Capítulo 7 parte I

2218 Words
* * * Antes de bajar a desayunar preparo mi bolso con la toalla, cambio de ropa, protector y bronceador solar, un labial y el cargador del teléfono. Al llegar al comedor veo a todos los Montalvo sentándose en la mesa. —Menos mal bajaste, pensé que tenía que ir a despertarte —dice mi amiga con sarcasmo. —Ja, en tus sueños Amy Montalvo, un día de estos le vas a venir provocando un infarto a alguien. —digo porque me ha pasado varias veces al punto de creer que me iba a morir en una de esas. Se desayuna como ya se me va haciendo costumbre, en algarabía. Todos los hermanos Montalvo sonríen, y cuentan anécdotas del colegio, es su oportunidad de dejar en vergüenza a Amy y no la desaprovechan, veo de un lado a otro mientras se tiran pullas. Por el rabillo del ojo veo al pelinegro del infierno, no lo veo directamente porque se me notará que me lo estoy comiendo con la mirada, lo que menos quiero es causar problemas. Al terminar de desayunar los hombres cargan las cosas a las pickups donde nos movilizaremos. En la pickup azul irán Nathaniel, Javier, Amanda, Don Camilo, Lorena y la señora Amanda, Florencia prefirió quedarse en la hacienda. Y en la pickup negra iremos Amy, Alejandro, Fabricio, Luciano y yo. Los nervios invaden mi cuerpo cuando Alejo me pasa a su bebé para que vaya adelante y se lleva Amy atrás, sobra decir quien manejará. Jesús. Jesusito lindo ayúdame, por favor. No creo soportar cuarenta minutos de carretera sin decir ni una palabra. Los primeros cinco minutos me resultan incómodos, a pesar de estar concentrada en Luciano, evitando mirar por los barrancos; Fabricio coloca música de Silvestre Dangond para aligerar el ambiente. —Cuéntame algo de ti —digo sin pensar, quiero golpearme por abrir la boca, pero ya es muy tarde. Me mira por el rabillo del ojo y decir que parece un Dios es quedarse corta. Labios gruesos, cejas tupidas, mandíbula cuadrada, nariz perfilada, ojos negros, y su olor totalmente masculino y enloquecedor. —Si te incomoda tranquilo, no hay problema —digo resignada a pasar un viaje incómodo. Me veo por varios segundos a Luciano, ese niño de grande será como su padre, si parece un clon. El bebé me sonríe pícaro tendiéndome sus bracitos. —Kim —dice y me sorprende. Pocas veces lo he escuchado decir algo más que papá y tita, lo siento en mis piernas recostando su cabecita en mi pecho mientras sus manitas van a mi cabello. Le hago cariñitos en la cabeza y el muy bandido sonríe con travesuras brillando en sus ojitos grises. —Mocoso eres igualito a tu padre, no desaprovechas ninguna oportunidad —refunfuña el pelinegro. Luciano lo mira y le saca la lengua; me río. Me río con ganas por la astucia del niño—. ¿Qué quieres saber de mi Kimberly? Escuchar mi nombre en su boca me produce millones de sensaciones en el cuerpo, sobre todo en la zona sur de mi cuerpo, evito morderme el labio, porque su mirada está fija en mí. —Cre-Creo que deberías prestar atención a la carrera —tartamudeo nerviosa—. Esta vía me da espasmos —digo—. Lo que tú quieras contarme —añado Pasan unos segundos en pleno silencio y estoy que me quiero golpear, le hace burlas a su sobrino y responde: —Te diré lo que comúnmente preguntan —inhala y exhala—. Soy administrador, tengo 30 años, trabajo con mi padre en su hacienda en las tres áreas, la siembra, la ganadería y la cría de pollos y gallinas. Estoy soltero y de mí se dicen muchas cosas en Río de Oro. —Una hoja de vida bastante movidita —digo para aligerar la tensión que existe entre los dos. Me mira. Sonríe. Se lame el labio inferior y a mí me provoca comérmelo a besos. Que hombre tan sensual, tan guapo, tan... No sé ni que decir, me deja sin palabras. —Tu turno, cuéntame algo de ti —dice clavando sus ojos en mí. Me pongo nerviosa al notar por donde vamos, viene una curva conocida como el garrapatero, y no me quiero imaginar por qué. Quiero gritarle que esté pendiente de la vía, pero ha de sabérsela de memoria si todos los días