SIENNA RINALDI Giovanni entornó los ojos ante mi silencio, mientras que yo buscaba con desesperación una salida, pero estaba entre la ventanilla y él, con una bebé en brazos, en un avión lleno de personal que de seguro seguía sus órdenes, por miedo o por dinero, pero que no dudarían en condenarme si él lo pedía. ¿Cómo sabía que los policías que pudiera encontrar en el aeropuerto, suponiendo que lograra salir del avión, se pondrían de mi lado? Empezaba a sentirme asfixiada, desesperada, tanto que golpearlo en la cabeza con el biberón era tentador. De pronto se relajó en el asiento de al lado, recargando su cabeza, cerrando los ojos y cruzando sus dedos sobre su regazo, soltando un suspiro tranquilo. —El hecho de que tú y esa bebé estén aquí, rumbo a Rusia, solo significa que Dimitri pl

