Eh...
No sé cuántas copas de vino me he tomado, la verdad es que perdí la cuenta cuando iba por la tercera.
Al terminar de almorzar Amy y Camila agarraron lo que quedaba del vino, y buscaron otros, yo llevaba las copas con miedo a que se me cayesen.
Fuimos a parar a la parte trasera del establo, debajo de un árbol frondoso, desde la lejanía el que nos veía pensaría que estábamos haciendo un picnic, pero la verdad es que estábamos más borrachas que una cabra.
Maldición.
Sí, que nos pegó el vino.
En mi defensa puedo decir que fue culpa de Javier, nadie le manda a acompañar el l almuerzo con un vino tan dulce, que cuando te das cuenta terminas borracha.
Trato de no pensar en cierto hombre porque terminaré excitada, lo menos que quiero es terminar excitada con Amy y Camila a mi lado.
Al caer la tarde decidimos volver a la casa, más ebrias no podemos estar.
Suspiro.
En estos momentos lo que me provoca es estar acostada en los brazos del hombre que me quita el sueño.
Subo poco a poco las escaleras, con mucho cuidado de no tropezar, Amy se pierde en la cocina mientras Camila se va corriendo a su habitación, o tal vez yo la veo corriendo.
Antes de terminar de subir las escaleras por el rabillo del ojo izquierdo veo a Fabricio y Alejandro.
Ambos están inmersos conversando. Ninguno se percate de mi presencia, por lo que termino de subir las escaleras.
Me quedo en medio del pasillo viendo todas las puertas que tiene, ahora... No recuerdo si mi habitación es la del final, o tengo que doblar para llegar hasta ella...
Me quedo pensativa.
De repente todo se me nubla y no logro distinguir bien hacia dónde voy a caminar.
—Mierda —hago un sonido lastimero.
—Veo que alguien tomó mucho vino —susurra alguien detrás de mí.
Mi vello corporal se eriza, siento un corrientazo en todo el cuerpo, unas ganas de suspirar y recostarme en sus brazos fuertes.
Sin necesidad de voltearme ni esforzarme mucho sé quien es.
Fabricio está detrás de mí.
Fabricio está detrás de mí, me repito.
Giro con cuidado de no caerme, ni que los movimientos bruscos me mareen mas de lo que ya estoy.
Lo veo.
Hermoso.
Hecho para el pecado.
Hecho para dar placer.
Hecho para complacer una mujer.
Niego mentalmente para no tener que negar con la cabeza.
—Si supieras lo sexy que te ves —me dice.
Se acerca un poco a mi.
Me siento desconcentrada.
—¿Me puedes llevar a mi habitación? —pregunto sin pensar.
—¿Es eso una propuesta indecente? —susurra con picardía.
¿Le acabo de pedir que me lleve a mi habitación?
Mierda.
¿cómo se me ocurre decir eso?
—¿Te comieron la lengua los ratones? —pregunta quedito.
Mierda y mil veces mierda.
Lo que quiero es que me coma entera.
—Eh... eh... ¿disculpa?
Se acerca más a mi, hasta estar a un palmo de distancia, puedo sentir su calor en mi cuerpo, sus ojos se dilatan viendo mis labios. Su olor inunda mis fosas nasales y deseo saltarle encima.
¿Por qué tiene ser tan provocador?
Mis ojos se quedan anclados en sus labios.
Deseo tomarlos.
—Me pediste que te llevase a tu habitación —sonríe de lado—. Y te pregunté si es una propuesta indecente —silencio por varios segundos—. Aún no me has respondido, ¿es una propuesta indecente?
Acaricia mi nariz con la suya, las piernas automáticamente se me debilitan. Temo caer en el piso y matarme. Sería muy vergonzoso el enunciado que saldría en los diarios:Muere mujer por una caída en estado de embriaguez al sentirse deseada por un hombre.
El hazme reír de todo el país.
Coloca sus manos en mi cintura.
Su calor.
Su calor.
Joder, joder, joder. Tómame de una vez, pienso.
Tómame por todo el resto del día, tómame por todo el resto de la tarde, tómame por el resto de la eternidad.
Ya va... ¿QUÉ?
Bendito vino, hago una anotación mental de no volver a tomar vino, o en todo caso una copa y ya.
—¿Kimberly? —siento su aliento en mis labios.
Me dejo llevar, dejó salir esas ansias que en mí habitan.
Llevo mis manos sus hombros, me tambaleo un poco, pero eso no me distrae de lo que pienso hacer.
Inclino un poco la cabeza y tomo sus labios.
Los tomo con hambre voraz, con un hambre que me consume por completo.
Amaso su labio inferior entre los míos.
Me encanta cómo se siente, su textura es dulce, es suave, me embriago de sus besos.
Paso la lengua entre sus labios y casi exoloto al tocar la suya. Las piernas se me debilitan más de lo que ya las tengo.
Nuestras respiraciones se aceleran mientras nos devoramos la boca con muchas ganas.
Su lengua recorre toda mi boca y puedo decir que estoy a punto de tener un orgasmo.
Se restriega contra mí y siento su dureza. ¡DIOS!
—Quítame la ropa —pienso en voz alta.
—¿Entonces si es una propuesta indecente? —vuelve a preguntar.
—Shh... —le coloco los dedos en los labios para que no hable—. Bésame, bésame, bésame hasta dejarme sin sentido.
La adrenalina se me dispara a millón al notar que estamos caminando en dirección a mi habitación.
Me entran los mil calores en el cuerpo y no puedo respirar.
Me voy a morir, me voy a morir. Me voy a morir sin haberme cogido a este bombón como lo llama mi hermana.
Entramos a la habitación.
Somos un manojo de nervios. Manos por aquí, manos por allá.
Lo llevo hasta la cama y me siento encima de él, se quita la camisa, quedando desnudo de la cintura para arriba.
Mis neuronas sufren un cortocircuito.
OH DIOS MIO.
Nota: Casi sufrí un infarto al no verlo en los borradores, casi se quedan sin capítulo.
Dentro de otro ratito escribo el otro y lo subo.
y como siempre, gracias por el apoyo. Recuerden por favor recomendar la historia con amigos, para que sea conocida. Los adoro.