Kyra
A pesar de no haber dormido mucho, me levanté temprano. Antes de bajar, pasé por la habitación de Bastián: seguía durmiendo profundamente, con la respiración acompasada y ese gesto tan tierno que lo hacía parecer todavía más pequeño. Me detuve un instante a contemplarlo. Era adorable.
Bajé a la cocina y allí me encontré con Margot.
—Buenos días —la saludé con una sonrisa.
—Buenos días, señorita Kyra. Es muy temprano aún —respondió, arqueando una ceja con sorpresa.
—Tengo la costumbre de madrugar siempre —contesté—. ¿Puedo ayudarle con el desayuno?
Ella negó suavemente.
—No hace falta, todo está bajo control. Además, usted solo es la niñera de Bastián.
—Precisamente —repliqué con firmeza pero sin perder la amabilidad—. Como su niñera, me gustaría prepararle el desayuno. Quiero ser de más ayuda en esta casa. Además, él todavía duerme.
Margot me observó con cierto recelo, pero al final cedió.
—Está bien, hágalo usted entonces.
Sonreí satisfecha y me acerqué a la cocina. Preparar la comida de un niño siempre había sido especial para mí. Recordé a Camille, cuando era pequeña: adoraba las figuras que yo formaba con frutas y tortitas, y siempre terminaba comiéndose todo.
En ese momento, el señor Xavier entró en la cocina. Su saludo fue breve; respondí con un murmullo sin atreverme a mirarlo directamente. Margot, diligente como siempre, le llevó su desayuno al comedor, y yo me quedé sola, con la respiración entrecortada. Apenas habían pasado unas horas desde nuestro encuentro en la oscuridad, y todavía podía sentir en mi piel el calor de su mano, el peso de su mirada, la cercanía de su cuerpo. Cerré los ojos un segundo y me obligué a apartar esos recuerdos. Dios… no volvería a salir de la habitación de noche. O al menos sería más cuidadosa.
Cuando terminé, subí a buscar a Bastián. El niño seguía acurrucado entre las sábanas. Corrí las cortinas, dejando que la luz del sol se filtrara por la habitación.
—Buenos días, mi amigo explorador —canturreé suavemente.
—Tengo sueño —murmuró, escondiendo la cara en la almohada.
—Es hora de levantarse. Hoy tendremos un largo día por delante.
Se incorporó despacio, restregándose los ojitos.
—Quiero dormir más…
—Podrás tomar una siesta después. Pero ahora toca empezar el día. Desayuno, baño y luego nuestras aventuras. ¿Trato hecho?
—Está bien —cedió con una pequeña mueca.
—Ven, yo te llevo.
Lo alcé en brazos. Por un momento me observó con atención, como si dudara, quizá incómodo o nervioso, pero después me rodeó con sus bracitos y apoyó la cabeza en mi hombro. Ese gesto me desarmó.
Al llegar a la cocina, lo acomodé en su asiento y le serví el desayuno que había preparado. Su rostro se iluminó al ver el plato: pequeñas tortitas decoradas con frutas en forma de caritas sonrientes.
—¿Te gusta? —pregunté expectante.
—¡Sí! ¿Lo hiciste tú? —me miró con asombro.
Asentí.
—Lo hice con mucho cariño.
—Gracias, Kyra.
—De nada, mi explorador. Que lo disfrutes.
Entonces la voz de Xavier irrumpió en la cocina.
—Bastián.
El niño alzó la cabeza de inmediato.
—¡Papá! Mira lo que Kyra me preparó —dijo entusiasmado, señalando el plato.
—Eso se ve muy delicioso —comento él.
Pude sentir su mirada sobre mi, le serví un poco de jugo, mis manos temblaban, que deje de verme o derramare el jugo.
—Regresaré más tarde, se obediente y diviértete.
—Sí papá —dijo Bastián.
—Hasta luego Kyra —se despidió de mi, no espero respuesta y salió de la cocina rápidamente.
Inspiré hondo y me obligué a sonreír a Bastián, como si todo estuviera en calma, aunque mi pecho latía con fuerza traicionera.
...
Pasamos el día entre risas y juegos, Bastián cansado tomo una siesta por la tarde, mientras el dormía yo me quede en mi habitación revisando algunos trabajos y desde la ventana tomé algunas fotos de jardín, mi proyecto debía entregarse pronto, pero aun me faltaba trabajar más en ello.
