Capítulo 4: Encuentro

2136 Words
Narra Aremi: A pesar de ser jueves el club estaba lleno y con Michelle y Aurora no dábamos abasto a la media noche. En la barra estaba sentado Nath junto con Cyrene que habían tenido la idea de venir a conocer el club, pero en un mal día. Por el rabillo del ojo vi a Nath pasando por encima del mesón de la barra y abrí los ojos sorprendida. Será tonto. –Nathaniel, ¿Qué mierda haces? –Pregunté cabreada. –Ayudar –replicó con una sonrisa y de la nada comenzó a atender gente y hacer bebidas como si fuera tan fácil como respirar. Eran la una de la madrugada y la gente se había dispersado poco a poco, sin embargo, la pista de baile estaba llena. Las luces recorrían todo y creo que había sido una muy buena idea de Richard –el jefe- instalar la pista luminosa. –Nath, atendías como todo un experto, –exclamó Aurora y tenía mucha razón. –Desde los dieciséis, trabajo el verano en el bar de mi tío –respondió con una sonrisa. –¿Dónde está Cyrene? –Interrogué ya que desde bastante tiempo que no la había visto sentada en la barra. –¿La morena guapa? –Preguntó Michelle. Asentimos con la cabeza los tres. –Creo la sacó a bailar mi hermano mayor, –dijo Michelle como si fuera normal y creo que casi me da un paro cardíaco. Cyrene no bebe, no baila, no sale de fiestas y mucho menos se aleja con un desconocido. –¿Hermano? –Preguntó Aurora con el ceño fruncido–. Te conocemos hace tres semanas y no cuentas que tienes un hermano. –Es en realidad mi medio hermano, pero siempre ha sido muy bueno conmigo –sonrió. –Quiero su expediente ahora, no puede salir con mi Cyrene sin dar mi visto bueno –soné como una madre histérica, pero Cyrene estaba primero. –Bueno –soltó una risa–. Se llama Ryan Terrence, es abogado, tiene veinticinco y tiene una casa en la que vive con nosotros. –Un hombre mayor –aspiré con fuerza y exagerada–. Nath, es un hombre mayor, y con nuestra pequeña –me encogí y tomé el brazo del rubio a mi lado como si buscara contención. A pesar que si era preocupación, era verdad que estaba sobreactuando. –¿Qué le pasa a Aremi? –Preguntó Cyrene desde el otro lado del mesón. –Está teniendo un ataque de pánico por ser una madre sobreprotectora –respondió Aurora con risa. Me erguí y detrás de Cyrene estaba Gabriel, el primo de Michelle que habíamos conocido ayer junto a otro chico muy alto. Ese debía ser Ryan, tenía el cabello liso y oscuro, junto con unos ojos avellanas que daban la impresión de ser dulces, una sonrisa encantadora y una insipiente barba. Por segundo pensé que sus ojos avellanas de parecían a los Patrick Terrence y también por su apellido, pero abandoné la idea al instante. –Buenas noches, yo soy Aremi Levane la madre sobreprotectora sustituta de Cyrene, rómpele el corazón y te comunico que tengo contactos con los cuales te puedo hacer desaparecer, –extendí mi mano y él la cogió con una sonrisa algo perturbada por las cosas que le dije. –Encantado. –¡Aremi! –Interrumpió Cyrene con las mejillas muy coloradas–. Sólo fueron unos bailes por simple cortesía ya que estaba sola. –Parecía muy abochornada y no pude evitar soltar una risita. Cyrene, siempre tan inocente. –Chicos, mañana va a tocar una banda de indie a las diez, quizá podrían venir si les gusta la buena música –los invité y asintieron. –Michelle, ¿por qué no me dijiste?, sabes que amo el indie –reclamó Gabriel. –Porque no me gusta tenerlos en mi área de trabajo –respondió con una mueca mientras limpiaba unas copas–, pero ya que Aremi los invitó vengan con todos los chicos. Miré interrogante y al instante Michelle me explicó. –En la casa de Ryan vivimos cinco y a todos les gusta la música así que pensé que sería bueno. Sonreí secretamente porque sabía que en