* * *
No puedo explicar el ardor que sentí en la boca del estómago al ver a Kimberly tan cerca de mi hermano. Se me revolvió todo por dentro, y me atacaron una terribles ganar de devolverlo todo. No es primera vez que veo Alejandro coqueteando con alguien, pero con ella en específico, me hace rugir de la rabia.
Me regaño al darme cuenta de mis pensamientos, debo concentrarme y mantener la cabeza fría porque estoy sacando las cuentas de la hacienda.
Veo mi laptop y lo que estoy registrando en Saint de repente me parece absurdo. Reviso con más cuidado los últimos asientos y hay un error en el último. Me presiono las sienes, no logro concentrarme y aunque me quiera hacer de la vista gorda sé que es por ella.
Alejandro entra sentándose frente a mí.
—Fabricio ¿Qué te pasa? —indaga—. Traes mala cara.
¿Qué me pasa? Ni yo mismo sé cómo responder a eso.
Tal vez la respuesta es: piernas largas, cabello y ojos negros, labios apetitosos y silueta de guitarra.
—Nada que no se pueda solucionar Alejo.
—¿Te atrae Kimberly cierto? —pregunta bromista, y quiero darle un golpe—. Hermano casi me matas con la mirada cuando me viste con ella.
Bueno... No es del todo mentira.
—Si es eso yo me alejo Fabricio —habla nuevamente—. Hermanito si no te notaba esa mirada desde Sarah.
Sarah.
A pesar de no tener su presencia siempre estaría en nuestras vidas.
—¿La extrañas Alejandro? —pregunto lo obvio, solo para desviar un poco la conversación.
—Cada momento de mi vida, extraño despertarme y no verla a mi lado —lo veo, su cara reflejaba tristeza—. Luciano entrará en esa etapa en la que preguntará por su madre ¿Y qué voy a decirle?
—Lo que todos sabemos —me levanto y voy hacia él para darle un abrazo—, que su madre fue una guerrera por tenerlo, perdiendo la vida en ello.
—Nunca debí embarazarla, aunque no me arrepiento de Luciano, me arrepiento de no haber tenido los cuidados necesarios —mi hermano todavía está sufriendo por su partida; han pasado tres años, pero sigue doliendo como si hubiese sido ayer. Si me duele a mí, mucho más Alejandro que fue su pareja.
—Alejo la última decisión la tomó ella, y estoy seguro que esto es lo que hubiese querido —lo veo directamente a los ojos y mi corazón se encoge—. Venga hermano, eres un Montalvo y los Montalvo siempre superamos todo, aunque nos duela; dígame a mí, enloquecerme por la mujer de mi hermano.
—Es que nosotros somos tan parecidos hasta para elegir a las mujeres —sonríe como siempre lo hace—. Por eso te digo si quieres hacer algo con Kimberly, yo me alejaré y la respetaré, pero si no te atreves, pues hermanito debo intentarlo.
—Recuerda lo que dijo Amy —gruño cansado por sentirme así.
—¿Y desde cuando tú y yo nos hemos frenado por lo que diga Am? —cuestiona elevando la ceja—. Te quiero hermano, y ya sabes, una palabra tuya y me alejaré, Javi también le ha echado el ojito.
—Tranquilo esta vez no habrá otro enfrentamiento entre hermanos —digo despreocupado, aunque no me siento seguro—, eso pasó siete años atrás y en el pasado debe quedarse —lo abrazo—. También te quiero, vamos a comer que me muero de hambre.
—Y de ver a cierta dama. —indica con sonrisa guasona.
Y no le quito la razón. Deseo ver que tendrá puesto, recordar lo de anoche me pone duro en segundos por lo que respiro profundo y ladeo la cabeza quitándome esos pensamientos si no llegaré empalmado al comedor.
Menos mal voy con Alejo, si no me quedo como un bobo viéndola. Lleva un short de blue jeans que le marca en todo su esplendor su gran trasero, el cabello recogido dejando a la vista su cuello esbelto y una camisa de tirantes. Maldición, que sexy está, su camisa de tirantes hace que mi pene sufra un estremecimiento, otra vez.
