Capítulo 6

1321 Words
Pasé todo el fin de semana dentro de casa. Solo salía a darle de comer a Neli y a las gallinas. Tal y como dijo George, en la madrugada del sábado una tormenta azotaba el cielo. La oscuridad llegó, pero por suerte el radiador funcionó a los minutos y la luz volvió. Me sentaba en la hamaca cuando la tormenta se calmaba; el olor a lluvia, tierra mojada y pasto le daba un alivio a mi corazón. El domingo la tormenta fue intensa, pero la casa se mantenía calientita. Mientras cocinaba algo en el horno, la casa olía a naranja y canela. Intenté hacer unos roles de canela… y digo intenté porque no salieron tan bien a la vista, pero de sabor estaban bien. Mails se la pasaba jugando con Orión y, en uno de sus juegos, quedó atrapado arriba de la heladera. Maullaba para que fuera a socorrerlo, mientras Orión lo miraba desde el piso; casi pensaría que riéndose de él. Perla estuvo todo el tiempo acostada en el borde del sillón que había movido enfrente de la ventana para poder mirar la lluvia. Tanto ellos como yo esperábamos que la tormenta se fuese, así podríamos salir afuera y que el sol nos diera en la cara. Por suerte, en la tarde del domingo la tormenta paró y, al cabo de unas horas, aquellas nubes grises ya casi no estaban. Esa misma noche, antes de irnos a dormir, les di un baño. Luego los sequé con el aire calentito del secador de cabello y los acurruqué en la cama. Después de asegurarme de que estuvieran cómodos, me di un baño. Cuando terminé, me cepillé los dientes y me peiné. Me puse mi pijama y me acurruqué junto a ellos. Estaba en el río, y Orión corría junto a Mails persiguiendo una mariposa. Perla estaba sentada junto a mí, debajo de un hermoso sauce llorón… era tan perfecto. Toc, toc, toc. Me desperté de golpe al sentir el ruido de la puerta. Salí como pude de entre las colchas; no alcancé a ponerme algo en los pies cuando volvieron a golpear. —¡Ya va! —dije con voz ronca; aún estaba dormida. Cuando crucé la cocina y llegué a la puerta, la abrí de golpe… y quien estaba del otro lado era ¿Neli? —Bien, ya despertaste. Vamos, hay que aprovechar la mañana —dijo George, a medio camino del corral—. Lindo cabello. —Se rió y desapareció en cuanto dio la vuelta. ¿Pero qué hora es? Entré de vuelta a la casa y fui a la habitación. Busqué mi celular y vi que eran las 8 a. m. Me di la vuelta y entré en el baño. Cuando vi mi reflejo en el espejo, comencé a reír: mi cabello era un desastre. Abrí el grifo y me lavé la cara. Tomé la toalla y me sequé. Luego me lavé los dientes e hice mis necesidades. Cuando terminé, salí y busqué algo de ropa cómoda pero abrigada; la mañana estaba fresca. Tomé un pantalón de jogging y una polera, me cambié, me puse unas medias, busqué mis Converse y, antes de salir, agarré una campera y me la puse. Me até el cabello en un moño casi prolijo y salí al porche. George pasó con una carretilla y una pala. —Ven, debemos limpiar el corral —dijo mientras caminaba. Lo seguí en silencio y, cuando entré, vi los “regalos” de Neli. Suspiré y comencé a ayudar. Luego de unas horas, ya habíamos arreglado el corral y el gallinero. George me ayudó a recolectar los huevos sin que las gallinas se enojaran. Y sí, aprendí a ordeñar a Neli. Creí que sería todo un desafío, pero pude. Luego de eso invité a George a desayunar. Hice unos huevos revueltos con tocino, tostadas y un vaso de leche. Mientras comíamos, George me platicó de los desastres que causó la tormenta en el pueblo, y que, cuando venía de pasada, unas vacas de los vecinos se escaparon, así que si las veía no me preocupara, que ellos se harían cargo. Luego del desayuno me ayudó a pintar, tal y como lo había dicho. En la cocina usamos el “Vintage Cream”, que me encantó cómo le daba más luz y hacía juego con los muebles. En la sala/comedor, que no estaba tan apartada de la cocina —solo las separaba una pared que guiaba hacia mi habitación—, seguimos trabajando. Luego continuamos con la sala, la que más me emocionaba, porque era donde pasaba más tiempo con mis gatitos y me sentía en paz. La pintamos de un “Muted Sage”. A mitad del proceso escuchamos unos ruidos afuera. Cuando me asomé por la puerta, vi al otro lado de la tranquera a unas cuantas vacas queriendo entrar, pero al parecer George había cerrado bien. —Como lo supuse, ellas intentarían entrar. Por suerte siempre estoy un paso adelante —dijo sonriendo, mientras se limpiaba las manos en sus jeans. Yo asentí y volví adentro a continuar con la pared que me faltaba. Tomé periódico y lo coloqué en el piso, así no lo manchaba. Cuando empecé con el rodillo, vi por la ventana que se acercaba una persona a caballo. George, al verlo, se adelantó a bajar del porche para ir a su encuentro. Escuché su conversación, pero no logré entender mucho; aún estaba mejorando mi inglés. El grito de George llamándome me hizo dejar todo así. Me limpié las manos con un trapo y salí al porche, mirando en su dirección. —¡Olivia! Aún no me habían notado, pero no quise bajar los escalones. No era por ser antisocial, simplemente me mantuve a distancia, en mi lugar. La persona que estaba junto a él se veía tranquila, concentrada en lo suyo, con la cabeza apenas inclinada. La gorra verde la llevaba hacia atrás, dejando ver algunos mechones de pelo oscuro. Su cara era definida pero suave, con una expresión relajada, como si nada lo apurara. Yo lo veo antes de que él levante la mirada de George. Cuando al fin levanta la vista, sus ojos se encuentran con los míos. Por un segundo se queda así… y después sonríe, leve, natural, como si ya me hubiera notado desde antes. George gira la vista en mi dirección y dice: —Este muchacho es Luka Baker. Le estaba contando, en pocas palabras, que ya no vivo aquí y que no hablas mucho inglés. —Le dedicó una sonrisa tímida, y él me sigue mirando; un escalofrío me recorre la espalda—. Es el del medio de los Baker, es un buen muchacho. Luka le dice algo y George le presta atención. Luego agrega: —Luka dice que es un placer conocerte y que, si en algún momento necesitas ayuda, no dudes en pedírselo. —Dile que se lo agradezco y que igual es un gusto conocerlo —digo, sonriendo tímidamente. Luka espera a que George le traduzca y, cuando ya sabe lo que he dicho, me mira, sonríe, le dice una última cosa a George y luego se da la vuelta, guiando a sus vacas. Mientras lo veo marcharse, George vuelve, sube las escaleras y se pone a mi lado. —Luka está soltero… solo lo digo para que lo sepas. Luego de decir eso entra en la casa. Lo sigo con la mirada y niego con la cabeza. Lo seguí y, al cabo de unos minutos, terminamos con la pared. George se marchó en cuanto todo estuvo limpio. Se empeñó en limpiar él, aunque le insistí que no lo hiciera, pero por suerte esta vez me permitió llevarlo hasta el pueblo. Le agradecí por la ayuda y me despedí. Cuando venía de regreso, me puse a pensar en que tenía que conseguir una antena de wifi… y que, cuando llegara a casa, eso sería lo primero que haría
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