fondo era para que viniera mucha gente y así el show de la banda en donde estaba Cat fuera un éxito. Es que como no ven que son la una para la otra. –Mientras más gente mejor –sonrió Aurora. Mientras hablamos se acercó una chica a la mesa, tenía el cabello rojo con ondas y unos penetrantes ojos verdes además de una sonrisa encantadora. –Hola, quiero dos Martini de chocolate. –Enseguida. Hice ambos con rapidez y se los tendí a la chica. Ella sonrió mientras me pasaba el dinero y se iba, se lo pasé a Michelle que era la que siempre estaba en la caja. –Aremi, toma –me pasó un papelito–, me impresiona como las chicas se fijan en ti. Abrí el papel y me di cuenta que era un número de teléfono, más abajo decía el nombre Rosalya y un llámame. Reí al verlo. –La verdad a mí también –solté una risotada. Narra Patrick: Intentaba no darle vueltas al asunto de la chica, pero me fue imposible, en la casa de mi hermano agradecía que fuese grande y en la azotea me haya dejado un espacio para poder tener mis cosas de pintura. Tomé una hoja y rápidamente tomé un pincel junto con mis acuarelas así pudiendo comenzar con mi terapia. Realmente agradecía a mi madre por meterme a esas clases de pintura cuando tenía cinco años ya que era la única forma que tenía de expresarme. –Patrick –escuché la voz de Michelle desde las escaleras–. Ryan y Gabriel se van conmigo al club, creo que Oliver te dejó comida. –Adiós –les grité y la verdad es que no tenía hambre. Luego de más o menos una hora tenía un cuadro listo. Y allí estaba sin querer la mirada enfurecida de Aremi –que sabía su nombre por la información que leí de su libro–. En parte me avergonzaba haberla pintado, pero a la vez me reconfortaba porque ya había sacado ese incómodo sentimiento de culpabilidad. –Patrick –escuché un susurro femenino y levanté la cabeza. Allí estaba Evina, con su frágil silueta y cabello oscuro largo en contraste con su pálida piel. Sus ojos azules se fijaron en mí. –¿Qué pasa? –Cuestionó acercándose casi con timidez. –Nada, tan solo quería pintar –expliqué y me puse de pie estirándome–. Pero creo que la hora se me pasó. Aunque tú deberías estar en tu casa. –Lo sé es solo que estaba algo preocupada –se acercó. –No es nada –puse mi mejor sonrisa–, mejor bajemos. –Ajá –asintió y comencé a caminar hacia donde estaba ella–. Patrick –soltó una vez que pasé a su lado hacia las escaleras. La miré interrogante y sus mejillas se tiñeron de un rosa suave. –Sé que somos amigos y bueno me encanta pasar tiempo a tu lado, además que me fascina las formas con la cual expresas ideas y los meticuloso que eres –suspiró–. Me gustas. Para nadie –y menos para mí– era una sorpresa que le gustara a Evina ya que me lo había dejado más que claro cuando alguna chica se acercaba o alguna compañera por alguna duda de la clase. La quería y la apreciaba, pero no soportaba las chicas venenosas y poco valientes, ya que si tal vez en vez de comportarse así me lo hubiera dicho de un principio la podría haber aceptado. Además, que en parte mi duradera soltería y hasta mi vida social estaba siendo afectaba por ella. –Evina –suspiré–. Te quiero y aprecio mucho, pero dudo que encajen nuestras personalidades y metas. Pero, no tengo sentimientos hacia a ti diferente a los que le puedo tener a mi hermana. Vi el brillo en sus ojos y su expresión me mostró su tristeza. No quería darle falsas esperanzas, ya que tampoco me gustaría que lo hiciesen conmigo. Ella no dijo nada y solo pasó a mi lado hasta salir de la casa. Creo que mi apetito se había esfumado y solo me fui a mi habitación a dormir. *** Desperté en la mañana y caí en la cuenta que a primera hora tenía mi ayudantía con el profesor Williams. Tendría que ver a Aremi, pero