Mierda.
Trago fuerte, respiro profundo una vez más, calmo mi respiración por varios segundos y me siento en la mesa. Este almuerzo será una tortura.
Tenerla cerca y a la vez tan lejos me enerva. Me mantengo callado hasta que mi padre me pregunta algo directamente y debo responder, hablamos por varios segundos hasta que a mi hermana se le ocurre la maravillosa idea del balneario, niego con la cabeza, allí explotaría en mis pantalones al verla en traje de baño, al poder apreciar mejor busto.
Tomo el jugo mientras todos deciden y la veo tratando que no se note mi hambre de ella. Decir que es hermosa sería una calumnia, es más que eso. Sonrío al verla apresurada tomando el jugo de manzanas.
No le soy inmune, causo en ella sensación de lo contrario no tendría ese comportamiento conmigo, no hubiese salido corriendo anoche de la cocina como si el diablo la estuviese siguiendo.
Después del almuerzo debía regresar al estudio para hacer todo el trabajo que tenía pendiente.
Cuando se retira con mi hermana y puedo respirar tranquilo, sin que nada me perturbase. Mi padre me acompaña al estudio.
Durante minutos le explico algunas cositas que deben mejorar, le comento también una idea para tener otro rubro económico y que beneficiaría muchísimo a la hacienda, pero me deja fuera de base su pregunta:
—¿Fabricio te sientes atraído hacia la amiga de tu hermana?
Abro y cierro la boca, varias veces... No quiero mentirle a mi padre, pero sé que admitirlo va ser cuchillo para mí pescuezo.
—Noto como la ves hijo —dice tranquilo, aunque yo conozco que detrás de eso viene la advertencia—. No soy tan viejo como quieren hacerme ver ustedes, y sé perfectamente cuando una mujer levanta pasiones en un hombre.
«Hijo yo sé que eres un hombre excelente, pero me temo debo pedirte un favor. Si tus intenciones para con esa muchacha no son las más adecuadas me veo en la obligación de pedirte que dejes eso, por el bien de nuestra paz mental. Sabes cómo es tu hermana y va armar un zafarrancho. Si por el contrario sientes que es la indicada, estaré apoyándote hijo mío.
Amy Montalvo.
La endiablada Amy Montalvo, suspiro. Y me relajo un momento porque en mi mente le digo las cuatro cosas bien dichas, que en persona no puedo hacer y no por miedo, sino por respeto a mi familia.
Sin embargo, mi furia no disminuye ni un poco.
—Padre no me meto en sus asuntos personales ni en lo de mis hermanos, por lo que voy a pedir que usted tampoco lo haga —hago una pausa para moderar mi tono de voz al escucharse en todo el estudio fuerte y clara—. Con respecto a Kimberly usted sabe perfectamente que mi fascinación no es engañar a mujeres y prometerles cosas que no cumpliré; por eso soy sincero y hombre de palabra porque lo que digo lo cumplo. Y con Amy, de verdad que no me interesa que piense de mi, que se meta en su vida que yo no me meto en la de ella.
—Fabricio Montalvo debes respetar a tu hermana —dice en tono autoritario—. No me malinterpretes hijo, solo digo por tu bienestar, y la tranquilidad de tu hermana.
—Me molesta que piensen así de mí, ok, me gusta las mujeres más que el agua, pero soy honesto desde el primer momento, no ilusiono a nadie —suspiro—. Me molesta que mi propia hermana piense así de mí. Yo a ella no le he hecho ningún mal, como para EU siempre esté, cuidado con Fabricio por esto, cuidado con Fabricio por aquello, estoy harto de lo mismo papá. No tenemos 20 años para andas en esas papá.
Siento que la cabeza me va a estallar de un momento a otro por la rabia que agarro. Necesito respirar tranquilidad, por eso me despido de mi padre, apago mi laptop, me voy a la cocina por un vaso de agua y una pastilla. Como siga escuchando advertencias me volveré loco.
Todos me ven como una amenaza, pero a ella no, ¿acaso es sano para mi salud mental desearla y no poder tenerla? Como si yo fuese de hierro y no sintiera.