Hablé un poco con mamá, me dijo que estaban muy bien, espero que Camille se esté portando bien con ella.
Recibí mensajes de Alicia para recordarme la hora en la que debía asistir al club. No estaba muy contenta por los días en que ya no bailare, pero con lo que gánare como niñera podré saldar mi deuda antes de lo que tenia planeado. Solo espero que el idiota ese no se le ocurra decirme que los intereses aumentan, es un desgraciado.
...
Cuando Bastián despertó nos quedamos en su habitación jugando y leyendo, sus carcajadas me contagiaban. Era un niño adorable, y a mi parecer no era tan complicado cuidarlo. Solo necesitaba compañía, alguien que no lo observara como una tarea, sino que compartiera de verdad su tiempo con él.
—¿De verdad te vas a ir? —preguntó más tarde, cuando ya estábamos en mi habitación.
Mientras ordenaba mi bolso, él se aferraba a no despegarse de mí. No sabía si Xavier estaba en casa, pero intuía que sí, ya era tarde.
—Sí, pero regresaré. Mañana estaré aquí cuando despiertes —respondí, y él asintió con una pequeña mueca.
Al salir de la habitación, Bastián me tomó de la mano. Bajamos juntos y cuando vió a su padre corrió hacia él, quién conversaba con Margot en la sala.
—Regresaré en un par de horas, que tengan una buena noche —me despedí sonriendo.
—Que le vaya muy bien, señorita —respondió Margot.
Xavier se acercó, y me extendió un llavero.
—Llévate las llaves, así entrarás sin problemas.
Levanté la vista y, sin poder evitarlo, lo miré a los ojos. Aquello que tanto había evitado. Un extraño remolino se instaló en mi estómago. Su mano rozó la mía al entregarme las llaves y un leve estremecimiento me recorrió.
—G-gracias… —murmuré, apartando la mirada.
—Nos vemos mañana, Kyra.
Me despedí con una sonrisa de Bastián, pero mientras me alejaba podía sentir los ojos de Xavier siguiéndome. Un escalofrío dulce y peligroso me recorrió. Tenía miedo de que en algún momento descubriera mi secreto, pero me convencí de que eso no pasaría… hasta que la vida me demostrara lo contrario.
...
Esa noche en el club fue dura: dos presentaciones y demasiados bailes privados. Alicia no estaba dispuesta a perder un centavo, y yo terminé agotada, con los pies ardiendo de dolor. Solo quería dormir, aunque debía madrugar para cuidar de Bastián.
...
La primera semana pasó rápido. El sábado cuidaría a Bastián solo medio día y los domingos serían enteramente de padre e hijo. Margot me lo había explicado, y poco a poco me dejaba ayudar más: cocinar, lavar platos, hasta compartir charlas breves.
—¿No regresarás hoy? —preguntó Bastián mientras lo vestía después del baño. Me había mojado un poco y también llenado de espuma, pero sus sonrisas hacían que valiera la pena.
—No, regresaré el lunes por la mañana, y te llevaré al colegio.
Su cara se iluminó.
—¿Y también irás por mí?
—Por supuesto —reí mientras le peinaba el cabello—. Mira qué guapo ha quedado este pequeño.
—Me veo como mi papá, ¿verdad?
—Así es, te ves como él… pero tú eres más hermoso.
Él soltó una risita traviesa. Y entonces, una voz grave interrumpió:
—Bueno, por lo menos sé que soy hermoso.
Mi corazón casi se detuvo. Xavier estaba recostado en el marco de la puerta, manos en los bolsillos, observándonos. La intensidad de su mirada me hizo temblar.
—S-señor… no lo había visto —titubeé.
—Acabo de llegar —respondió, entrando para abrazar a su hijo—. Tía Mer te espera. Pero antes iremos a comer algo con Margot, y luego te llevo.
—¡Sí! —Bastián lo rodeó con sus brazos.
Me puse de pie y carraspeé.
—Me retiro, con permiso.
—Claro… que tengas un buen fin de semana, Kyra.
Su sonrisa me atravesó como un rayo. Salí apresurada, con el corazón latiéndome en las sienes. ¿Por qué me sonreía así?
