DIMITRI SOKOLOV —Yo tuve que recoger los pedazos de Sienna, yo la protegí sin conocerla tan bien como tú, yo escogí buscar mis propias respuestas. Ahora ambos debemos de lidiar con las consecuencias —cada palabra fluía sin que pudiera detenerla, me deleitaba con su miseria—. Quédate con tu puta, es lo que te mereces, que yo me encargaré de hacer feliz a Sienna, muy lejos de ti. »Créeme… ella ya te olvidó en su corazón y hasta en su cama. Se detuvo justo cuando llegó al umbral de la puerta, su mano se aferró al marco con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Había tocado un hilo sensible. —Esto no se quedará así… lo juro —siseó viéndome por arriba del hombro. —Tus amigos, los hermanitos D’Antonio, no te van a salvar de mí —contesté con burla y una mirada afilada que t

