Qué desagrado.
Me duele la cabeza y tengo la boca seca. Esta es una resaca de aquellas. Anoche, después de la fiesta en la mansión decidimos pasar a un bar. De donde no salimos en muy buen estado. Teníamos que celebrar que una de las dos había disfrutado de verdad esa fiesta.
— Uhhh —me quejo cuando un rayo de sol entra por mi ventana e impacta en mis ojos, haciendo que mi cabeza casi se parta. Me levanto y salgo de mi habitación en dirección a la cocina, de un mueble saco dos pastillas para el dolor de cabeza y me las tomo con un gigantesco vaso de agua.
Hoy es domingo y me toca asear la casa, tengo que hacer las compras del mes y preparar unos informes de un nuevo proyecto que prepara mi jefe.
— Compras primero —murmuro y me dirijo al baño.
— Hola mamá —digo cuando contesto mi teléfono.
— Hola hija, ¿Qué tal todo? —responde la dulce voz de mi madre.
— Todo bien mamá, aseando la casa —respondo animada. Me tiro en el sofá para hablar más cómoda.
— Que bien, domingo de limpieza —se ríe mi madre.
— En algún momento tenía que ocurrir —respondo asumida.
— Muy bien, me parece genial... Tu padre pregunta cuando vienes a visitarnos.
— En navidad estaré ahí mamá, ya se los prometí.
La idea de ir a Jacksonville a visitar a mis padres me entusiasma. Hace dos años que no voy, y tampoco la idea de pasar otra navidad sola y muerta de frío, llama mucho mi atención. Antes de venirme a vivir a Nueva York mi sueño era pasar una navidad rodeada de nieve y poder patinar sobre hielo en el Central Park, pero después de mi esguince el año pasado, ya no quería nada más ni con la nieve ni con el hielo.
— Perfecto, maravilloso. Tu padre te manda besos. Nos vemos hija, te amamos —dice y cuelga.
Quedo con la misma nostalgia de siempre al terminar una llamada con mis padres.
— Bueno... hay que seguir —murmuro dándome ánimo.
Tiro mi celular sobre el sofá y le subo a la música. Tomo la fregadora de piso y la uso de micrófono para empezar a cantar This Ain't A Love Song junto a Bon Jovi.
Pulso el botón del ascensor y espero a que llegue. Tambaleo el pie y muevo mi cabeza ligeramente al ritmo de Rihanna y Chris Brown que cantan Nobody's Business a través de mis auriculares. Cuando por fin llega el ascensor me subo y marco el piso veinte. Se suben tres personas en el piso doce y marcan el piso veintidós, mientras yo sigo moviéndome al ritmo de la canción hasta que llego a mi piso.
— Hola Hannah —saludo a mi mejor amiga cuando paso por delante de su escritorio. Ella también trabaja aquí, es la recepcionista. De hecho, yo le conseguí el trabajo.
— Hola lindura —responde levantando la vista de su café.
— ¿Llegó Ray? —le pregunto. Tengo mucha confianza con mi jefe. Ya que es el mejor amigo de mi padre.
— No, el señor Smith aún no ha llegado —responde y vuelve a sorber su café.
— Oh okay, gracias —me despido y le tiro un beso.
Camino tranquilamente tarareando Now that I found you de Britney Spears mientras me dirijo hacia mi escritorio. Dejo mi bolso en el gancho que está debajo de la mesa y salgo camino a la cocina a prepararme un café.
— Buenos días Madisson, que gusto verte tan animada hoy —dice mi jefe cuando pasa por al frente mio y me ve bailando en frente de la pantalla de mi ordenador. Me saco los auriculares y lo saludo.
In My Head de Jason Derulo me hace querer aprender a tocar batería, guitarra eléctrica o algún instrumento genial que no sea la flauta que me enseñaron a usar en el colegio.
— Buenos días, Raymond. Empezando el lunes con energía para sobrevivir el resto de la semana —murmuro y ambos nos reímos— ¿Quieres un café?
— Por favor, y apenas puedas prepara la sala de conferencia, que hoy viene el Señor Wood —me responde y entra en su oficina.
Guardo mi celular y auriculares en mi cajón y me encamino a preparar un café para mi jefe, y de pasada otro para mi.
— Tan buen café como siempre —murmura Ray y sonríe.
— Que bueno que te guste, eso me asegura seguir con trabajo —bromeo— Ahora voy a preparar la sala de conferencia.
Salgo de la oficina y voy a preparar lo que me pidió. Ordeno la mesa para cuatro personas, con sus respectivas carpetas con informes, tasas para cafés y vasos de agua. Queda todo muy bien ordenado. Conecto el ordenador al proyector y en menos de diez minutos tengo todo listo para la importante reunión. No es por halagarme, pero soy la mejor asistente que puede existir. Me río de mi pensamiento y salgo carcajeándome de la sala de reuniones. Pero mi risa cesa cuando me encuentro con la espalda ancha del que se supone debe ser el Señor Wood.
— Hola, ¿En qué puedo ayudarlo? —murmuro formalmente.
— Hola, el señor Wood tiene una reunión con el señor Smith —me responde un chico que supongo debe ser su asistente. ¿Acaso él no tiene boca?
— Claro, los presento en este mismo minuto —cometo el error de mirar al ya denominado Señor Wood y me encuentro con unos ojos turquesa impresionantes. Se me aprieta el estómago y me tiemblan las piernas, por lo que me siento rápidamente y hago como que busco algo entre los papeles que están encima de mi escritorio.
Es él. El chico de la fiesta de la mansión.
Levanto el teléfono y marco el anexo de Ray.
— Señor Smith, el señor Wood y su asistente ya se encuentran aquí —murmuro nerviosa y sin mirar hacia arriba.
— Claro, excelente, pásalos a la sala de conferencias, voy ahora mismo —murmura mi ansioso jefe.
Corto la llamada y me armo de valor para ponerme de pie, ante todo la profesionalidad.
— Síganme por favor, el señor Smith los alcanzará en un minuto —miro de reojo al señor Wood y veo que me mira fijamente, pero no puedo descifrar su expresión, sus ojos y su cara están imperturbables.
Me adentro en la sala de conferencias y les indico que se sienten.
— ¿Quieren un café? —pregunto super profesional.
— Por favor —me dice el chico con cara de simpático. Yo asiento y miro al señor Wood.
— Si, por favor —murmura serio, no deja de mirarme y me estoy poniendo nerviosa.
¿Me habrá reconocido?
Sirvo dos cafés y los dejo adelante de los hombres, les entrego el azúcar y endulzante y me disculpo para salir con la excusa que tengo que buscar unos papeles y que mi jefe ya viene.
— ¿A donde vas? —pregunta Ray cuando pasa por mi lado.
— Olvidé unos papeles —respondo rápido y sigo mi camino hacia mi escritorio. Cojo mi bolso y corro hacia el baño.
— Se fuerte —murmuro al reflejo en el espejo. Estoy bastante acalorada con el simple hecho de haber vuelto a ver esos ojos turquesa. Me lavo la cara y aplico nuevamente maquillaje. Me arreglo un poco el pelo y salgo del baño.
Suspiro y me armo de valor antes de entrar en la sala de conferencias.
— Permiso —digo muy segura al entrar. Los tres hombres se giran y me miran. Lo que me pone aún más nerviosa y con ganas de salir corriendo.
— Qué bueno que llegaste, le estaba explicando al señor Wood en que consiste el proyecto.
Me siento en mi lugar y comienzo a escuchar lo que hablan, anotando todas las cosas importantes que dicen.
Durante toda la reunión siento encima la mirada del señor Wood, pero me comporto como si nada estuviera pasando, lo que me cuesta montones porque con solo volver a tenerlo cerca, me hace recordar lo que paso hace un par de días.
— Entonces quedamos en eso señor, muchas gracias y verá los buenos resultados que esto traerá— Ray se da la mano con el señor Wood y se despiden.
Yo hago lo mismo primero con el asistente del señor Wood, que tampoco dejó de mirarme en la reunión. Luego estrecho la mano de Wood y me la aprieta fuerte. Siento que sus ojos me desnudan cuando me mira. Me despido y me dirijo a mi escritorio ya bastante nerviosa. Cuando siento que alguien me toma por el brazo.
— Hey —murmura cuando me volteo. Quedo de piedra, pero rápido me compongo.
— Señor Wood, ¿Se le olvida algo? —pregunto intentando con todas mis ganas, ser profesional y sonar natural.
— No, a mi no se me olvida nada, por eso es por lo que te recuerdo. Tú eres la chica de la fiesta —murmura mirándome a los ojos, luego baja la vista a mis labios y nuevamente vuelve a mis ojos.
— Señor yo... —no sé qué decir así que me callo.
— Eres tú —repite convencido.
— Se está confundiendo señor —intento sonar segura.
— No olvidaría tus ojos, menos tu boca —cuando mira mis labios no puedo evitar morderlos. Lo que hace que él suelte el aire y evite mirarme por un momento.
— Pues entonces tiene que aprender a olvidar señor Wood —digo y sigo mi camino hacia mi escritorio. Llego con éxito y comienzo a trabajar. Necesito hacer algo para sacármelo de la cabeza. Veo que pasa por al frente de mi escritorio y se mete al ascensor con su asistente. Espero no volver a verlo, porque me volvería loca.
El día transcurre tranquilo y sin ningún hecho incómodo como el de la mañana. Ya son las seis con doce minutos y puedo irme a casa. El día está bastante feo por lo que veo por el gran ventanal que tenemos de pared.
— Ojalá no llueva... —murmuro en voz alta. Nadie puede escucharme, ya todos se fueron y soy la última que queda.
Estoy yéndome cuando suena el teléfono de mi escritorio. No me corresponde contestar, mi horario ya terminó, pero mi buena trabajadora interior hace que corra a contestar.
— Oficina del señor Smith, habla Madisson Evans... —contesto como siempre.
— Hola, soy Alexander —contesta una voz masculina.
— ¿Si? ¿En qué puedo ayudarle? —me parece conocida la voz.
— Mmh... soy el señor Wood —me aclara la voz. Al reconocer lo que dice, hace que caiga a la silla.
— Señor, ¿qué puedo hacer por usted? —pregunto aturdida.
— Vamos por un café, hace mucho frío y puedo llevarte a tu casa —veo por el ventanal y veo que está comenzando a llover... Genial.
— No gracias, señor... No se moleste —no espero respuesta y cuelgo, tomo mi bolso y me dirijo hacia el ascensor. El teléfono vuelve a sonar, pero no miro atrás.
Paso por el escritorio de Hannah, pero veo que ya se fue. Presiono y botón del ascensor y espero. Escucho como el teléfono de mi escritorio sigue sonando y comienzo a molestarme ¿No puede dejarme en paz?
Subo al ascensor cuando llega a mi piso y comienza el descenso.