Capítulo 5

2263 Words
                                                                                         * * * Me despierto con las energías renovadas, una tranquilidad invade mi cuerpo y suspiro, sin duda es lo que me hacía falta. Tanto estrés laboral me iba a volver loca. Verifico la hora en mi celular y son las ocho de la mañana, ni en vacaciones logro levantarme más tarde, es como si estuviese programada levantarme temprano; me deshago de la pereza yéndome al baño a prepararme. Alejandro se ofreció a darme un paseo por toda la hacienda y acepté, claro no sin antes Amy darnos una advertencia, que en cierto modo me hizo sentir nerviosa. Sobra decir que Alejandro es un hombre que está de muy buen ver y una tentación para cualquier mujer. Me pongo unos jeans con una camisa de algodón azul y unos zapatos deportivos, me recojo el cabello en un moño alto de manera que no me moleste en la cara, no me aplico un brillo porque al desayunar se me va quitar, por lo que en un bolsito meto el brillo y mi teléfono, no creo que vaya usar algo más. Llego a la cocina saludando a todos con cariño y mi estómago gruñe por los olores, Jesús, que vergüenza, mis mejillas se ponen coloradas por sus caras.  —Alguien tiene una fiera en el estómago —dice burlón Alejandro. Lo miro y se ve guapísimo como está, con botas y sombrero, la diferencia entre él y Fabricio, es que uno es casi rubio de ojos grises y el otro pelinegro y ojos negros como la noche; ambos atractivos, con solo verlos pareciera que estuviese cayendo en pecado. Le sonrío pícara.  —Ven mi niña siéntate a desayunar con nosotros —habla Florencia haciéndome señas en dirección al puesto que está al lado de Alejo—. Esta ternurita que está aquí es Lorena, ella le ayuda Amanda con las cosas de la casa —señala una joven morena de pelo enroscado, cejas gruesas, nariz respingona y muy bonita.  —Mucho gusto señorita Kimberly —se presenta amablemente, y me cae bien de inmediata, de ella emana un aire dulce y humilde. Noto como su mirada se posa un momento en Nathaniel para después bajar y ordenar la mesa de la cocina.  No quiero sacar conclusiones apresuradas, pero me acabo dar cuenta que Lorena está flechada por Nathaniel y éste ni pendiente. Lo observo disimuladamente y parece ajeno al escaneo que le hizo la morena. Javier habla sacándome de mis cavilaciones. —Te vas a chupar los dedos con las panquecas de chocolate que hizo la nana, y que decir de los huevos revueltos. Jamás en tu vida probaras unos tan ricos como los que se hacen en mi cocina. —añade Javier sonriendo de lado.  Aquí se desayuna hablando, nada de silencios, todos sonriendo y comentando lo que tendrían para este día; noto quienes faltan en la mesa, y por alguna razón no me sorprende.  Es tan ameno compartir con ellos el desayuno. A pesar que Amy no está me hacen sentir como si realmente perteneciese a este grupo tan lindo. Al terminar de desayunar quedo chupándome los dedos como dijo Javier. En mi vida había probado unos huevos así de ricos, la comida que cocino es insignificante comparada con la que hacen Florencia y Javier. Nathaniel se va a la siembra, me dijo que es ingeniero agrícola y me sorprendí, lo vi más como en una oficina, Javier sobra decir que es Chef y vive en Caracas. Alejo ingeniero en sistema y vive en Cumaná, y por último Fabricio, nadie habló de él en el desayuno y no negaré que me quedé con las ganas de saber su profesión o en qué se ocupaba. Aunque parece de esos hombres que saben hacer de todo. De todo te gustaría hacerle a él, me dice mi subconsciente. Niego con la cabeza antes de seguir con esos pensamientos.   Amy entra soñolienta a la cocina y con su sobrino en brazos.  —Agarra a tu hijo, no me dejó pegar un ojo en toda la noche, quería dormir con su papá —gruñe entregándole a Alejandro su hijo. —Papi —grita el pequeño con alegría al ver su papá.  Sonrío mientras que mi corazón se estruje.  Alejo pone fin a la conversación entregándole el niño a Amanda, se despide de los presentes y le sigo, al salir de la cocina por el rabillo del ojo veo a mi amiga dándole una mirada de muerte a su hermano mayor. Me carcajeo una vez que estamos afuera.   