Cerró la puerta con cuidado al entrar. El reloj del pasillo marcaba las diez y siete. Esperaba encontrar la casa completamente a oscuras, pero un resplandor tenue escapaba desde la sala.
Frunció ligeramente el ceño y avanzó hacia allí.
Mateo estaba en el sofá, envuelto en una cobija hasta la cintura, con el control remoto sostenido entre las manos.
Mateo nunca había sido bueno fingiendo que seguía despierto.
—Mateo… —murmuró mientras dejaba las llaves sobre la mesa.
Él abrió los ojos lentamente y parpadeó un par de veces antes de incorporarse un poco.
—No estaba dormido.
La voz pastosa lo delató de inmediato.
Una risa breve escapó de sus labios.
—Claro que no.
Se acercó y le revolvió el cabello con suavidad. Él hizo una mueca de protesta, aunque no se apartó.
—Ya deberías estar durmiendo hace rato.
Bajó la mirada hacia la cobija.
—Solo quería esperarte.
Por un instante no supo qué responder.
Porque no era la primera vez.
Desde que su madre había muerto, Mateo parecía empeñado en asegurarse de que ella regresara a casa cada noche.
Como si una parte de él todavía estuviera esperando que alguien más desapareciera.
Trató de sonreír.
—Ve a dormir antes de que te quedes aquí toda la noche.
No tengo sueño.
La mentira fue tan mala que casi la hizo reír.
—Claro.
El sofá crujió cuando él se acomodó mejor bajo la cobija. Durante unos segundos ninguno dijo nada. La televisión seguía encendida frente a ellos, aunque hacía rato que ninguno estaba prestándole atención.
—¿Cómo te fue en la reunión?
La pregunta la hizo cerrar los ojos un instante.
Ahí estaba.
Había conseguido no pensar en eso durante todo el trayecto de regreso y apenas unas horas en el trabajo, pero sabía que tarde o temprano iban a terminar hablando del tema.
—La maestra dice que has estado más distraído últimamente.
Él bajó la mirada hacia la cobija.
—Ah.
—¿Es verdad?
Se encogió ligeramente de hombros.
—Supongo.
Ella soltó lentamente el aire y volvió a acomodarse en el sofá.
Mateo la observó unos segundos antes de hablar.
—¿Siempre va a ser así?
Ella giró la cabeza hacia él.
—¿Así cómo?
—Que tengas que trabajar tanto.
La pregunta la tomó desprevenida.
—No lo sé.
Él bajó la vista hacia la cobija y pasó los dedos por una arruga de la tela.
—No me gusta verte llegar tan tarde.
Algo se apretó dentro de ella. Porque sabía que no lo decía por quejarse, lo decía porque estaba preocupado.
—A mí tampoco me gusta —admitió con una sonrisa pequeña.
Mateo guardó silencio unos segundos.
—Entonces deberías buscar algo mejor.
Ella estuvo a punto de responder que las cosas no funcionaban así. Que los trabajos mejores no aparecían porque uno los necesitara, pero antes de que pudiera decir nada, recordó la voz de Valeria.
“Podrías ganar mucho más dinero”.
—Sí… quizá ya es hora de buscar algo mejor.
Mateo bostezó y se frotó los ojos.
Seguía siendo un niño, pensó de repente. Uno que intentaba actuar fuerte porque la vida les había quitado demasiado rápido la oportunidad de ser solamente eso.
Mateo apoyó la cabeza contra su hombro unos segundos antes de levantarse con la cobija enredada entre las piernas.
—Buenas noches, Dani.
—Buenas noches, Mati.
Caminó hacia su habitación arrastrando la cobija detrás de él.
A mitad del pasillo se detuvo.
—Y no te quedes despierta hasta las tres de la mañana preocupándote por cosas.
Ella soltó una risa.
Esperó hasta escuchar la puerta de la habitación cerrarse antes de apagar el televisor.
La casa quedó en silencio de nuevo. Caminó hasta la cocina por un vaso de agua y se quedó unos segundos apoyada contra la encimera mientras bebía. Desde ahí podía ver la mochila abandonada junto a la mesa.
La tarjeta seguía dentro. No hacía falta sacarla para recordarlo.
Dejó el vaso en el fregadero y apagó la luz.
Al pasar frente a la habitación de Mateo se detuvo un instante, no escuchó nada. Bien.
Al menos ya estaba dormido.
La tarjeta volvió a cruzar por su mente, pero esta vez no la apartó.
Entró en su habitación, cerró la puerta y se dejó caer sobre la cama sin molestarse siquiera en encender la luz.
Mañana pensaría en todo eso.
O al menos eso intentó convencerse antes de cerrar los ojos.