Kyra Toda la semana llevé a Bastián al colegio. Cuando lo dejaba, aprovechaba para ir a la cafetería de la esquina; ahí tomaba mis clases en línea, con un café tibio de compañía, antes de regresar por él a la salida. Juan, siempre puntual, para recogernos, los primeros días no quería dejarme sola, pero le aseguré que estaría bien, según él, Xavier le encargo estar al pendiente de mi y Bastián. Estoy amando mis días con el pequeño. No es solo que sea dulce: es que parece tener la llave de algo dentro de mí que creí dormido hace mucho. Con él, mi niña interior despierta y juega, se ríe sin reservas. Luego, inevitablemente, regreso a mi realidad: la adulta que carga culpas y secretos. —No corras tan rápido —le ruego entre risas, pero Bastián sigue avanzando como un rayo. Sus carcajadas ll

