5. No puede ser… ¿Qué hace aquí?

2510 Words
Kyra Suelto un suspiro y observo con detalle lo enorme que es la sala. El silencio en la casa me resulta extraño. Es grande, elegante… pero fría. Tiene ese tipo de orden que parece no haber sido tocado por un niño. Aun así, hay juguetes cuidadosamente acomodados en una esquina del salón. Camino hacia la cocina, donde encuentro a Margot y a Bastián sentados a la mesa. Igual que en la sala mi mirada se pasea por toda la cocina, hay dibujos pegados en la nevera que dicen mucho más que las paredes pulcras. —¿Puedo sentarme contigo? —le pregunto al pequeño con una sonrisa. Él asiente sin decir palabra, y me acomodo a su lado. Margot nos sirve un poco de jugo y panecillos. —Tu papá dijo que te quedarás todo el día conmigo —comento, buscando su mirada—. ¿Está bien eso? —Sí… —responde bajito—. Aunque prefiero estar con papá. —Lo entiendo —le digo con sinceridad—. Yo también extrañaría a mi mamá si tuviera que quedarme con alguien más. —Mi mamá se fue al cielo cuando yo era bebé —dice de pronto, bajando la vista. Me atraganto con el jugo. No esperaba eso tan rápido. No esperaba esa verdad tan clara y cruda en su voz tan pequeña. Mi corazón se aprieta en el pecho. —Lo siento mucho, Bastián… —susurro. Él asiente como si ya estuviera acostumbrado a esa reacción. Me parece que es un niño un poco tímido, no como el señor Leroy dice que no le gustan los extraños. —¿Tu mamá es muy bonita? —pregunta y levanta su mirada con curiosidad hacia mí. —Si lo es —respondo y asiente. —La mía también lo era —comenta. Margot nos observa, me sonríe y mira a Bastián con tristeza. Es seguro que ella lo conoce mejor que yo. Bastián es un niño hermoso y se parece mucho a su padre y es seguro que también a su madre. Toma un poco de jugo, su cabello cae por su frente, me gusta como se ve. Es tan tierno. Siempre me encariño muy ligero con los niños, pero es que son tan lindos, bueno… cuando se portan mal no muchos. —¿Sabes qué? Estoy segura de que tu mamá estaría muy feliz de verte tan valiente y tan dulce —le digo de repente. Él me observa como si intentara descifrar si le digo la verdad. Sus hermosos cachetes se tiñe de un color rosa. Es tan tierno. Termina de desayunar y me quedo a su lado de un momento a otro ya no hablo más. —Debe tenerle paciencia —susurro Margot. Y lo se, se que debo ser paciente y adentrarme a su rutina poco a poco. —¿Quieres enseñarme tus juguetes? —le pregunte despues de un rato. Él asintió y salió de la cocina en silencio, me llevó hasta su habitación. Y ahí con cariño y emoción me lo fui ganado poco a poco. Por ahora. … Pasamos la mañana armando un castillo con bloques de colores y una pista de carreras que ocupó casi todo el pasillo. Bastián tiene una imaginación desbordante. Me contó que una vez soñó que era astronauta y que su papá le prometió que algún día irían a ver las estrellas juntos. Jugamos, reímos, vimos una película animada y hasta me dejó leerle un cuento. En un momento me observo con sus ojitos brillantes y de repente se acurrucó a mi lado con la cabeza sobre mi pierna, sentí una ternura que no esperaba. Una especie de paz que me revolvió por dentro. No se si obtendré el puesto como niñera, pero si de algo estoy segura es que esto es temporal. Porque sé que no puedo quedarme. Ya he trabajado con muchos niños. Y, sin embargo, hay algo en este niño… en esta casa… que me hace desear una vida diferente. Una donde pueda ser solo Kyra. Donde Afrodita no tenga que existir para mantenernos a flote. Aunque Afrodita a su manera me hace ser quien soy, una chica que ama bailar, no como le gustaría, pero mi pasión es el baile. … Bastián se quedó dormido en el sofá. Yo recogí sus juguetes y luego me quedé mirándolo. Su respiración era pausada, su rostro tranquilo. Me pregunté si Xavier sería igual cuando duerme. Sacudí la cabeza. No tengo ni idea del porqué ese pensamiento llego a mi mente. Después de guardar los juguetes me acerque a Bastián y lo tome en brazos. Esta un poco pesado, lo lleve con cuidado hasta su habitación, lo acomode en su cama y abrí un poco la ventana para que no sienta mucho calor. Observé con detenimiento su habitación, una pared estaba llena de fotos, una de Xavier un poco más joven y cargando a Bastián de bebé, en sus ojos se puede ver el amor hacia su pequeño. En otra esta Bastián con un pastel de cumpleaños con el número dos, él está en brazos de su padre y a su lado una mujer cabello