por lo menos me daba una instancia para pedirle disculpas. Me levanté rápidamente y en cuanto bajé me encontré con un embobado Ryan junto con mis amigos Ian y Oliver que se veían en una increíble batalla por quien comía más rápido. –¿Michelle? –Pregunté sentándome junto a ellos en la mesa de la cocina. –Ayer le llegó mail que su profesor estaba enfermo –me dijo Oliver con la boca llena. Realmente mi amigo pelirrojo era un asqueroso de primera y superaba por lejos a Ian. –Es una suertuda –murmuró Ian que tragó con fuerza. Miré a mi hermano que parecía totalmente ausente con un café en la mano mirando a la nada. –¿Y qué le pasa a Ryan? –Pregunté riendo. –Ayer conoció a una chica –escuché la voz de Gabriel entrando a la cocina con su cabello desordenado. Levanté las cejas con sorpresa ya que mi hermano no era ese tipo de tontos que se quedaba embobado con una chica. –Se llama Cyrene –suspiro–, pero es muy pequeña, tiene dieciocho –habló ensimismado y volvió a suspirar. –Es mayor de edad, eso es lo que importa –dijo Oliver y lo golpeé. –Le saca siete años, imbécil. –Pero cuando ella tenga cuarenta y Ryan cuarenta y siete nadie lo notará –respondió con suspicacia Ian. –Es verdad –apoyó Gabriel. –No puedo –dijo Ryan levantándose de su puesto y perdiéndose en el pasillo. Lo miramos irse y realmente me extrañó que estuviera así de atontado. Nos fuimos rápidamente en el auto de Gabriel ya que universidad no quedaba a unos veinte minutos en auto. Casi corrí al aula en donde el profesor había llegado temprano y yo también porque penaba la usencia de algunos de los alumnos. –Buenos días, profesor Williams –saludé y dejé mi bolso en el puesto del profesor mientras alistaba algunas cosas. –Patrick, ya te había comentado que me gustaría que hablaras de las reseñas y críticas y, también les podrías comentar a los alumnos que es lo que haces junto con el periódico universitario –sugirió y sentí como un malestar en el estómago se acentuó en cuanto me lo dijo. –Bien –asentí y rápidamente armé unas cuantas tarjetas con algunas cosas que se me podían olvidar. Me di vuelta y vi cruzar el arco de la puerta a Aremi. Ella iba con una cazadora de cuero negra y una camiseta de cuello holgado que dejaba ver el tatuaje que pasaba sobre su clavícula izquierda hasta el borde del cuello. Eran botones de rosas, pero diferentes colores. Caminó a paso firme y me pude fijar que tenía ese aire arrogante que la hacía ver imponente. Tomó asiento en la segunda fila en medio y poco a poco llegaron los demás alumnos. Llegó su amiga morena de la vez anterior y a su otro lado se sentó un chico rubio. –Buenos días chicos, hoy le cederé la clase al señor Terrence y así será por todos los viernes de hasta final del semestre –avisó al alumnado y luego se fue a sentar a la última silla de la sala. Avancé para situarme en dónde él había estado. –Buenos días, ustedes ya saben mi nombre y espero poco a poco ir conociéndolos –miré un segundo a Aremi y le estaba haciendo una mueca graciosa a su amigo. –Primero quiero partir explicando cómo terminé estudiando esta carrera y las cosas que me motivaron –seguí contando un poco de mi historia y mis libros favoritos–. Y mi afán al terminar la licenciatura es hacerme profesor de universidad o editor, la verdad ambas cosas me gustan. Además que conseguí hacerme un hueco en el Brown Daily Herald, que es el periódico oficial de la universidad y allí escribo críticas a los libros populares que salen hoy en día. << Y tomando ese tema como referencia eso me gustaría que habláramos hoy, sobre la crítica. ¿Alguno tiene alguna duda? Inmediatamente mi miedo de confirmó. Aremi estaba levantando la mano.   
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