El bebé grande

1143 Words
ELENA Adrián: Espero volver a verte... Yo: Espero que no Adrián: Qué pena, entonces Yo: Supongo que sí, jefe Adrián Adrián: Y yo que pensaba que por fin tendrías un nuevo nombre para mí Yo: ¿Jefazo? Adrián: No, Elena, algo mejor ¿Qué tal papá? ;) Miro mi teléfono en estado de shock antes de gemir. Por supuesto que ese idiota sugeriría eso. Pongo los ojos en blanco y escribo rápidamente una respuesta a su estúpido mensaje de texto. Yo: ¿Qué tal Cabezón numero 10? Adrián: Vale, lo siento Adrián: ¡¿Espera, 10?! Adrián: ¿Qué ha pasado con los otros 9? Yo: Enviar… Me mordí el labio al mirar mi último mensaje y sonreí como una colegiala enviando un mensaje a su amor platónico. Adrián se fue hace una hora y lo echaba un poco de menos. Apenas lo conozco, pero por ahora me parece bien. Aunque estoy segura de que se irá pronto, ya que sé que en realidad solo vino aquí para visitar a su hermana. —¿Mamá? —dijo Alma, sacándome de mis pensamientos. La miré, sonreí y la abracé. —Hay un coche raro ahí fuera—, susurró mientras me tiraba de la mano hacia la ventana. Fruncí el ceño y miré el coche. Vi cómo un hombre salía del coche. Fruncí el ceño al sentir las familiares oleadas de calor que me subían a las mejillas al darme cuenta de que el hombre era Adrián... Genial, justo lo que me faltaba. —Este hombre—, murmuré y puse los ojos en blanco. Al acercarme a la puerta principal, oí unos golpes fuertes antes de abrirla. Mirándole a los ojos, entreabrí los labios y me los mordí suavemente. Apoyada contra la puerta, con el pelo cayéndome sobre los hombros, suspiré profundamente mientras lo miraba. Él tomó una mano y retorció mi cabello con su dedo anular antes de volver a mirarme a los ojos. —No me toques, señor. —Preciosa—, murmuró en voz baja antes de volver a su postura habitual junto a mi puerta. Me mordí el labio con más fuerza y miré al suelo como si fuera lo más increíble que hubiera visto en mi vida. Contrólate, Elena —¡Cara de idiota!—, gritó Alma, lo que hizo que abriera mucho los ojos y soltara una serie de palabrotas entre dientes. Él se rió y sonrió a mi pequeña y maleducada niña. —Princesa idiotita—, la retó Adrián con una sonrisa burlona. Ella se quedó boquiabierta y lo miró con una expresión extraña en el rostro. —Mamá, soy una princesa—, dijo con una sonrisa, como si fuera lo único que hubiera oído. Me reí y asentí ante su tierna actitud. Ella sonrió antes de mirar a Adrián con la expresión de enfado que jamás haya visto. —Esto no ha terminado—, dijo lentamente, haciéndome maldecir de nuevo entre dientes. Me sonrió y corrió a su habitación, probablemente a ver la tele. Negué con la cabeza y sonreí. Adrián se rió y la vio alejarse. Su atención pronto se centró en mí y dio un paso hacia mí. Maldije y me aparté rápidamente. —Así que nunca me dijiste que sí a que te llevara a salir...—, dijo acercándose otro paso más. Suspiré y me mordí el labio mientras lo miraba. Mi metro setenta y cinco de estatura era sin duda baja en comparación con su metro ochenta y cinco. Asentí lentamente, apartando la mirada. ¿Por qué los hombres siempre tienen que estar hechos como unos malditos gigantes? —Sí—, susurré, casi arrepintiéndome. Casi. Él sonrió y me agarró la barbilla con suavidad. Girándome la barbilla para que lo mirara, se inclinó cerca de mi oído. —Mañana a las 7 de la noche y vístete de manera informal—, susurró, besándome la oreja y haciéndome estremecer y derretirme. Asentí rápidamente y él se alejó. Me besó en la mejilla y salió por la puerta. Se giró y me guiñó un ojo antes de subir a su coche y alejarse a toda velocidad. Suspiré profundamente y apoyé el cuerpo contra la puerta de entrada. Solo lo conocí hace una semana, ¿qué rayos pasa? Cogí el móvil del sofá, fui a mi habitación y me dejé caer en la cama. Demasiado para un solo día. Cogí el agua y el frasco de pastillas de la mesita de noche, me tomé rápidamente la pastilla y bebí el agua. Suspiré, encendí la tele que tenía en la habitación y me puse a ver Netflix. —¿Mamá? ¿Noche de cine? —dijo Alma entrando corriendo en mi habitación. Le di una palmadita al asiento a mi lado y puse una película de princesas. Moana. Era la favorita de Alma. Sonrió y apoyó la cabeza en mi regazo, haciéndome jugar con su pelo mientras veía la película. Las dos empezamos a cantar en la parte que era la favorita de Alma. Canto con ella porque pronto dejará de hacerlo y se enfadará si no lo hago. —Quiero ser una princesa—, dijo Alma sonriendo y abrazándome. Yo le devolví el abrazo y le sonreí. —Eres una princesa. Eres mi pequeña princesa—, le dije mientras la cogía en brazos. La tumbé de lado al ver que se estaba quedando dormida. Ella sonrió suavemente y yo le di un beso en la mejilla, subiéndole las mantas hasta el cuello. Mientras se quedaba dormida, oí el pitido de mi teléfono. Adrián: Estoy deseando verte mañana. Yo: Me alegro por ti. Adrián: Deja de ser así, Elena Decidida a tomarle el pelo, esbocé una sonrisa mientras escribía mi siguiente respuesta. Yo: Lo siento, papi Adrián: Así me gusta Yo: Era una broma, cabezón idiota Adrián: Bueno, mi p0lla sí que tiene cabeza, pero a las mujeres les gusta llamarla “punta” Yo: Cállate de una vez, vulgar. Eres tan pesado Adrián: Hazme lo que quieras, nena Yo: Uf, te odio Adrián: ¿No te gusto? Yo: Nunca Adrián: Nunca digas nunca Yo: ¿Acabas de citar a Justin Bieber? Adrián: No, claro que no Yo: Awww, al pequeño Adrián le gusta JB Adrián: No, no me gusta Yo: Sí que te gusta Adrián: J0der, no, nunca Yo: Sí, te gusta. Me dan ganas de aplastarte la cabeza Adrián: Qué pervertida. Me gusta eso Yo: ¿Eres gay? Adrián: Quizás lo sea Yo: ¡QUEE! ¿Cómo me lo vas a decir? Adrián: Si, y la cita lo hice como una cita de amigos Yo: No puede ser, eres un idiota. Hasta nunca Adrián: ¡Espera, Elena! Solo era una broma Adrián: ¡Elena! Adrián: Venga Adrián: Por favor Adrián: ... Yo: ¡Eres como un bebé grande! Adrián: El bebé grande quiere leche…
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