cenizo, es hermosa. Si no fuera por el parecido en sus ojos y sonrisa pensaría que es alguna novia, pero no creo que lo sea. En la pequeña mesa de noche puedo observar una foto, de una mujer sería, castaña, supongo que esa es su madre, pero él se parece más a su padre. Ordenó un poco algunos juguetes tirado y la ropa sucia que se quitó horas antes porque derramó un poco de comida sobre su camiseta. —Señorita Laurent ¿le apetece un café? —pregunta Margot desde la puerta de la habitación. —Muchas gracias Margot, por el momento estoy bien —ella asiente y observa a Bastián dormir tranquilamente —puede llamarme solo Kyra. —Esta bien Kyra, me parece que le agradaste mucho al pequeño —comenta. —¿En serio lo cree? —preguntó sorprendida. —Si, eres la única que en el primer día se ha interesado por lo que a él le gusta. Muchas vienen solo a modelar al señor Xavier —respondió. Observé mi ropa e imagino que lo digo por eso y ella parece leer mis pensamientos. —No me refiero a que no eres linda, porque lo eres —dice rápidamente —me refiero a que solo tienen ojos para el señor Xavier y tu has jugado con Bastián, el ha reído contigo y ha sido hermoso verlo así. —Espero poder obtener el empleo —murmuro. —Se que lo tendrás, me pareces una buena chica Kyra, lo digo enserió —dice y se aleja. … El reloj en la pared marca las seis de la tarde. La casa está en silencio otra vez. Margot se encuentra en la cocina y yo estoy sentada en el sofá, hojeando el cuaderno donde tengo unos apuntes de mis clase, porque si me quedo quieta demasiado tiempo, pienso demasiado. Entonces, escucho la puerta principal abrirse. Me tenso. Xavier entra. Su paso es firme, pero parece más relajado que por la mañana. Lleva el saco en la mano, la corbata floja, el cabello un poco revuelto como si hubiera estado todo el día en batalla. Sus ojos recorren la sala hasta encontrarme. —¿Dónde está Bastián? —pregunta en cuanto nos cruzamos la mirada. —Durmiendo. En su habitación. Hace como una hora —respondo de pie, cruzando las manos detrás de la espalda, intentando sonar profesional. —¿Y cómo estuvo? —pregunta, caminando hacia mí con las cejas ligeramente alzadas. No es frialdad… es interés genuino, pero contenido. —Bien… al principio fue tímido, pero poco a poco se soltó. Jugamos, leímos, vio una película… Me permitió estar cerca —digo, y de pronto su mirada se ablanda un poco. Xavier asiente, como si una parte de él no esperara esa respuesta. —Margot me comentó que se rió bastante contigo —añade, y hay algo en su voz… no es juicio. Es más como sorpresa mezclada con gratitud. —Es un niño increíble —respondo sin pensarlo. Él me observa con más detenimiento, y yo desvío la mirada por un instante. Me siento vulnerable bajo ese escrutinio, como si pudiera adivinar todo lo que escondo. —Gracias, Kyra —dice, y no sé por qué, pero que diga mi nombre así hace que mi corazón se acelere un poco. —No fue nada. En serio. Me hizo el día —le sonrío suavemente. —No suele encariñarse tan rápido con nadie —agrega, como si estuviera confesando algo importante. —A veces los niños solo necesitan tiempo. Y sentir que son escuchados. Xavier asiente de nuevo. Por un segundo, solo estamos ahí, parados frente a frente, en medio de ese salón frío que, por primera vez en mucho tiempo, parece tener algo de calidez. —Mañana te daré mi respuesta final —dice entonces. —Y hablaremos sobre tus horarios y tus días libres. Puedes retirarte. Asiento, mi pecho hincha de emoción ahora estoy mucho más segura de que lo lograré y con eso por fin puedo ver una luz para salir de todo, no espero lograr mi sueño, pero al menos espero vivir una vida mejor. Sobre todo una mejor vida para mamá y Camille. … Llego a casa justo para la cena, me acerco a saludar a mamá con una sonrisa. —¿Cómo te fue cariño? —pregunta. —Muy bien, el pequeño es un niño muy dulce, creo que no dará problemas, no es para nada inquieto, es educado y un poco tímido, no habla mucho. Aunque se le dio por contarme unas historias —respondí con una sonrisa. Bastián me contó unas historias, pequeñas partes, pero luego se quedaba en silencio por un largo tiempo y no quise presionarlo. Por eso digo que es un poco tímido. —Me alegra mucho ¿Te dijeron que el empleo es tuyo? —preguntó. Negué. —El señor Leroy me dará una respuesta mañana, aunque algo me dice que lo conseguiré. Mamá asiente con una sonrisa. Cenamos las tres juntas, a veces Camille suele ser un poco rebelde por su edad, pero sabe