Me ve pícaro antes de montarnos en la pickup que vi el día anterior. Va sonriente y puedo observarlo mejor, decir que es un Ryan Guzman sería poco, todos sus músculos están bien puestos, además, sus ojos son capaces de hipnotizarte y cualquier mujer daría lo que fuese por vivir una noche en el paraíso con él.  Me explica las tres actividades económicas de la hacienda: la siembra, la ganadería, y el criadero de pollos y gallinas. Tres veces a la semana se lleva verduras al pueblo y a varios mercados en Casanay, los pollos aparte de ser para consumo de la familia se vende al pueblo, Don Camilo tiene un pequeño puesto donde los dejan más económicos que en el mercado, y cuando las reses alcanzan su punto se les lleva al matadero y luego se reparte por varias charcuterías.  Llevamos alrededor de una hora mientras recorremos la hacienda de su padre haciendo paradas cada dos por tres, me muestra una pequeña poza en la cual podíamos bañarnos y el agua era tan clara que parece mentira, me lamento no haberme traído una muda, pero no llegué a pensar que pasaríamos por una posa. De regreso me enseña el establo y estallo en carcajadas.  —¿Quién en su sano juicio tiene un establo y no tiene caballos? —pregunto en cuanto las carcajadas abandonan mi cuerpo, me llevo una mano al estómago para hacerme presión y no me duela tanto. Me ve pícaro y sonrío. Estoy segura que él puede sentir cuanto me llama la atención, pero se hace el inocente.  —Kim, solo padre tiene un caballo —responde—, aunque este año le regaló uno Amando, así que solo tenemos dos caballos, además, aquí se guardan los implementos de los trabajadores.  Se me acerca y dejo de respirar por unos segundos.  —Respira, tranquila belleza —dice con una sonrisa burlona en sus lindos labios. Quiero morirme, está jugando conmigo—. No muerdo, bueno, no todavía.  Cuando se acerca más a mí, escuchamos un ruido a nuestro lado y volteamos. Mis mejillas se calientan y se me erizan los vellos de los brazos, reconozco ese aroma. Maldigo, no quiero ni verle cara, me va dar vergüenza ver un reproche en su cara y ni saber lo que ha de estar pensando el pelinegro de mí.  —Hermano, aquí estás —sonríe Alejo, este hombre aparte de poseer unos ojos de infarto también tiene una sonrisa muy caliente, una sonrisa capaz de hacerte mojar las bragas con solo verla—. Le estoy enseñando la hacienda a Kim, ¿Cómo estuvieron las cosas por Casanay?  —Como siempre —le responde serio, su porte a pesar de estar relajado denota molestia, tal vez sea lo duro de su quijada cuadrada o su ceño fruncido lo que me hace pensar eso.  —Hola Fabricio —saludo y me quiero golpear por lo tonta que soy, si Alejandro me pone nerviosa, con éste las sensaciones son peores. ¿te pueden llamar dos hombres al mismo tiempo la atención? Nunca me había pasado algo así, por lo que esto me resalta extraño; mojigata no soy, pero tampoco he andado con el primero que veo. —Hola Kimberly —mi cuerpo se estremece al escuchar su voz ronca. Mierda, mierda y mil veces mierda. Evito morderme el labio, pero es lo que me provoca, Jesús. Los hombres Montalvos están muy bien dotados. Me quedo muda, sin saber como responder ante su escueto saludo. Siento como el ambiente se torna tenso y me remuevo. —Deberíamos volver a la casa, la hora de almuerzo ya está por caer —dice el rubio viendo su reloj. —Amy debe estar vuelta loca porque estas a solas con Kimberly —su mirada puro fuego se topa con la mía, trago grueso—. Ay hermanito cuida la descendencia puede que Am te deje sin ella. —y se carcajea más. ahí si creí terminar de mojar las bragas Los sigo mientras ellos van hablando de varias cosas, entre ellas la boda de su padre. Todos están felices por la unión, Don Camilo tendrá a su lado a una mujer maravillosa como lo es Amanda.  No había notado que en la hacienda hay dos Amandas hasta este momento en el que van ensimismados hablando. ¿Cómo sería llamar a una y respondiera la otra? Ha de ser cómico, no quisiera jugarles esa broma de mal gusto, pero mentiría si dijese que no me da curiosidad por averiguarlo. Antes de pasar por el comedor, prefiero darme un baño y quitarme el sudor de encima, me despido de ellos y me voy a mi habitación con las piernas temblándome, porque sé que me están observando, en especial Fabricio, mi cuerpo puede sentirlo.  