Capítulo 3: Club

2040 Words
–Hola Joe –le sonreímos al guardia antes de entrar por la puerta trasera al local a través de un callejón. –Holas chicas –nos sonrió de vuelta. Joe era un hombre muy dulce y amable en especial con las chicas más jóvenes que trabajamos en el concurrido club “El rincón de los nocturnos” ya que siempre nos decía que le era inevitable recordar a su hija que tenía unos dieciséis años. Pero de todas maneras lo escondía bajo su fachada de fuerte y rudo, y no era para menos, media casi dos metros además de ser bastante corpulento, afroamericano y con unos ojos avellanas llenos de ternura.  Entramos a una habitación en donde había una mesa grande, casilleros a un costado y un gran espejo, era una habitación bastante acogedora de color celeste y de piso de cerámica blanca. –Menos mal que Richard tiene la calefacción prendida, –dije mientras frotaba mis brazos. –Menos mal –dijo Aurora mientras secaba su jersey y tomaba su camiseta negra con el nombre del club en letras blancas. La imité y me saqué mi chaqueta con mi blusa para ponerme la camiseta junto con el delantal n***o amarrado a mi cintura. –Hola –saludaron los chicos que iban saliendo del turno de tarde. Eran tres, Lily, Max y Sam. –Hola –saludamos al unísono con Aurora–. ¿Hay mucha gente? –Pregunté antes de salir por la puerta que conectaba a la barra. –Está relajado, pero de todas maneras hay gente, no sé cómo los universitarios no se cansan –dijo Max que era el mayor de todos ya que estaba terminando su carrera. –Además Michelle ya llegó así que les recomiendo que se apresuren. –Bueno, nos vemos –sonreí y cruzamos la por la puerta a la barra. En la mesa barnizada solo había unas tres personas pidiendo bebidas y Michelle estaba atendiendo a una, después de todo eran las diez y todavía no llevaba mucha gente. Tomé rápidamente la orden y serví tres mojitos. –Hola chicas, ¿cómo están? –Saludó Michelle a ambas con un beso en la mejilla. Era una chica realmente agradable y carismática. Siempre tenía el cabello de colores como Aurora y en esta ocasión estaba en un degrado de celeste a lila, sus ojos oscuros siempre hacían que lo miraras atenta o que te intimidaran, de nariz afilada y cara alargada. Solíamos molestarla por su baja estatura ya que era mayor que nosotras y era bastante bajita, como un metro cincuenta y había que ayudarla a sacar alguna botella que estaba en la parte superior de la repisa de vidrio a nuestras espaldas. –Bien ¿y tú? –Pregunté de vuelta y respondió lo mismo. –Escuché por ahí que en el periódico de la universidad van a hacer una reseña de tu libro –comentó y abrí los ojos con sorpresa. –Genial, muero por verla –dije con interés por lo que escribirían. –Creo que saldrá mañana en la edición matutina –dijo tomándose el mentón de forma pensativa pero justo llegó un cliente antes de que le pudiera responder. La noche comenzó y como pasado las once el local se comenzó a llenar. En la barra había varios clientes que permanecían sentado mientras no muy lejos la multitud bailaban a ritmo del Dj que estaba sobre el escenario muy concentrado poniendo música e increíblemente me gustaba. Con las chicas en ocasiones nos poníamos a bailar y reíamos. Vi por el rabillo del ojo como un chico de cabello más o menos largo con ondas se sentaba en la barra solo, era guapo y sus ojos oscuros miraban a Michelle que lo estaba atendiendo con una sonrisa bastante tentadora. Su rostro era anguloso y de mandíbula marcada, en cuanto una luz iluminó su cabello me di cuenta que era castaño claro. –Aurora –le dije a mi amiga que recién había terminado de atender un cliente–. Chico lindo a las tres –le hice una seña con la cabeza y le di la espalda al chico para que ella lo mirara y si se daba cuenta, me mirara a mí como aquí no ha pasado nada. –Ese chico creo que lo vi hoy en la tienda de discos –lo analizaba de arriba abajo–. Le recomendé unos discos de Jazz –murmuró. Me di la vuelta y me di cuenta que Michelle nos llamaba con su mano, nos acercamos. –Chicas –gritó sobre la música–, él es mi primo Gabriel Donovan –nos lo presentó y le sonreímos. –Aurora Campbell, un placer –dijo mi amiga mientras le daba la mano que él le extendió. –Aremi Levane –agité su mano y sonrió. Si ya era guapo serio, cuando sonreía su s*x appeal aumentaba considerablemente. –Encantado –gritó sobre la música. Vi como unos clientes llegaron al mesón a pedir tragos y con Aurora desaparecimos. A Richard, nuestro jefe no le gustaba la ineficiencia y a pesar que no estaba, con Aurora nos gustaba hacer las cosas bien. Así pasó la noche hasta el cierre sin ningún hecho significativo y por fin nos estábamos cambiando para irnos junto con Michelle en la habitación de empleados. –Chicas Gabriel vino en su auto, las podemos pasar a dejar –ofreció y la verdad que el bar nos quedaba a media hora caminando. –Genial –dijo Aurora. –Bien, vamos entonces –nos apuró. *** Había llegado a mi turno después del almuerzo a la biblioteca y allí estaba Cat con su nariz metida en el mi libro. –Buen día –saludé. –¿Cómo haces para escribir de forma tan adictiva? –Cuestionó y me di cuenta que iba más o menos en la mitad del libro siendo que lo tenía solo desde ayer. –No lo sé, –reí y me di cuenta que no había mucha gente en la biblioteca además que casi todo estaba limpio y ordenando. Seguramente los chicos del otro turno habían dejado todo así. Tomé el periódico de la universidad que siempre compraba Jaime