya me estás dando esa mirada. Digo en mis adentros. ¿Cómo será verte alcanzar la cima del placer en mi brazos?
Con suavidad masajeo su cintura, bajando un poco mis manos, hago que sus caderas sigan el movimiento de las mías y puedo sentir como las bolas se me tensan por tercera vez en el día.
Sus ojos encuentran los míos, en un movimiento involuntario de su parte sus labios se entre abren, invitándome a probarlos. Miro a mi alrededor, nadie nos está prestando atención por lo que acerco mi cara un poco a la suya y no desaprovecho la oportunidad de acariciar su nariz con la mía.
Sé que si no la suelto en cualquier momento tendré una erección.
No sé que tiene esta mujer que me desarma por completo, altera mis sentidos, me pone nervioso, inseguro, confundido, y muchas cosas más que no logro ponerle un nombre.
Acerco mis labios a su oído y le susurro quedamente.
—Tranquila, no muerdo, no tienes por qué temblar.
Me retiro poco a poco dándole un pequeño beso en el cachete. Se queda atónita, pero a pesar de eso no me cambia el paso.
Es como si hubiese presionado el interruptor dentto de ella porque hace más notable el bamboleo de sus caderas.
Mis manos arden por recorrerla entera, la música cambia a una de Sebastián Yatra.
A ambos nos recorre un estremecimiento.
—Fabricio por favor —susurra para que solo yo la escuche.
La miro pícaro.
—Por favor ¿Qué?
—Fabricio.
Salgo rápidamente de la nube en la que me encuentro al escuchar la voz de Javier.
En este preciso momento, Javier no puede ser más inoportuno...
Nos separamos sin quitarnos la mirada de encima. Lo que acaba de pasar solo representa el comienzo, ella lo sabe y yo lo sé.
Volveré a intentarlo en cualquier momento, el mero hecho de tenerla cerca me vuelve loco, y mentiría si no dijera que me muero por tenerla entre mis brazos.