—Tu casa sigue igual de linda —murmuro cuando entro en la casa de Alexander. Es viernes por la noche. Hace un rato recibí una llamada de Alexander invitándome a su casa, y como ya se dieron cuenta, aquí estoy. —Gracias —responde y deja las llaves encima de una mesita. Luego desaparece por una puerta. Yo me quedo mirando todo como hipnotizada, es realmente hermoso ahora que no hay nadie. —Tengo que mostrarte algo —dice entregándome una copa de vino. Veo algo de nerviosismo en sus ojos. —Gracias ¿Qué es? —digo sorprendida. —Ven —murmura y estira la mano para que yo la coja. Cosa que hago y me sorprende lo bien que se siente. Bajamos unas escaleras y llegamos a un pasillo largo. Donde me explica que hay una sala de juegos (lo que no le creo y lo obligo a que me muestre, y como él me di