Al entrar a mi cuarto me vi en el espejo y lo entendí. Maldición. Tenía espuma en la cara y en el cabello. ¡Qué vergüenza! Y yo pensando que me sonreía a mí. Si como no.
Me limpio la cara y me arreglo en cabello, llevo mi pequeño bolso con mis cosas de la universidad. Estoy feliz por ver a mamá.
—Adiós Kyra —Bastián corre a despedirse de mi, no puedo evitar notar la sorpresa en el rostro de Xavier cuando Bastián me abraza las piernas.
Me agacho para quedar a su altura, le acaricio el rostro y sonríe.
—Adiós pequeño, pórtate bien, regresaré el lunes —le doy un beso en la mejilla y salgo de casa.
Extrañaba a mamá y ahora siento que extrañare a Bastián.
...
Llego a casa una hora después, entro en silencio, mamá y Camille están en la pequeña sala, lo sé por el ruido del televisor.
—¡Me extrañaron! —grité.
—¡Kyra! Me matarás de un susto —mamá se toca el pecho.
Maldición que tonta soy.
—Lo siento mamá —corro a abrazarla— venía emocionada por verlas, las extrañe mucho.
—También te extrañe mucho hija, cuéntanos como te fue.
—Te lo he contado toda la semana mamá —digo riendo.
—Yo no te extrañe mucho, ahora tengo la habitación solo para mi —dice Camille.
—¡Camille!.
—Lo siento mamá, siempre quise tener mi propia habitación.
—Pue ahora yo dormiré aquí, así que no es tan tuya —le digo y ella me saca la lengua.
—Compórtense, no las quiero escuchar discutir —nos regaña mamá— ¿Ya comiste? Ahorita te hago algo de comer. Yo te veo más flaquita, es seguro que no estas comiendo bien —mamá se pone de pie para ir a la cocina.
—Mamá tranquila, si estoy comiendo bien, así es mi cuerpo —ella no me escucha y comienza a cocinar.
Sonrió mientras la veo cocinar para mi, la extrañaba demasiado.
Después de unos minutos, me sirve la comida.
—¿Por qué iras al club hoy? Creí que dejarías ese lugar ahora que tienes este trabajo mejor —comenta mientras yo como.
—Solo tengo una semana trabajando, tengo que estar segura de que será algo fijo, además solo iré el fin semana —miento.
—No me gusta que andes tan noche por ahí y sola.
—No te preocupes mamá. Pronto todo irá mejor para nosotros.
—Deberías estar disfrutando de tu juventud y no trabajar tanto para nosotras —comenta con tristeza— sino hubieras sido por tu padre y ... —musita. Mamá no dice nada y la observo con el ceño fruncido.
—¿Y... qué? —pregunto.
—Nada, hija. Solo que esa deuda con esos hombres que no nos quieren dejar en paz y...
—Mamá, la deuda es mi culpa, fue por mis estúpidos sueños de queres ser una bailarina.
—Los sueños no son estúpidos Kyra, eras una niña que soñaba con lograrlo, tu padre es el único responsable...
—!Basta!.
—No Kyra, no me gusta que te culpes, si no...
—Ya mamá. Pronto terminara esto...
—Nunca quieres escuchar lo que quiero decir, no te gustan los malos comentarios sobre tu padre.
—Tengo que estudiar —me levanto de la mesa y llevo mi plato a lavar.
—Lo siento... —se disculpa.
—No pasa nada.
Me voy a la habitación sin decir más, siempre me parece que mamá quiere culpar a papá para que yo me sienta mejor, pero él adquirió las deudas por mo culpa. Así que si, son deudas mías.
Al caer la noche, me despido de mamá para ir al club, creí que sería otra noche normal, bailes a clientes y todo lo demás.
Cuando llegue fui a los vestidores y me preparé, mi primer baile sería en unos minutos así que me arregle lo más rápido que pude.
Me llamaron en el escenario y revise que todo estuviera bien, estando lista me dirigía al escenario sonreí y me prepare para mi baile, pero entonces la sentí, esa mirada nuevamente, la música comenzó y esta vez no cerré los ojos para bailar, lo busque entre el público hasta que lo encontré ahí estaba de nuevo él.
Xavier Leroy había regresado al club, quizás porque le gustó el lugar o solo para ver a Afrodita...