debe hacer el mismo recorrido. Pienso en qué contarle y no se me ocurre nada, dejó pasar varios segundos, le responderé, como él hizo. Le diré lo "comúnmente preguntado". —Tengo 26 años, me gradué en Administración Bancaria, trabajo como asesora de negocios en el banco Banesco. Vivo en el Valle del Espíritu Santo, y soy vecina de tu hermana. —No puedo creer solo eso, de seguro habrá algo más que no me quieres contar —comenta sonriente. Eso rompe el hielo entre los dos, porque entablamos una conversación sobre la administración, nuestra vida en la universidad, nada tan profundo para ponernos en tensión. Sin darme cuenta llegamos a un pueblo llamado Pantoño, Fabricio me dice que nos quedan unos siete u ocho minutos de carretera. Asiento, me quedo viendo al pequeño Luciano que se quedó dormido en mi pecho, cada dos por tres le hago cariños. Me encanta ver sus gestos graciosos; siempre me han encantado los niños. Y este en particular a pesar de ser un niño de tres añitos posee una belleza masculina, y puedo asegurar que será de más atractivo que su padre. Paramos frente una estructura con formas de torres y faraones, en un lado está la imagen de Cleopatra, en el medio tiene un aviso grande que dice: Bienvenidos a las Aguas de Moisés. Al lado de ese hay otros carteles con varios nombres de Balnearios y varias pozas entre ellas el Caney de Tato junto a un oso pintado. Sonrío por lo gracioso del nombre. Mi amiga va hacia la otra pickup, hablan por varios segundos hasta que ésta asiente y viene a nuestro encuentro, el pelinegro le baja volumen a la música. —¿Cómo estuvo el camino? —me pregunta—. Espero que éste no te haya incomodado —dice arqueando su ceja izquierda. —Amy por Dios, no comiences tan temprano —gruñe su hermano. —Vamos al balneario Paraíso, uno de los favoritos de Amanda. El camino es de tierra, Fabricio conduce alrededor de dos minutos hasta llegar a la entrada del Balneario y un cartelón dice: Bienvenido al Balneario Paraíso. Nos estacionamos y poco a poco vamos bajando las cosas para colocarlas en la churuata de la entrada. Aparecen dos personas que hablan con Don Camilo. Luciano despertó en ese momento, se lo entrego a Alejo, Nathaniel ayuda a Mandi con unas cosas, Javier está hablando con Amy, y yo aquí viendo a todos lados sintiéndome incómoda —como la decimoquinta vez del día— con Fabricio al lado. Es la manera de como ese hombre me ve que hace poner mi piel de gallina, me eriza la piel completamente sin apenas ponerme un dedo encima. Lo veo de reojo y está más bueno que una hamburguesa triple carne con esa bermuda azul y la franela de algodón blanco, dejan al descubierto sus fuertes brazos. Me trago un gemido al notar como sus brazos se contrae. —Kim muévete —me gruña Amy sacándome de mis vacilaciones. Pasamos y uno de los señores que habló con Don Camilo nos coloca un brazalete a todos, y nos dirige a una churuata al final. Al pasar veo varias churuatas y piscinas, en el medio de la primera están cuatro caballitos de mar, de sus hocicos salen chorros de agua, entre un caballito y otro hay tres defines que los separa. Hay dos piscinas que son atravesadas por un puente, en otra un tobogán con la figura de un tiburón. Hacia donde nos dirigimos veo caminitos de aguas, al fondo se ven las piedras blancas y todos ellos conectan a un caparazón como el de un morrocoy. Nos instalamos en la churuata al lado del caparazón, mi amiga me dice que es una poza natural. Ayudo acomodar las cosas que trajimos, Nathaniel y Don Camilo prenden una fogata, Javier hará parrilla con ayuda de Alejandro. Me siento en un columpio que está al lado de la churuata, aprovecho de revisar mis r************* ahora que tengo señal, me siento observada y volteo, Fabricio me ve incrédulo y con la mandíbula tensa. Me extraña su actitud, parece molesto. Le desvío la mirada, por el rabillo del ojo veo a Amy jugando con su sobrino en la grama, Mandi hablando con la señora Amanda, los hombres Montalvo todos juntos