DIMITRI SOKOLOV —Vittoria… —susurré su nombre con desagrado mientras abría la puerta trasera de mi auto y metía mis cosas. —¿Qué llevas ahí? Si se puede saber… —contestó con los brazos cruzados y entornando la mirada. —¿No te lo dijo el soplón? —pregunté viendo hacia la puerta donde ese maldito viejo observaba con media sonrisa antes de escupir el tabaco que estaba masticando. —Demonio, supe lo que hiciste en el hospital con ese chico del laboratorio, también me enteré de cómo le fracturaste la mano a Leonardo Ferreira. ¿Hay algo que quieras compartir? Pensé que estabas aquí de vacaciones y no por trabajo. —Se acercó contoneándose de manera provocativa, apoyándose sobre la puerta del conductor—. Este no es tu patio de recreo. —Los Ferreira son importantes para tu organización o ¿por

