—A Dedé no la he visto —dijo Corito mientras acariciaba el cuello de Aidan con un gesto de inquietud infantil—. Sé que se fue caminando sola por el cementerio, pero le perdí el rastro... Aunque encontré a Sarah. La pausa fue breve, pero suficiente para que Aidan levantara la mirada con el ceño levemente fruncido, como si el simple nombre de Sarah tuviera el poder de alterar el aire entre ellos. —¿A Sarah? ¿Y qué te dijo? Corito lo miró fijamente, como si la información que llevaba fuera un tesoro urgente. —Apenas me vio, me pidió que, si te encontraba, te llevara con ella. Me dijo que te necesitaba... hoy más que nunca. La frase se quedó suspendida en la atmósfera, como si estuviera esperando ser descifrada. Aidan sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Las palabras de Corito n