Ya una vez lista reviso mi teléfono, tengo un mensaje de mi hermana, en el trabajo las cosas están agotadoras por lo que me cuenta mi compañera Sonia; menos mal me lo pensé mejor y tomé mis vacaciones. Me imagino como estaría en este momento, con los pies agotados, el dolor de cabeza y el estrés a millón.  Me llega un mensaje de Camila.  Mala, disfrutando de la hacienda sin mí. Cuidado con Alejo y Fabri. Mis hermanos son todos unos Don Juan. Nos vemos el lunes, querida Kim.  Vaya, si todos los conocen. Para las hermanas Montalvo Nathaniel y Javier pasan desapercibidos.  Le respondo.  El lunes cuando lleguemos arrasamos en Río de oro y todo sucre, dale nena un beso.  Camila es tan parecida a Amy tanto en físico como en personalidad, ambas rubias y ojos grises, altas y con cuerpos esculturales. Me levanto al escuchar que están tocando la puerta.  —Kim ¿Cómo te fue con Alejo? —pregunta mi amiga, sentándose en la cama—. No quiero ser pesada nena, pero recuerda lo que te dije.   Me río con ganas, Dios mío, pero si viven diciéndomelo ¿CÓMO SE ME VA OLVIDAR?  —Tranquila Amy, Camila también me lo recordó. Sobre todo, con Fabricio y con Alejandro.  —De los cuatros ellos dos son los más —hace una pausa como meditando la palabra— pícaros, y son los que levantan más pasiones. Javier es más cariñoso, pero si te descuidas te engancha y que hablar de Nathaniel.  —Con hermanas como tú mejor ni quiero enemigos —le digo medio en broma medio en serio. Algo tuvo que haber pasado para que esté tan insistente con ese tema. —Mis hermanos no son malos, yo los amo y los adoro, pero ha de reconocer que son todos son unos picaflores y no me gustaría que te ilusionases con ellos —hace una pausa—, no sé si me entiendas nena, pero te traje para que te diviertas y puedas despejar esa mentecita tuya. Le prometo mantenerme alejada de sus hermanas en ese sentido, las palabras al salir de mi boca me cuestan al principio, ¿Y cómo no me iba acostar? Si los dos son unos churris, pero tampoco soy tan estúpida como para echar por la borda nuestra amistad por un simple revolcón. Juntas bajamos a la cocina hablando de banalidades, y me propone ir al día siguiente a un balneario y me encanta la idea.  En el comedor Florencia está colocando la mesa con ayuda de Lorena y Nathaniel, y vuelvo a notar como la morena lo mira. En su mirada hay anhelo. En cambio, él ni se inmuta con ella, no fue descortés, jamás lo sería, no lo creo y no me lo imagino siendo así, pero fue como si ella no representase nada en su vida, pasa desapercibida. No los sigo viendo por respeto, me hace sentir una intrusa. Amy parlotea con Javier en la cocina, Alejandro y Fabricio vienen del estudio, y los señores de la casa no tardan en llegar.  Los platos están en la mesa y cada uno se sirve a su gusto. Florencia y Javier cocinaron pollo al cacao —primera vez que lo como— y por lo visto es un plato típico de aquí, consiste en pechugas de pollo sazonadas en cacao, acompañado por arroz, tajada y aguacate; se me hace agua la boca en seguida por toda la combinación de sabores y de postre tenemos un pie de parchita.  Lo afirmo, en mayo cuando me fuese rodaría. El almuerzo es tranquilo y privado, estaba vez solo se encuentra la familia y yo, los demás se hallan en la cocina en su hora de descanso. Don Camilo comienza hablar de unas cuentas y mi tentación le responde, a partir de allí uno los cabos, o es administrador o es contador.  La rubia de mi amiga comenta la idea de ir a un balneario y todos enloquecen, se da por hecho que iremos mañana. Los veo a todos dispuestos, menos alguien. Su oscura mirada me puede, trago grueso porque sé leer perfectamente lo que en ella dice.  Sexo. Placer. Ardor.  Termino de tomarme el jugo de sopetón y así apaciguar el ardor que surge en mi vientre. 
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