Gabriel La cabeza me va a estallar de tanto pensar en cómo arreglar este maldito problema. Realmente no sé qué hacer, es verdad que la cagué y en grande, pero amo a esa chica y soy capaz de todo por ella. De pronto, tocan a la puerta y ahí está mi salvación. —Adelante. —Hola, extraño, ¿cómo estás? Me pongo de pie, ella se acerca y me abraza y besa mi mejilla. —Hey, hermosa, ¿dónde te habías metido? —Si soy sincera, escondiéndome de Román. Yo sonrío porque, si creo lo que me está diciendo, sé que está arrepentido, pero la ha lastimado mucho. Ella toma asiento a mi lado y sonríe. —¿Y no piensas perdonarlo? Se encoge de hombros; creo que le duele tanto como a él. —La verdad es que no lo creo. Pensaba irme a Alemania, pero me pidió que no lo hiciera y creo que es mejor enfrentar tod

