SIENNA RINALDI —Eso fue interesante… —susurró Niki en medio del caos. —¡Eso, mami! ¡Rómpele la cara! —gritó Mía con emoción, alzando ambos puños. El par de mujeres había intentado defenderse, pero su estupidez les pesaba demasiado. Terminaron mordiendo la nieve y solo me detuve cuando los gritos nos envolvieron. —Vámonos —sentencié manteniendo mi actitud determinada y firme, aunque por dentro comenzaba a tener miedo de las represalias. Caminé rápidamente sin escuchar a nadie. Solo queriendo alejarme lo más rápido posible. Una vez dentro del auto no quise voltear hacia el parque. Me quedaba claro que no lo volveríamos a pisar en mucho tiempo. —¿Estás bien? —preguntó Niki detrás del volante, viéndome a través del retrovisor. Me había sentado en el asiento trasero junto con Mía, que p

