Aidan caminaba en silencio, con la mirada fija en el terreno que se extendía frente a ellos, mientras las sombras de los árboles parecían proyectar pensamientos ajenos sobre el suelo. Jean Pierre lo seguía de cerca, el paso firme pero atento, percibiendo el vaivén emocional del joven que a ratos parecía estar más ausente que presente. De pronto, Aidan habló, casi sin levantar la voz. Fue más un murmullo interno que logró cruzar la distancia entre ellos. -Me llamaste hijo... No puedo creerlo. Jean Pierre giró lentamente el rostro hacia él, sin interrumpir. Esperaba más. Aidan pensó que es algo que el hombre suele hacer cuando llama a los más jóvenes... pero no pudo evitar sentir algo cuando lo escuchó decirle de esta manera. Algo cálido. Como si por un instante no estuviera solo. Y jus