y recordé lo que había dicho Michelle ayer. Lo comencé a hojear y encontré la sección de críticas literarias. Y comenzaba así: “El libro en términos generales me ha parecido más que tedioso de leer, además de su continua falta de profundidad y poco desarrollo de personajes sin contar lo ridículo que son los nombres y habilidades de las diferentes criaturas que habitan este fantasioso mundo llamado Drieden. Comenzando por como en este mundo no se tiene leyes de la física o química que respalden el porqué del ambiente general y con escenarios demasiado poco realistas y plagado de cosas poco concretas. Nuestra personaje principal es Blaire, una chica que al parecer siempre tiene que ser la princesa en apuros, el coprotagonista es poco profundo y su trío amoroso con el prometido de la personaje principal es demasiado cliché. En fin, un libro que no recomendaría de ninguna manera.” –Jaime, no se acerque que huelo su instinto asesino desde acá –escuché la voz de Cat y no se equivocaba para nada. –Es que el pedazo de imbécil que hizo esta crítica parece que ni siquiera se tomó el tiempo de leer mi libro –dije molesta–. Mi personaje principal se desarrolla en mundo de fantasía ¿Cómo me va a pedir leyes de la física? ¿Acaso es un idiota? Además, tachar de trío amoroso la relación de Blaire, Kay y Arion siendo que desde la maldita primera página dejo en claro que ella odia a Arion. –Respiré con fuerza y no quise seguir gastando saliva. –No preocupes Aremi, después de todo con las críticas de prestigiosas revistas y otros periódicos de renombre han abalado tu libro –me calmó Jaime y asentí después de todo no me iba amargar por una crítica tan insustancial como esta. –Además es malditamente adictivo, mejor iré a ordenar para poder seguir leyendo –dijo Cat con la sonrisa y me dio unas palmaditas en la espalda. –Por hoy, yo invito los capuchinos –ofreció Jaime y asentimos con alegría–. Bien iré a comprarlos, enseguida vuelvo. Me senté en uno de los banquitos que teníamos y me quedé allí pensativa, no me amargaría por nada, después de todo debe ser un tipo o tipa estúpida que ni siquiera debe saber de literatura y si llegase a saber algo odia la fantasía con su alma. Levanté la mirada un momento y vi como entraba Patrick Terrence con paso seguro. La verdad es que era bastante guapo, pero tenía pinta de ser un tipo demasiado serio cosa que no me atraía mucho. Dudaba que se recordara de mí cara así que solo lo saludé como a cualquier otro. –Buenas tardes –saludó de vuelta y puso el libro que había pedido, abrí los ojos son sorpresa al darme cuenta que era mi libro, aunque primero, ¿mi libro estaba en la biblioteca de la universidad? –. No creas que es mi estilo de lectura –sonrió con amargura–. Tuve que intentar leerlo para escribir la crítica para el periódico, realmente fue una tortura. Mantuve todo mi cuerpo bajo mi mayor autocontrol –que no era mucho–y me mordí la lengua para no decirle nada ofensivo. –Realmente aborrezco este tipo de lectura, ni siquiera pude pasar del tercer capítulo –y si, en ese momento todo mi escaso autocontrol se fue por la borda. –Te digo que cosa también puede ser una tortura leer –solté con molestia–, los malditos datos del autor, –y abrí la solapa que estaba detrás de la portada así mostrando una foto mía –que salía muy bonita a mi parecer– y una pequeña biografía. Su cara de estupefacción fue un deleite y en cuanto me reconoció mis pies se movieron solos, tomé mi mochila y salí hecha una furia de allí. No podía seguir y sabía que Jaime me daría un poco tiempo a solas, y más cuando era consciente que Cat había escuchado todo y ella le explicaría. Una vez en el patio busqué el lugar más apartado para que nadie me molestara y prendí un cigarrillo. Me senté en una banca mientras miraba el cielo ya que tenía pinta de llover. Creo que tal vez había pasado una media hora y por fin mis ánimos estaban más calmados. Volví y como ya sabía, Jaime no me dijo nada. Creo que era el mejor jefe del mundo. La tarde pasó volando y, entre el capuchino y las bromas de Cat mi ánimo mejoró. Estaba haciendo unas hamburguesas para cenar ya que era tarde y teníamos que estar el club pronto para tomar nuestro turno. Narra Patrick: Realmente no me creía que la chica que tenía en frente era la autora del libro del cual había opinado muy mal. Aunque en realidad era lo que pensaba, pero era muy diferente pensar que el autor puede ser de cualquier parte de Estados unidos o incluso cualquier persona de Providence, pero no una chica que está mi misma universidad y además de primer año. La chica se fue enojadísima fuera de la biblioteca y detrás pude ver como su compañera me miraba con resentimiento. Creo que nunca la había cagado tan a lo grande como en esta ocasión. Siempre intentaba ser respetuoso y no ser impertinente, sin embargo, todo se fue a la mierda. Mis pies se movieron solos fuera la biblioteca y me fue imposible no seguir a la chica ya que se merecía una disculpa. La tendría que ver cada clase con el profesor Williams hasta que terminara el semestre así no era algo que pasaría simplemente. La vi dar una vuelta por la esquina de un edificio y en cuanto la pude ver con más detenimiento se sentó metiendo un cigarrillo en su boca con expresión muy molesta. Desistí. Tal vez sería más oportuno disculparme en otra ocasión cuando la intensidad de sus sentimientos no fuera tanta.   
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