que no debe molestar a mamá. Ambas debemos cuidar de ella y yo debo cuidad de ellas dos. Este día no iré al club, por lo que puedo dormir temprano y tranquilamente. Solo envío un mensaje a Lili diciendo que todo va bien y le agradezco mucho por recomendarme en el empleo de niñera. … Al día siguiente me levante muy temprano y acompañe a Cami hasta el colegio. Luego fui por algunas cosas que faltan en casa. Llegue a casa y me puse a trabajar en mis fotografías, debía hacer una presentación el próximo mes y quiero adelantar un poco mi proyecto. Mientras escucho música, veo como la pantalla del móvil se ilumina con un número que no reconozco. Respondo porque puede ser algo importante. —Bueno… —Señorita Laurent —escucho la voz de señor Xavier. —S-si —respondo. —Soy Xavier, quiero informarle que el empleo es suyo. Espero verla en casa el lunes a primera hora —me pongo de pie, el corazón me late con emoción al escuchar sus palabras —ya sabe que deberá quedarse en casa, le diré sobre su pago o le pediré a mi asistente que le mande los detalles por correo. —Muchas gracias señor Leroy —digo sonriendo. —Este es mi número, guárdelo, de ahora en adelante usted y yo debemos estar en contacto, por mi hijo. Que tenga un buen día señorita Laurent. —Entendido, buen día señora Xavier —corta la llamada y doy saltitos de emoción. Lo logre, tengo el empleo. No lo puedo creer. Corro hasta la cocina donde encuentro a mi madre y la abrazo. Le digo que tengo el empleo y ella sonríe, pero esa sonrisa no llega a sus ojos, ella sabe que llevo cargas muy pesadas, cargas que no estoy dispuesta a ponerle a ella. … Sábado por la noche El día de ayer avance lo más que pude con mis tareas pendientes, la asistente de Xavier me envió los detalles a mi correo, estoy muy emocionada. Descansaré los domingos y algunos sábados, todo depende de la agenda del señor Leroy, esos días puedo ir a mi casa y pasar el tiempo con mi madre y mi hermana. —Afrodita, al escenario —escucho que me llamada desde fuera del vestidor. —Dios, el club esta lleno —murmura una de las bailarinas — lo bueno de esto, es que si tenemos suerte habrá muy buenas propinas — murmura. Salgo del vestidor y me acerco al escenario, club lleno, significa muchas más miradas en mi mientras bailo. Respiro hondo antes de subir al escenario. Vamos Afrodita una noche más. Subo al escenario tras ser anunciada. Las luces bajan, y el murmullo del público se disuelve. Un foco rojizo me envuelve justo en el centro. Respiro hondo. El mundo desaparece. La música comienza. Fuerte, sensual… como un susurro que recorre mi piel. Y entonces, me muevo. Siento cómo mi cuerpo se transforma en el único lenguaje que tengo permitido hablar. Me convierto en Afrodita. En la mujer que no teme. En la que todos desean… y nadie puede alcanzar. Pero por dentro… por dentro estoy temblando. Cada paso que doy arrastra mis miedos, mis secretos, mis heridas. Bailo como si fuera la única forma de sobrevivir, como si cada movimiento sostuviera los fragmentos rotos de mi alma. Y entonces lo siento. Una mirada distinta entre todas. No como las demás. Más profunda. Más intensa. Abro los ojos. Giro con suavidad. Busco esa mirada que me quema la piel. No lo veo al principio. Son demasiadas las miradas sobre mí. Pero, de repente, como si algo me atrajera con fuerza, mi vista se dirige sola. Y lo veo. Xavier. No puede ser… Está sentado en un reservado discreto, como si no quisiera ser visto. Pero yo lo veo. Lo siento. Su mirada me atraviesa como un cuchillo ardiente. Es como si me desnudara el alma sin tocarme. Como si viera más allá de mi cuerpo… y llegara hasta lo que más oculto. Mi corazón se detiene. Mis piernas titubean. Solo un segundo. Pero es suficiente para que la música parezca alejarse y mi respiración se descontrole. No puede ser… ¿Qué hace aquí? ¿Cómo que qué hace aquí, tonta? Es un hombre. Solo viene a disfrutar del espectáculo. Intento mantenerme firme. Volver a perderme en la danza. En Afrodita. Giro. Me dejo caer con gracia. Cierro los ojos fingiendo sensualidad. Pero lo que intento es respirar. Calmar este temblor que me agita el pecho. Cuando vuelvo a levantar la vista, él sigue allí. Inmóvil. Con esa mirada penetrante clavada en mí. Él no puede reconocerme. No ahora. No aquí. Si lo hace, perderé el empleo antes de siquiera empezarlo. ¿Quién dejaría a su hijo con una mujer que baila en un club como este?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD