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Olvidalo

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Blurb

Sus ojos color turquesa fueron el motivo de que se dejara llevar en esa fiesta, solo pudo ver sus ojos y ya nunca los pudo olvidar. Fue un buen momento, solo eso fue... O eso pensaba hasta que el dueño de los ojos turquesa aparece nuevamente en su vida, y esta vez si sabe quien es... Un magnate de los negocios y un profesional con las mujeres. Madisson no quiere sucumbir nuevamente ante sus encantos, pero Alexander se lo pone difícil... Decide dejarse llevar, solo es un juego... ¿Qué puede salir mal?

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Capítulo 1
—Ouch... Ouch... Ouch... —me quejo. ¿Por qué duele tanto ser mujer? Continúo torturándome con las pinzas, pelo tras pelo. No sé como dejé pasar tanto tiempo antes de sacarme las cejas. Me saco en último pelo y comienzo a frotarme la ceja, que dolor. Camino hacia la puerta quejándome de lo doloroso que es ser mujer y lucho para abrir la mala puerta de mi apartamento cuando alguien toca. —¡¿Cómo vas?! —grita la pelirroja de mi amiga. Me corro para dejarle espacio para pasar— Traigo cerveza de la mexicana, güey. Me río y dejo de frotarme la ceja. — Trae el destapador de la cocina mientras me sigo preparando. Entro nuevamente en el baño y guardo las pinzas en mi neceser de maquillaje. — Mi pelo está perfecto por primera vez en la vida —murmuro pasando mi mano por él. Está muy suave. Enchufo mi alisadora y comienzo a ondular las puntas de mi largo cabello para finalizar mi ritual de belleza. No tengo tanto tiempo como para ondular todo mi cabello, ya que tengo demasiado. Me llega hasta un poco más arriba de la cadera. — Ten —me extiende la botella de cerveza y le doy un sorbo. El amargo sabor se desliza suave por mi garganta. Ahhh, lo necesitaba. — Entonces... ¿Qué tan buena va a estar esa fiesta? —le pregunto a Hannah, mientras me aplico rubor. — Dicen que buenísima, es bien exclusiva... Hasta es con antifaces —responde mientras bebe de su cerveza. —¿Y cómo es que podemos ir? —me volteo hacia ella, apoyando mi cadera en el lavamanos. — Ya sabes, Michael es guardia hoy en esa fiesta y hablé con él. Me dijo que nos iba a dejar pasar, pero solo a nosotras dos, no podíamos invitar a nadie... —murmura encogiéndose de hombros de manera distraída. Me río al recordar que a la última fiesta que fuimos de coladas, Hannah invitó a por lo menos doce personas más. El pobre de Michael no sabía cómo hacer para dejarnos pasar sin que su jefe se diera cuenta del sobrecupo de gente. — ¡Entonces de allá somos! —respondo enérgicamente mientras vuelvo a ponerme frente al espejo para terminar de aplicarme el labial.                                                                                             — Hace frío —me quejo y cruzo mis brazos por encima de mi chaqueta negra de cuero. Ya es Otoño en Nueva York y se acerca rápidamente el invierno. Yo tuve, o mejor dicho, tuvimos la genial idea de salir con falda y sin medias. Nos estamos literalmente congelando. — ¡Taxi! —grita Hannah, siendo ignorada nuevamente por el auto amarillo. Escucho a mi mejor amiga chillar de frustración. — ¡Quiero llegar ya! —me quejo uniéndome a su mal humor— Me estoy congelando. Pasan aproximadamente diez minutos hasta que, por fin, y gracias a la genial idea de Hannah, de ponerse en medio de la calle, logramos subirnos a un taxi. Nos bajamos del taxi cuando llegamos a una gran mansión, y nuestro amigo Michael nos deja entrar. Me maravilla el camino que tenemos que seguir para llegar a la fiesta. ¿Cuanta energía gastaran los cientos de faroles enterrados en el pasto que alumbran el camino? Y ¿por qué me hago preguntas tan tontas? Me encojo de hombros y sigo caminando mientras escucho a Hannah hablar sobre el lugar. — Wow —exclama ella cuando nos paramos frente a una imponente mansión estilo francés color Crema de tres pisos. Yo también quedo impactada ante tal lujo. — Santa mierda, Hannah... Esto es maravilloso—murmuro mientras seguimos nuestro camino a la mansión. En la entrada, una chica vestida con un top n***o y unos pantalones rojos nos entrega unos antifaces, que nos hace ponernos ahí mismo y nos explica que no podemos sacarnos los respectivos antifaces porque es la temática de la fiesta. Me pongo mi antifaz que cubre desde mis cejas hasta abajo de mis pómulos, es gris y combina con mi linda falda. De nada sirvió depilarme las cejas, no se ven. Las hubiera dejado peludas y no hubiera sufrido. Muy femenina ¿no? — Nena, que sexy te ves...