A la mañana siguiente la mirada perdida de Elliot sobre el trozo de papel que muy temprano le habían entregado, era la prueba de que el tiempo de los secretos habia concluído. Elliot se dirigió a la chimenea del estudio y quemó la nota de Nicolas Pierce. El contenido era la esperada bravata, pero la última frase, "concierne al futuro de su esposa y a mi hermana", encendió la alarma. —Sabe que estuvo allí, Elliot —dijo Amelia con voz tensa al verlo frente al fuego. Se refería a la Cabaña del Risco, el refugio solitario donde había pasado los últimos meses de su embarazo, sin saber que Elliot era quien enviaba las provisiones. —Dice que tiene pruebas, pero eso ni siquiera es probable no había nada ahí, es imposible que sepa lo que pasó. —No, no lo sabe —Elliot la interrumpió, su nueva ser

