—Hablo enserio Camila —hablo con autoridad—. Conozco perfectamente el diablillo que hay en ti.
—¿Por qué no me crees Fabricio Alejandro? —pregunta indignada.
—¿Será porque a cada oportunidad que tienes haces todo lo posible por hacerle la vida imposible? —pregunto—. Sí, por eso.
Me ve exasperada. Suspira y hace ejercicios de relajación.
—Prometo no tratarla mal —indica levantando su mano derecha—, pero si ella me busca le responderé. ¿ok?
Llegamos a ese acuerdo.
Su teléfono de pronto vibra y veo que es un mensaje, lo aparta rápidamente para que no vea lo que dice y mucho menos el destinatario.
La miro levantado la ceja izquierda.
—¿Mi hermanita teniendo secretos con su hermano favorito? —curioseo.
—¿Quién te dijo que eres mi hermano favorito? —contraataca.
—No me lo has dicho, pero lo sé —murmuro seguro de mi mismo.
—En tus sueños querido hermano —responde—. Mi favorito es Alejandro.
Suelto una carcajada.
Una muy estruendosa, no porque mi hermano mayor sea un ogro, no, no, sino porque cada vez que Camila tiene un problema me busca.
Los primeros minutos, le hago creer que me trago su mentira, pero después le replico.
—¿Segura de tu respuesta? —Indago.
Se queda varios minutos en silencio, mientras yo la observo.
No queda nada de aquella niña que estreché en mis brazos cuando apenas tenía una semana de nacida, a pesar de la tristeza que nos embargaba en ese momento.
Mamá murió producto de una infección que agarró en el parto de Camila.
No fue instantáneo, como con Sara. Mamá sufrió unos días hasta que ya no pudo más y se fue.
Camila con tan solo unos días de nacida cautivó nuetros corazones. Y si alguno tuvo un mal pensamiento sobre su nacimiento, quedó atrás al verla.
Hoy tengo frente a mí a esa niña que todos criamos con mucho amor, con valores y con alegría. A pesar de que no contó con una figura materna, la sacamos adelante y llegado el momento preguntó que fue lo que sucedió con nuestra mamá.
Sonrío al recordar cuando tan solo con cuatro añitos llegó del colegio e hizo la pregunta que todos estábamos evitando.
—Papi ¿por qué yo no tengo mamá? —todos en ese momento dejamos de comer y centramos nuestra atención en ella.
Mis hermanos se tensaron al momento, pero luego se calmaron.
—Cariño mío tú madre fue la mujer más hermosa del mundo —padre hizo una pausa—. La más bella de estos lares, una gran mujer con un corazón inmenso y como la sonrisa más bonita del planeta. Todos mis hijos son fruto de nuestro amor, en ningún momento llegamos a repentirnos por saltarnos varias etapas de nuestras vidas.
«Tu madre al darte a luz cogió una infección que durante días se estuvo tratando, pero le ganaron los nervios y se dio por vencida. Recuerdo como si fuese ayer sus últimas palabras.
Desvió un momento la mirada de mi hermanita para secarse las lágrimas.
—Amor mío cuida de mis tesoros.Cuida de este angelito que acabamos de traer al mundo, dile que me disculpe por abandonarla, pero que ya no puedo seguir luchando. Mamá siempre los amará a todos, y si existe algo más allá de la muerte los estaré cuidado y velando cada uno de sus pasos.
Espabilo al escuchar mi nombre.
—¿Fabricio? —pregunta Camila.
—¿Si?
—Te idiotozaste por un momento, ¿en qué pensabas? —cuestiona dándome un golpe en el abdomen—¿Acaso estabas pensando en una mujer?
—Sí, estaba pensando en una de las mujeres más bonitas.
—¡FABRICIO! —Exclama—. Te dije que si la cagabas con Kimberly, no iba ayudarte.
—Sí, estaba pensando en una de las mujeres más bonitas —repito—. Estaba pensando en la revoltosa de mi hermanita y en madre.
—Farbi —susurra—. Sí eres tonto. Te quiero ¿sabés?
—Lo sé muy bien enana —la atraigo a mis brazos—. Y sé que soy tu hermano favorito aunque no lo reconozcas.
—Que creído eres.
—No me desvíes la conversación y no te hagas la tonta señorita. —digo—. ¿Existe alguien que merezca el corazón de mi hermana?
—Eh... —tartamudea.
—Sabes que confío en ti —señalo—. Eres una jovencita íntegra, con trabajo, y finalizando estudios, con miles de cualidades como el canto y el baile, con todo un mundo por delante.
«Sé que eres capaz de decidir lo que crees es conveniente para tu vida. Pero quiero que te digas a ti misma: nunca voy a estar sola, mi hermano siempre estará para mí, así mi decisión no sea de su agrado.
Sonríe, se aparta un poco.
Sus ojos contienen lágrimas que desea derramar, y no porque sea un momento triste, sino porque es un momento emotivo.
—Eres el mejor hermanito —lloriquea—. Sí, existe una personas, pero estamos viendo a donde nos lleva.
—Es bueno que tengas presente que pase lo que pase debes aceptarlo de la mejor manera posible.
—Debiste haber estudiado psicología en vez de administración —se burla—. Bajemos que antes que la intensa de Amy suba a preguntar por qué nos hemos quedado tanto.
* * *
Amanezco con una erección en todo en su esplendor.
Maldición.
Maldito sueño, maldita Kimberly, maldita mujer con curvas de muerte.
Me levanto con intenciones de bañarme, pero en la ducha viene a mí una y otra, y otra vez sus senos firmes, su trasero redondo, el olor de su piel, lo regordete de su labio.
Mierda.
Es impensable lo que pienso hacer. Ni cuando adolescente me dieron tantas ganas de masturbarme.
Me deshago del bóxer, y lo coloco en la cesta de ropa.
Mi m*****o erecto me da los buenos días.
Llevo la mano izquierda a la base y gruño, mierda. Cierro los ojos, y me la imagino.
Tentadora, sensual, peligrosa, apasionada. Desnuda encima de mí, desnuda a cuatro patas, desnuda debajo de mi cuerpo, desnuda y mi cabeza enterrada en sus piernas. Saboreando su dulce coño. Deleitándome con su sabor afrodisíaco.
Muevo más rápido la mano dejándome llevar por las ganas que me gobiernan de hacerla mía, de hacerla gemir y llevarla a la locura.
Imagino su respiración agitada, y me prende fuego las venas. Siento el estremecimiento, aviso de que en cualquier momento explotaré.
Coloco mi dedo pulgar en mi glande y gruño.
Vuelve a mi mente, la imagen de sus pechos, y me dejo llevar. Acabando con un desastre en mi mano y la parte baja de mi abdomen.
Maldita mujer.
Soy yo el que terminará en locura, como me quedé con esta ganas que amenazan por calcinarme.
Abro la ducha y borro todo rastro de mi esencia y de lo que acabo de hacer.
Masturbarme en vez de bajarme las ganas, me las aumentó y sé que hasta que no la tenga debajo de mi cuerpo gimiendo mi nombre no saciaré estas ganas que me produce.
* * *
Buenas noches corazoncitos ?
Este capítulo es un borrador, pido disculpas si hay errores. Nunca he escrito de uno de mis personajes dándose placer. Voy poco a poco.
Los adoro y gracias por el apoyo.