—murmura Hannah antes de hacer un ruido felino para nada sexy. El sonido se asemeja más al que haría una gata en celo o algo por el estilo. Camino hacia un espejo cercano a la entrada y me acomodo el antifaz. Alejo un poco el pelo de mi rostro y me aplico un poco de mi nuevo labial rojo. Muchas personas con antifaces, muy bien vestidas conversan y beben animadamente en su círculo social, ignorando a la demás gente que ahí se encuentra. Creo que necesitaré un par de tragos para entrar en ambiente, o, mejor dicho, para crear ambiente.                                                                                           — ¡Toma! —grita. Hannah me entrega una copa de champaña que recibo con gusto. Estoy entusiasmada observando el lujo de la gran sala. Lo que más me encanta de todo esto son las grandes e imponentes escaleras que se encuentra en medio de la habitación, una escalera a cada lado de la entrada. — ¡La fiesta está buenísima! —le digo a Hannah sarcásticamente moviendo mis cejas. — Relájate y disfruta, que acabamos de llegar —murmura— Yo voy a buscar algo por ahí... —dice con una sonrisa cazadora mientas hace un movimiento con la mano para señalar a unos chicos que están cerca. Le da un último trago a su copa y me la entrega antes de alejarse y dejarme sola en medio de la gran sala. Y ahí quedo yo sin saber que hacer. Empiezo a mirar a todos lados en busca de que hacer y quedo hipnotizada con la piscina que se asoma por una puerta doble de vidrio en el fondo de la sala. Dejo las copas sobre una mesita y camino mecánicamente hacia lo que llamó mi atención. Salgo hacia una majestuosa terraza y una gigante piscina, la más grande que había visto en mi vida, aparece ante mis asombrados ojos. Y no solo eso, si no, que la vista que hay desde aquí, a Nueva York, es impagable. Tengo mucha envidia hacia la persona propietaria del lugar. Bajo las escaleras que llevan a la planta baja de la terraza, donde se encuentra la piscina. Me sorprende que nadie se encuentre en esta parte de la casa, ya que, para mí, es la mejor. Me pierdo en la vista de la ciudad reflejada en el agua cristalina de esta piscina, cuando siento unos pasos y un carraspeo tras de mí. Me giro a ver qué es lo que pasa detrás de mí, y me encuentro con unos impresionantes ojos turquesa. — Hola —murmura el hombre. Hasta su voz es tan sexy como su apariencia. Me cuesta hablar, sus ojos me ponen nerviosa. — Hola —mi voz suena chillona, por lo que la aclaro— Buenas noches. Le respondo más claramente y me volteo nuevamente hacia la iluminada vista de Nueva York. Su presencia me tiene extrañamente entusiasmada. — ¿Te gusta? —pregunta el hombre, ahora al lado mío. Siento cierta atracción hacia él, no lo conozco de nada, pero estoy en plena consciencia de que me llama la atención. Y eso que solo he visto sus ojos y su boca, ya que también lleva un antifaz. ¿Raro? Pues si. ¿Estoy loca? Claramente. ¿Me importa? Mmmh, no. — Es realmente hermoso... Increíblemente hermoso —le respondo. No sé muy bien si lo digo por la vista o por él... O por los dos. En un acto de impulso me giro hacia el hombre en frente de mi y miro su boca. Quiero besarlo. No lo conozco, pero quiero besarlo. ¿Qué me pasa? ¿Las copas de champaña me hicieron efecto tan rápido? Él también se gira y quedamos frente a frente. Siento una gran atracción hacia este desconocido y se que él siente lo mismo por la manera que me mira. Sus ojos turquesa recorren mi cuerpo y luego sube, deteniéndose en mis labios. Instantáneamente muerdo mi labio y él en un acto reflejo hace lo mismo. Nadie habla. Lentamente se acerca a mi y roza su naciente barba contra mi mejilla. — Hueles muy bien —murmura contra mi oído. Oh Dios, ¿esto realmente está pasando? Esto está mal, muy mal. ¿Y si es un asesino psicópata secuestra mujeres indefensas? Al demonio. Muerdo su mandíbula tan perfectamente marcada y él suspira. — Ven —me guía hacia una puerta que no vi hace un momento. Una puerta que está escondida entre las dos escaleras que suben hasta la casa. Yo me dejo guiar. No sé por qué lo hago, pero lo hago. Lo sigo. Algo en mi interior me dice que es peligroso y que simplemente no debo, por el simple hecho que acabo de conocer a este hombre hace apenas cinco minutos, o menos. Pero estoy tan hipnotizada y repentinamente tan entusiasmada que me dejo guiar. Entramos en la oscura habitación y él enciende una luz. La habitación se ilumina y me doy cuenta que es un garaje. Tres lujosos autos alineados resaltan en medio de la habitación. El hombre del que aún no sé el nombre se gira hacia mi y me levanta en sus fuertes brazos, apoyándome contra la puerta por la que entramos. Comienza a besarme de manera necesitada. Yo sigo en piloto automático. Solo lo sigo a él. Siento que nos movemos y segundos después estoy encima del capo blanco de un Lamborghini Huracán. