Está ebria. Me lo repito una y otra vez, pero mi pene no entiende de razones. Quiero enterrarme en ella, en lo más profundo de su ser. Deseo hacerla arder, pero tampoco quiero pasar una noche inolvidable y que después ella me reproche porque me aproveché de estado se embriaguez. La llevo a su cuarto tratando de no excitarme más de lo que me encuentro. El mero hecho de caminar por este pasillo me pone los vellos de punta. Llegamos a su habitación, entró con ello y cierro rápidamente para evitar la compañía de mis queridas hermanas. —¿Está haciendo mucho calor o soy yo? —pregunta. Respiro profundo. —Cariño vamos hacerlo siguiente —hago una pausa—. Vas a ir al baño, te vas a desnudar y te vas a meter debajo de la ducha, después vienes, te secas, te acuestas y yo le digo a la nana

