El silencio de la recámara la mañana después de la confrontación era más ruidoso que el desafío de Nicolas Pierce. Elliot estaba despierto, su brazo rodeando a Amelia con una posesividad que se había vuelto su respiración. La Duquesa se movió para mirarlo, sus ojos aún brillantes por el miedo y la adrenalina. —Elliot, de dónde ha salido ese anillo de cabello, suspiro cansada —Hemos ganado, ¿verdad? —susurró ella, la voz ronca. —No lo sé, pero se ha ido, solo hemos comprado tiempo, Duquesa —Elliot no intentó endulzar la verdad. —Lo silencié con una amenaza que él no puede ignorar. Él quiere honrar a Natalie; yo le aseguré que si atacaba, el mundo sabría que Ethan fue su asesino. —Sabe que mi amor es genuino. Pero el miedo de perderte... —Amelia se acurrucó contra él, buscando el apoyo de