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Fantasías siendo cumplidas por aquí! — Mmmh —gime contra mis labios. Sube mi falda hasta mi cintura, por lo que mi braga de encaje queda al descubierto. Oh, realmente es complicado lo que está pasando. Si mi papá supiera lo que estoy haciendo me deshereda y me quita el apellido. Estoy totalmente extasiada y eufórica. El hecho de que estoy a punto de tener sexo con un desconocido esta noche no me importa. Incluso me excita más la idea. — Eres tan hermosa —murmura contra mi piel. No respondo al piropo, no puedo. Esto es un récord de tiempo para mí. Se separa un poco de mí y baja la cremallera de su pantalón. De su bolsillo trasero saca un preservativo y se lo pone. Hombre, ¿eso es real? ¡Me va a hacer daño! —pienso cuando veo su gran, GRAN erección. Mis pies en un movimiento involuntario empujan su trasero más cerca de mí. — Qué ansiosa —murmura— Pero no haré nada si tu no me lo pides. ¡¡¡Qué descaro!!! Él se ve igual de interesado que yo en que suceda, pero al verlo tan serio me doy cuenta que no tengo opción. Ni modo. — Te escucho —dice el muy bastardo cuando no respondo. — Haz lo que sepas hacer, lo quiero... ¡Pero ya! —decir esas palabras me han encendido de una manera inimaginable. — Si lo quieres, lo tienes. Me entran ganas de reír ante tal arrogancia, pero no tengo chance de hacerlo ya que me penetra de una manera salvaje. — Ahhhhh —gimo ante la mezcla de placer y dolor. Si, era demasiad grande para mí. Se queda quieto por un momento para que me acomode a su gran tamaño, pero luego de unos segundos, empuja más. Si que es grande, y se siente tan bien. Sorprendentemente bien. ¿Podré caminar bien después de esto? Baja la cremallera de mi chaqueta de cuero, que no me había percatado que aún seguía ahí, lo ayudo a sacármela y la tira unos metros más allá del auto. El muy idiota no se mueve. ¿Qué espera? — Muévete hombre, muéstrame lo que puedes hacer —susurro enredando mis dedos en su cabello. Me mira lujurioso y acerca sus manos a mi cara en un intento de quitarme el antifaz. — Ni se te ocurra —murmuro antes de que sus manos puedan tocar mi cara. Si aguanto esta situación es porque estúpidamente me estoy convenciendo a mi misma que el antifaz me camufla. Me siento como el Hombre araña o Batman. Sonríe muy sensual y baja sus manos hasta mis pechos. Comienza a moverse y yo me tenso. — Ahhhhh —gimo al sentir su penetración salvaje. Tomo su cara y lo atraigo hacia la mía, besándolo ferozmente y él me responde igual, con besos salvajes y necesitados. Siento que voy a explotar ante tanto placer. Sus besos me llevan más allá de las nubes. Con un par de embestidas más llego a mi clímax con un grito de placer. Él me sigue penetrando un par de veces mas y cae encima mio. Ambos yacemos encima del capó del deportivo. Pasan unos segundos en los que calmamos nuestras respiraciones y decido que es hora de marcharme. Nada dura para siempre y esto acaba de terminar. Me paro del capo y mis piernas se tambalean. Recojo mis bragas que están en el suelo y me las pongo, acomodo mi falda, me arreglo el top y camino en busca de mi chaqueta. La encuentro a unos metros de nosotros, luego de quedar nuevamente presentable me giro hacia el desconocido y me despido. — Fue un placer —murmuro y salgo del garaje. Me río internamente de mi frase. Fue un verdadero placer.                                                                                         — ¿Vamos? —le pregunto a Hannah cuando llego a su lado. Está conversando con un chico. — Si, te estaba buscando... vamos —me responde. Se intercambian números con el chico y luego nos vamos. Salimos de la gran mansión y nos dirigimos al gran portón de salida. Antes de salir por el portón me volteo a mirar la casa. La hermosa mansión a la que se que nunca más volveré, pero que acaba de ser el lugar en el que he vivido mi mejor experiencia s****l. — Vamos —murmuro a Hannah que me espera, nos tomamos del brazo y salimos sin mirar atrás. Ahora nuestra nueva misión es encontrar un taxi que nos lleve de regreso a SoHo.

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