SIENNA RINALDI —¿Si sabías que el jefe está casado y tiene una hija? —preguntó Tatiana con los brazos cruzados una vez que llegamos a mi escritorio—. No puedo creer que… —¿Casado y con una hija? —inquirí frunciendo el ceño y por un breve instante sentí que el corazón se me rompía. —Sí, hoy llegó un poco tarde por llevarla a la escuela —sentenció con reproche en la mirada. Entonces recordé ver a Mía tomada de la mano de él, saliendo de la villa antes de que yo me enfocara en prepararme para la entrevista. Los ojos de Mía resplandecían con emoción, pues esa mañana era especial, todos sus compañeros en la escuela sabrían que tenía un papá. No pude evitar sonreír, haciendo que Tatiana se enojara aún más. —Maldita rompe-hogares —siseó con rabia—. Tal vez creas que mientras tengas al jefe

