Hans estaba dormido en la pequeña cama de hospital. No entendía cómo habían hecho para que cupiera en ella, pero lo habían logrado. Me paré a su lado y tomé su mano llenándola de besos, mientras le pedía a ese dios, del que yo a veces no creía, que mi Hans estuviera bien. No supe cuánto tiempo permanecí a su lado, pero él fue abriendo los ojos poco a poco y estaba medio adormilado. Sabía que se debía a los calmantes, así que, le hablé despacio, saludándolo y diciéndole lo mucho que lo amaba. Cuando estuvo completamente despierto, me miró confundido. —¿Dónde estoy? —preguntó enseguida. —Estamos en el hospital. —¿Por qué? ¿Qué hago aquí? —Tuviste una crisis. —¿Una crisis? —asentí y él se puso nervioso. Le di un beso en la frente y le conté que era debido a su Asperger. Se tapó la cara c