y Lorena se sienta a mi lado. —Tranquila no está molesto —me indica, me quedo anonadada al entender el significado de sus palabras—. A veces esa es su cara, el señor no es malo, solo es un poco callado, pero si le preguntas a las muchachas del pueblo y a las hermanas Montalvo te dirán que es todo lo contrario y peligroso. Me quedo viéndola y ella añade: —Se nota que usted le atrae señorita. —No me hables de usted. Me haces sentir mayor, puedes decirme Kim —le digo con una sonrisa—. ¿Tú no me vas advertir sobre él? Antes de que pisara Río de Oro ya me habían advertido de él y Alejo, su fama es muy conocida en el pueblo. —No debo por qué hacer tal cosa Kim, es su vida, y eres tú quién decide que hacer —dice con simpleza—. El señor Fabricio es un buen hombre a pesar que se esconde en esa fachada de mujeriego, dentro hay un corazón que late y busca ser correspondido. Aquello me sorprende. —¿Han tenido algo ustedes? —pregunto sin saber si quiero oír la respuesta. Para que me hablase de él de esa forma quiere decir que lo conoce muy bien. —No señori... Disculpa Kim, ¿Cómo crees? Lo conozco desde que tengo uso de razón, y esa es mi percepción de él. Los hermanos Montalvo a pesar del parecido son diferentes uno del otro, en pequeñeces, pero lo son. —Guau —Es lo primero que digo—. He notado como miras a Nathaniel. Sus mejillas se tiñen inmediatamente de un rosa intenso, muerde su labio queriendo reprimir su reacción, pero es muy tarde. Ya la he visto. —El joven Nathaniel es mi patrón Kim, en muchas ocasiones tengo que verle. —No creo que precisamente lo veas como a tu jefe. Lo ves como una mujer mira a un hombre. —le indico— ¿qué edad tienes? —21años Kimberly—susurra. —¿Te gusta mucho verdad? —pregunto pícara, sería cómico ver a Nathaniel con pareja. Porque él es de esos hombres con espíritu libre. —Solo un poco —responde llevándose las manos a la boca, como quien suelta un secreto. —¿Seguro que un poco? —le vuelvo preguntar, levanto la ceja con picardía, y me quiero reír. Quién iba a pensarlo, yo en el medio de dos chiquillos, fingiendo ser cupido. Me mira... Me mira, se encuentra sin argumentos que responderme y solo le queda sonreír como niña enamorada. —¿Es tan notable? —cuestiona de lo más natural. —Nena si lo miras a cada rato, ¿Quién no va darse cuenta? —Solo lo saben Cami y Mandi —suspira, va decir algo más, pero hace silencio al notar a Amy acercándose a nosotras. —Kim ya verás lo bueno cuando pongan la música y comience la bailoterapia. ¿Bailoterapia? Si tengo años que no sé qué es eso, no recuerdo ni la última vez que dejé de asistir, además, creo que en la actualidad se le dice Zumba. Me entran los nervios porque todas las personas que se hayan aquí nos verán. Y lo que menos me apetece es hacer el ridículo frente a la familia de mi amiga. Lorena se aleja de nosotras con la excusa de ayudarle a la señora Amanda. —Cuéntame, ¿Cómo te sientes? ¿Te sientes estresada? ¿o estás un poco más despreocupada? —me bombardea a preguntas y me regala una sonrisa idéntica a la de sus hermanos. —La verdad estoy más calmada. Hablé con Sonia y las cosas en el banco están patas arriba. —La miro detallando sus gestos y es como si estuviese frente Alejandro, ladeo la cabeza tratando de desechar esa imagen, pregunto algo para distraerla de sus verdaderas intenciones— ¿Bailoterapia? No termino de decirlo cuando empieza a sonar por los altavoces de todo el balneario la canción Temperatura de Maluma. Veo una morena situarse en el centro de la parte de afuera de la segunda piscina; las mujeres poco a poco se van agrupando en la piscina. La activista comienza hacer una serie de movimientos y noto que si estás en la piscina solo se verán tus brazos. Eso me deja más tranquila, porque no me verán hacer el ridículo. Amy me hala e invita a Mandi, Lorena y la señora Amanda a entrar en la poza natural, pero primero debemos quitarnos la ropa y quedar en traje de baño.
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